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Publicado: 17/01/2005


 

MUERTE DE UN CÓMICO


No tenía nombre de artista. Tampoco se lo puso. Pero ha sido un excelente interprete y ''un cómico'' en la noble acepción en que se reconocen tales los mejores actores de nuestra escena. Hoy duerme en un teatro, el reciento en que tantas horas veló, boca arriba con los ojos cerrados y su bigote tardofranquista contumaz como un desafío, Agustín González, para hacer mañana el último mutis y dejarnos su ausencia. Su vacío de creador intuitivo, autodidacta, instintivo, tierno, iracundo, visceral, sabio y poliédrico.

No sabía hasta ayer que le quería tanto. No me había dado cuenta ni parado a pensarlo. Verlo en la escena o la pantalla era una garantía de gozo y las más de las veces de regocijo y carcajada, con aquella mirada aviesa de atravesao, con aquella cara de franquista malaleche, de atacante de Teruel, de resentido mediocre, de alférez provisional -''alférez provisional, cadaver efectivo''-, de pobre hombre zurrado, hambriento y sin trabajo, de estraperlista de ocasión, de humillado español de la posguerra: ''un señor de bigote, moreno, bajito, y con cara de mala leche porque dice que jode poco''.

Se han ido con él, porque pese a no ser viejo ya no eran de nuestro tiempo, aquel cura ''trabucaire'' y gorrón de ''La escopeta nacional'', y el sargento que pudo ser en ''La Vaquilla'' como fué en tantas otras de sus creaciones, que no sé si entenderían ahora nuestros chicos, aunque se salvarán siempre por su palpitante y dolorida humanidad pués hacía arte con sus silencios tristes, sus gritos coléricos, su ternura, sus venas y sus lágrimas.

Agustín González se hizo en la escuela artesana del TEU de Madrid, como Alfredo Marsillach salió del TEU de Barcelona, que no era escuela sino una suerte de divertimento del Sindicato Español Universitario que encauzó muchas vocaciones dormidas en tareas y disciplinas entonces no regladas. Agustín González, prófugo de Arquitectura e hijo del pueblo de Madrid, se quedó en la última bohemia, la que quedaba del viejo cómico de la legua que recorría los pardos caminos de la Península en desvencijados autobuses reconstruídos y en vagones de tercera clase, crujidores y gimientes. Así se le puso la cara de no dormir. Como anticipando esta burla de muerte, este bromazo estúpido y patoso que el destino le ha jugado, con una gripe benigna, una gripe sin importancia en un año de baja virulencia, cuando le habían dado el alta médica y se disponía a continuar en el ''Teatro Reina Victoria'' con Manuel Alexandre y José Luís López Vázquez haciendo ''Tres hombres y un destino'' que estaba siendo el éxito de la temporada. Una neumanía en la apresurada convalecencia desprevenida y un ataque al corazón han dado con él en tierra.

Nos deja cuando cosechaba un éxito tan deseado, porque últimamente se lamentaba de que no le daban papeles. Nos deja como él hubiera deseado, haciendo un hueco en su trabajo, trabajando, después de haber hecho cientos de personajes en la televisión, el cine y el teatro, y de haberse caracterizado de todos nosotros. Nos va a costar estar sin él.

Darío Vidal

17/01/05

 

       Muertedeuncómico (17/01/2005 21:07)