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Publicado: 11/01/2005


 

TRES AÑOS DE IGNOMINIA


Hoy 11 de enero de 2005 se cumplen tres años de la ''cheka'' ignominiosa de Guantánamo; de la sonrojante entrada en servicio del espantoso centro de tortura y destrucción personal de la bellísima isla de Cuba, que no parecía haber diseñado la Naturaleza para que hiciera de ella una cárcel Fidel Castro, ni para que un dictador extranjero, imperialista y voraz, la mancillara construyendo un penal.

Siempre asociamos los lugares así a paisajes sórdidos de cielos lúgubres y oscuros, con altos acantilados sombrios; no a playas abiertas, con palmeras de cimbreante cintura meciéndose bajo el cielo azul, porque nuestra imaginación anémica no es capaz de concebir el terror sin el decorado del castillo siniestro en una noche de aguacero y vendaval, entre truenos desgarradores y relámpagos. El manido tópico del cine de terror. La realidad, sin embargo, es mucho más contradictoria.

Tal día como hoy llegaron doce hombres maniatados al Caribe desde el Asia Central: accedieron a la molicie del mar más cálido desde los fríos escarpes abruptos de Afganistán. Encadenados con grilletes, alejados para que no experimentasen ni el consuelo animal de la cercanía, las manos enguantadas como no las llevaban en los hielos, privados del oido, la vista y el tacto bajo el sol inclemente del trópico, arrodillados y encorvados para no poder aliviarse ni respirando, del dolor de todo el cuerpo y las rodillas, hasta perder la idea del tiempo, el espacio y la identidad. Pero además se les dió tormento y experimentó con ellos como sucedería luego en la sucursal iraquí de Abú-Ghraib.

Tres años ya. Ahora son 550 penados sin procesamiento, sin acusación y sin juicio. Solo cuatro de ellos tienen cargos y esperan ser juzgados. Muy pocos han salido: un estadounidense, un español y dos ingleses. Los que ya no están, los hallaron los tiburones blancos en la playa.

Demasiados muertos, demasiada maldad, demasiado dolor. Treinta y cuatro han pretendido suicidarse, ausentarse para siempre. Perdida la esperanza, lo único que esperaban es dejar de padecer. Pero no lo lograron porque sus guardianes son dueños de su vida pero también de su muerte. Tampoco hablan con nadie. Lo tienen prohibido y muchos se han vuelto locos, privados de estímulos sensoriales -vista, oído, olfato y tacto- cuando no son dolorosas. El gusto hay que suponer que no lo cultivarán, con lo que comen.

No saben por qué están, por qué los secuestraron, de qué se les acusa, ni qué van a hacer con ellos. Pero ahora tampoco lo saben los norteamericanos que vulneraron la Convención de Ginebra, se burlaron del Derecho Internacional, les niegan la existencia jurídica, han decidido que son apátridas, que no son presos de guerra, y que no tienen derechos. Son inservibles. E invisibles. Nada han podido sacarles y ya nada les oirán porque nada saben. Pero no han previsto qué hacer con ellos, que son quinientos como pudieran ser seís mil. No es fácil deshacerse de ellos. Ni matarlos y hacerles desaparecer en el mar como en los primeros tiempos. Tampoco liberarlos pues no son presos ni existen pero hablan. Esperar unos años -pocos- a que se extingan. O aguardar a que esten todos locos para que nadie de crédito a sus testimonios. Mejor así, y no ha pasado nada.

Un año más, muchachos. Enhorabuena.¡Feliz cumpleaños en nombre de la hipócrita, depravada, emputecida y vil Democracia Planetaria!

Darío Vidal

11/01/05

 

       Tresañosdeignominia (11/01/2005 17:16)