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Publicado: 09/01/2005


 

ESCURRIBANDA


Del mismo modo que el ridículo se contagia hasta hacer sentir vergüenza ajena, el medroso Zapatero nos contagia de bochorno. Su aparente flema ante lo que se avecina no es consecuencia de la claridad de ideas, la firmeza y el coraje. No se mueve porque no sabe qué hacer, no tiene idea y sufre una escurribanda que le obliga a andar apretando las nalgas. Suponía que ser presidente era ir de bonito todo el día, pero las más de las veces ser presidente consiste en arremangarse, tirar de pala y decidir en soledad. Y a Zapatero no le gusta ni decidir ni trabajar. De modo especial cuando hay que comprometerse sin ambigüedades y mancharse el mono de grasa y sudor.

Si lo quieren más claro, no solo no ha dado una respuesta a las amenazas de Ibarretxe y Puigcercós de ERC, sino que no ha convocado el preceptivo Consejo de Ministros esta semana para no verse obligado a ninguna de las dos cosas. A eso se llama ''verlas venir y dejarlas pasar'' como recordaba el otro día que decía Gil-Robles, aunque dudo mucho que las vea venir.

Esa preocupante atonía, esa arreflexia, no es normal en un ser que se supone vivo y que apetece gobernar. Debería avergonzarse de que hayan tenido que tomar postura desde ciertos políticos de su propio partido hasta la Iglesia pasando por las humilladas Víctimas del Terrorismo, por no tomarla él que parece haber desertado de su primera responsabilidad como presidente de la Nación cuya Constitución ha prometido ''cumplir y hacer cumplir''.

No habría de forzar su ánimo apocado y pusilánime revestido de ''talante tolerante'' para poner en orden las cosas. Ni sacar los tanques, ni llamar a rebato, ni redactar manifiestos heróicos, ni hacer proclamas patrióticas al modo del alcalde de Móstoles. Está todo muy claro. A la Constitución se la defiende aplicándola, y los ''constituyentes'', que sabían algo de Historia, lo previeron todo. De modo que le bastaría con musitar ''Hágase'' sin gestos teatrales, sin dar una voz estentórea, ni descomponer la figura. ''Hágase''. Y los jueces sabrían qué hacer, desde una elemental restricción precautoria a la suspensión temporal de la autonomía vasca como prevé el artículo 155. Aparte de actuar inmediatamente contra Atutxa por desacato al Supremo, y contra el presidente autonómico por un fraude de Ley manifiesto, apoyándose para vulnerarla en la legitimidad que le otorga la Constitución, de tal modo que al burlarla pierde toda legitimidad.

Si así actuase, su silencio sería una muestra de fortaleza que inspiraría confianza. Pero se comporta como lo hace por falta de convicción, de coraje y de previsión de lo que se le viene encima. Carece de imaginación para representarse la reacción imprevisible de una Nación mutilada. Y no parece inclinado a barajar estrategias, que tampoco son necesarias porque está todo pensado.

Que aplique la Constitución y la Ley y se libere del yugo nacionalista. Y entretanto que pacte con el PP algunas cuestiones de Estado como la integridad territorial, naturalmente desde la fuerza que le dan sus electores, como aconsejó hace mucho tiempo Redondo Terreros y hace unos días Rosa Díez.

Tiene miedo, canguelo, despeño y desbarate de tripas cuando se representa apeado de la presidencia, pero la única forma de preservarla es luchar por la legalidad. Si no lo hace venderá el país, pero la primera víctima del descalabro será él mismo.

Darío Vidal

09/01/05

 

       Escurribanda (09/01/2005 00:15)