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Publicado: 08/01/2005


 

LA SEDUCCIÓN


Sonsoles Fuentes y Laura Carrión acaban de publicar un libro en el que cuentan secretos de mujer. Se titula ''Dímelo al oído''. Pero a los varones que se entretengan en hojearlo no les servirá de instrucción curiosa y divertida, porque se les revela el misterio cuando no lo necesitan ya.

Los abuelitos nos decían: ''¡Ay, hijos míos si volviera a nacer con lo que ahora sé!'' Pero no vuelven a nacer. Y si por acaso sus ánimas transmigran y se reencarnan en otro, regresan trayendo el espíritu limpio ''quam tábula rasa'' con el candor de su nueva niñez, y no recuerdan ya que hayan vivido. Vuelven a crecer y aprenden nuevamente, y cuando lo saben casi todo, se vuelven a morir. Es un desastre. Aparte de que tampoco sabían transmitir con eficacia los conocimientos adquiridos. Yo no sé cuantas bofetadas habré de agradecerles por aplicarme sin matices aquel consejo de que hay que leer a las mujeres al revés de lo que dicen. ''Cuando te digan no, es que sí''. ¡Plaff! ''Jope, qué tía más rara; esta no debe ser como las otras''. Y el caso es que siempre tropezábamos con las excepciones y no había quien se comiese un rosco. ''Tú no hagas caso, tú insiste que a las mujeres les encanta que insistamos''. Y un día aparecía con un tipo como un armario y nos ponía de güevo. ''Joder con el abuelo ¡para fiarse! O no tiene ni repajolera idea, o voy a dar siempre con las excepciones''.

Los matices. No nos enseñaron los matices. Señor, qué contornillo.

Pero volvamos a lo nuestro. Estas dos nuevas provocadoras llamadas Laura y Sonsoles, cuentan los íntimos mecanismos de una maquinaria que ha sido superada por la tecnología digital. Quiero decir que, hace unos años, sus confidencias hubiesen constituído saberes valiosos, un verdadero tesoro para amadores. Pero ahora no son precisos. Llegan tarde. Son mercancía averiada. Si querían servirnos y servirse de nosotros, han perdido el tren. Aparte de que lo que ahora nos venden como novedad, nos lo chivó primero Sharon Hite y luego una larga serie de madrugadoras que repitieron su Informe, referido a las andaluzas, las barcelonesas y las mujeres en edad fértil del Distrito de Lavapiés. Y otras, como Elisabetta Leslie Leonelli en ''Al di lá delle labbra'', ilustraban sobre cómo podían procurarse satisfacción a sí mismas, lo que constituyó una verdadera arma secreta para nosotros.

No deseo desairar a estas amables confidentes que vienen a decir lo que ya sabemos como si fuese el séptimo arcano o el misterio del Grial, pero Sonsoles y Laura nos revelan a estas alturas que a las mujeres se les llega mejor por el oído que por la vista; que prefieren a los chicos que son conversadores, ingeniosos y entretenidos; que distinguen a los que les hacen reír -recuerdo de un viejo documental sobre los esquimales, que a lo que ustedes saben le llaman ''reir juntos''-; que les interesan más los inteligentes -¡faltaría más!-, y que les atráe además ''que tengan un punto canalla''. La verdad es que eso tardamos mucho más a aprenderlo. Eso solo lo descubrimos en el doctorado, cuando vimos que los sinvergüenzas tenían más éxito que nosotros y que ellas solían casarse con los buenos chicos, trabajadores y formales -porque a las autoras se les ha olvidado señalar la importancia que dan a la seguridad y la cuenta corriente-, pero que estaban siempre dispuestas a serles infieles con los calaveras divertidos.

Pero ahora llegan tarde. No necesitamos adentrarnos en los secretos de la seducción. Ahora son ellas las que se nos llevan a la cama.

Darío Vidal

08/01/05

 

       Laseducción (08/01/2005 00:23)