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Publicado: 03/01/2005


 

EL BUEN CORAZÓN


Si algo tiene bueno la Navidad es ese acercamiento al prójimo o próximo, que es todo el mundo cuando dos seres humanos se miran a los ojos. Nacidos del barro para el barro, sujetos al dolor y la muerte, cada persona se reconoce en la otra. Dicen que solo los psicópatas carecen de imaginación para sentirse en la piel del otro. Por eso un psicópata es un mutilado, un ser incompleto capaz de hacer el mal sin sentimiento de culpa, remordimiento ni pesadumbre alguna. Pienso que eso es inteligible siempre que se trate de un ser recién nacido y carente de toda experiencia, pero después de haber experimentado la primera caída, la primera patada o el primer dolor de muelas con que nace, es muy difícil sostener la inocencia del psicópata.

Pero las más de las personas no son más que un poco olvidadizas y otro poco egoístas. Y esas se niegan a mirar de frente al mal porque resulta incómodo y les parece injusto; porque disipa la alegría despreocupada con que queremos aturdirnos y nos hace pensar; porque nos compromete con nuestro igual y reclama silenciosamente nuestra ayuda.

Razonamos para disculparnos que antes no tenían nuestros problemas, ni nuestro agobiante trabajo, ni nuestras preocupaciones, ni estaban superocupados como nosotros. Por eso antes se inclinaban ante el caido y ahora no acudimos a socorrerlo ni aunque nos demande auxilio. ''Ese es su problema, amigo''-, dicen en las pelis americanas. Y nosotros lo hemos traducido de modo más castizo con una graciosa expresión insolidaria: ''¡No me cuentes tu vida, tío, no me vengas con malos rollos!'' O sea, arréglate como puedas.

En Navidad, sin embargo, parece haber una tregua. Existe un consenso de bondad por un rato, por unas horas, nada alarmante. Y todos mostramos con impudicia nuestro buen corazón pasajero, navideño y de ocasión.

Por fortuna, a veces despunta nuestro corazón conmovido, sin doblez y sin afeites, y parece no ser tan ruín como pensábamos. Es pena que para ello haya de producirse un cataclismo o un ''tsunami'', y hayan de perder la vida tantos semejantes como en Ceilán -sigo negándome a llamarle Sri-Lanka-, Birmania, Camboya, Tailandia, La India, las Seychelles, y África.

En estos casos surge la respuesta espontánea del ser humano que aún llevamos dentro. Por eso no hay que perder la esperanza. Hasta el señor Bush, tan ocupado siempre en fabricar guerras, ha tenido que atender las demandas de los norteamericanos buenos, que son muchos, y responder a las chanzas de todo el mundo por su rancia aportación económica, y se ha aprestado a bombardear los terrenos sinientrados -es lo que mejor sabe hacer- aunque esta vez con auxilios sanitarios, que los damnificados sólo se han atrevido a recoger después de la primera huída instintiva, al comprobar que no estallaban. Porque cuando vieron aviones norteamericanos tirándo cosas, pensaban que habían hecho algo malo sin querer y el señor Bush venía a rematarlos.

Solo el corazón acorazado de los bancos no se ablanda ante los males del Planeta si les supone un beneficio. Hoy denunciaba RNE que el SCH, el BBV, Bankinter, La Caixa y alguna otra entidad sin ánimo de lucro, cobra comisiones a las personas cuyo buen corazón impulsa a ingresar algún dinero para socorrer a las víctimas del Sudeste Asiático.

Un día les llegará su San Martín.

Darío Vidal

03/01/05


















 

       El buen corazon (03/01/2005 18:24)