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Publicado: 14/12/2004


 

EL JUEGO DE LA MENTIRA


Los culpables de los atentados del 11 de marzo son exclusivamente los radicales islamistas. Y el gobierno de Aznar sometió a la ciudadanía a ''un proceso de engaño masivo''. Estas fueron las conclusiones a que llegó el presidente Rodríguez Zapatero al final de su interminable y voluntarista comparecencia parlamentaria ante la Comisión de Investigación del 11-M.

Sucesivamente, aquel flujo constante de información que fué dando el anterior Gobierno el 11 de marzo, a medida que se conocían nuevos datos de los atentados terroristas, fué calificado por el Gobierno actual entonces en la oposición, de imprudente y excesivo. Después se dijo que todos aquellos datos se habían falseado. Meses después, el señor Pérez Rubalcaba aseguró sin ningún pudor que el país había estado desinformado durante horas para ocultarle cómo iban las pesquisas policiales. En la comparecencia perorata de ayer, Zapatero las tachó de embustes sucesivos que pretendían confundir a ''la ciudadanía''. ¿En qué quedamos? ¿Se dió cuenta de todo lo que se averiguaba, se ocultó la información, o los del PP pusieron a trabajar su fantasía para desorientarnos con una sarta de fábulas?

Se entiende que en ese juego obsceno de la política todo está permitido al parecer. Pero para intrigar, manipular, convencer y encauzar la opinión hacen falta inteligencia, mucha sutileza y alguna memoria. No se pueden utilizar los datos con esa zafiedad, esa torpeza y ese desaliño, ni cambiar de verdad como de camisa, ni olvidar que la gente no se olvida.

Allá se las vean el PSOE y el PP. La mayor parte de los mortales no tenemos dogmas ni carnet. Pero es irritante, es humillante e intolerable que se nos mienta -porque mentir es cambiar tres veces de verdad- para que un individuo, un grupo, una peña o una banda, se apropien del poder durante cuatro años para hacer y deshacer sin contar más con nosotros, incluso en asuntos que atañen a la propia identidad nacional. Porque el mandato que otorga el pueblo durante cuatro años, no faculta más que para gestionar política y administrativa a la Nación durante ese tiempo. No para otorgar independencias ni dinamitar el Estado, aunque sea con el noble propósito de perpetuarse en el Poder.

De modo que los mineros que vendían explosivos, los confidentes moros o cristianos que daban chivatazos a cambio de la total impunidad, los personajes que encubrieron a los mercaderes, y ciertos policías indignos que han defraudado nuestra confianza y traicionado su deber, algunos de ellos viejos conocidos de la trama de los Gal, no son culpables de nada. Solo los musulmanes.

Es probable que los populares tengan que aprender a digerir la derrota, como decían ayer al alimón Zapatero y Rubalcaba. No digo que no. Pero los socialistas han de aprender a digerir la verdad.

Y como la vida comienza cada día, no hay que perder la esperanza de gobernar una y muchas veces con el asentimiento de los que votaron en otras ocasiones a opciones diferentes. Eso es posible y es deseable. Pero no es de recibo apelar a los recursos más bajos como el de organizar piquetes para asaltar los locales de los partidos rivales, ni es admisible que durante la ''jornada de reflexión'', antes sagrada, se monten algaradas a la puerta de sus sedes para hostigar a los competidores e intimidar a sus votantes. Eso es romper la baraja. Una práctica mafiosa que termina pagándose.

Darío Vidal

14/12/04

 

       El juego de la mentira (14/12/2004 10:26)