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Publicado: 13/12/2004


 

LA TERTULIA DEL CONGRESO


Mientras las víctimas del 11 de marzo con Pilar Manjón a la cabeza aguantan el frío en la puerta del Congreso oyendo los transistores y algunos se acercan a insultarles blandiendo pancartas, la Comisión de Investigación del 11-M ha derivado en una tertulia. Nada está sujeto a la disciplina de una sesión parlamentaria ni al rigor de una comisión de investigación. Cada cual se está dedicando a criticar, injuriar y difamar al contrario, y hacer apología de su grupo.

Si algunos dijeron salir decepcionados de la intervención del señor Aznar porque se negó a acometer una autocrítica de la actuación de su gobierno desde el 11 al 14 de marzo pasados, otros dicen salir de la del señor Rodríguz Zapatero porque no se han formulado preguntas ni se han dado respuestas.

Tampoco puede extrañar. Prisionero de un prejuicio como que mirar para atrás es reaccionario, el señor Zapatero no puede avenirse a fijar su atención en unos hechos acaecidos nada menos que hace nueve meses. Eso quedó atrás y no merece la atención de un progresista. Ya dijo durante las horas previas que su participación iba a ser constructiva y de futuro.

Ayer proponía ''El Mundo'' en su edición dominical una bateria de cien preguntas al jefe del Gobierno. Empeño baldío. Sus socios de gobernación y sus malas compañías le empujaron a considerar sus respectivas situaciones. El PNV encareció que ya no era necesario el Pacto Antiterrorista -pese a su proclividad a los pactos-, y el portavoz de ERC que el terrorismo solo se combate con la negociación política y que la acción policial es otra forma de violencia.

Para un ser inclinado al pacto estas consideraciones pueden resultar creativas, mas para quien confunde pactar con ceder, las consecuencias de tales sugestiones pueden resultar catastróficas. Y, por ese cauce, el señor Zapatero está llevándonos al desastre. La Unión Europea había decidido que Madrid fuera el lugar en que se firmase la Constitución continental como reconocimiento y homenaje al comportamiento de su población durante la carnicería islamista del pasado mes de marzo. Pero Berlusconi quería que fuese en Roma y Zapatero se ofreció a negociar. La firma fué en Roma. Ese fué el primer éxito, al que han sucedido otros varios. Los triunfos ante la UE., Carod y Maragall han sido igual de brillantes y cada cual está autorizado a considerar a Cataluña principado, región, nacionalidad, nación, o imperio, a lo que le autoriza la aceptación de Los Paises Catalanes.

Ahora anda empeñado en otras dos ambiciosas y grandísimas empresas diplomáticas: pretende concluir un universal Pacto de Civilizaciones entre el Islam y el Cristianismo -del que es tan dovoto practicante-, que cuenta con el apoyo incluso de la prestigiosa República de Mongolia y otro par de potencias relevantes, y está iniciando los trabajos para un gran Pacto con Gibraltar con el explicable regocijo del Ministro Principal, señor Caruana. De modo que, nada, despídanse del Peñon con la mejor de las sonrisas y apréstense a cambiar el gaban y la parca por las babuchas y tarbush y la chilaba.

En su ''comparecencia constructiva y de futuro'' de hoy, el Congreso ha sido una jaula de grillos sin orden del día ni concierto de propósitos, en el que se ha hablado y perorado de todo menos de la terrible hecatombe que ha motivado la comparecencia del señor Zapatero, quien ha pasado el día como siempre, como gusta y le divierte, columpiándose en las ramas.

Darío Vidal

13/12/04

 

       La tertulia del Congreso (13/12/2004 20:54)