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Publicado: 08/12/2004


 

INCULTURA ACADÉMICA


Podíamos habernos ahorrado el sonrojo de que la Unión Europea señalase a nuestros escolares como los menos instruídos y los peor preparados del Continente. Ya lo sabíamos y hubiera bastado con enmendar el rumbo como pretendió Esperanza Aguirre. Pero los inspiradores de la desgraciada Ley de Educación prefirieron ''sostenella y no enmendalla'' permitiendo que se agravase el deterioro antes que reconocer su equivocación. A eso se llama patriotismo responsable y sentido del deber. Claro que no se puede ir con monsergas a un grupo que, para llegar al poder, ha pactado con quienes exhiben en su programa la pretensión de separarse de los otros españoles, y con los que lo pretenden sin decirlo, en lugar de defender el patrimonio que tendrían el deber de preservar.

No quisiera ser excesivo ni cargar la culpa de lo que pudiera parecer una traición a la mala voluntad de un partido. Mas bien se trata de una forma de inconsciencia, una suerte de frivolidad inspirada en la demagogia, que les llevó, en plena transición, a que los alumnos -por definición menesterosos necesitados de instrucción- fueran los que elaborasen los programas de estudios ''porque ellos eran los que mejor sabían lo que querían estudiar''. Una oprobiosa dejación de responsabilidades que llevó a suprimir los exámenes, concebidos como una tortura y una antidemocrática arbitrariedad del Poder, y no como una exigencia tal vez incómoda, pero imprescindible para calibrar los conocimientos del alumno y para estimularle al esfuerzo y el aprendizaje que un día lo hagan competitivo y eficaz.

Aquella cobardía irresponsable del ministro Maravall ha supuesto una carga onerosa de incalculables consecuencias. No hace muchos días comentaba con una cirujana cardiovascular de Barcelona el espectacular avance de su especialidad desde aquellas audaces primeras intervenciones a corazón abierto del doctor Christian Barnard, y no había oido hablar nunca de él.

Puede que para ser experto en física newtoniana no haga falta saber quién fué Newton, aunque sorprenda, pero como decía el doctor Marañón, el médico que sólo sabe Medicina no sabe ni siquiera Medicina. Me contaba un catedrático de Historia que un ayudante pretextó para no darle una clase sobre la Revolución Francesa que él era especialista en Movimientos Sociales del siglo XIX. Una reducción mezquina de la especialización que la convierte no en un ''saber más'' sino en un ''no saber más'', que es algo muy diferente. Claro que antes no iniciaba el bachillerato quien a los nueve años no sabía las cuatro reglas y escribía sin faltas de ortografía. Y ahora hay doctores, vergüenza da decirlo, que no saben dividir y escriben de modo que no se puede -o no se sabe- leer lo que han escrito.

Y he visto aunque ustedes no lo crean, y están en su derecho, palabras unidas como una sola voz, lo que hace sospechar que el culpable no sabe consultar un diccionario, ni ha hecho una traducción, ni ha sacado la cabeza del pesebre. Y de esa catástrofe es responsable un plan de estudios y un Ministerio de Educación.

Por eso no sorprende que cuando se dirige uno a adolescentes le adviertan en ocasiones de que no entienden porque ''hablas difícil''. ¿Pués qué entienden de las explicaciones académicas y de qué modo les hablan los profesores? ¿Cómo no van a tener baja ''comprensión lectora''? Lo raro es que entiendan algo. ¿Y saben cómo llama la UNESCO a ese fenómeno? Pues le llama ''Analfabetismo funcional''. Así es como salen nuestros chicos del colegio.

Darío Vidal

08/12/04

 

       Incultura académica (08/12/2004 11:11)