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Publicado: 28/11/2004


 

Desaseado / desconcertado VOTAR


Que los españoles voten o no en el Referendum es de capital importancia para el Gobierno, no solo por ser el convocante sino porque se ha propuesto dar ejemplo de diligencia y adhesión a la Constitución europea. Si la propuesta sale derrotada, mal, y si los ciudadanos se abstienen, peor.

Pero el Gobierno actual, que acaba de perder una importante votación en el Congreso sobre la composición de los tribunales, no está haciendo nada para que los ciudadanos sepan en qué consiste ese importante documento que regulará los derechos y deberes de la población del Continente.

Los socialistas perdieron una votación porque se tomaron la jornada sabática y no asistió al Congreso ''ni el Tato'' con permiso del señor Rajoy: tan no asistió ''ni el Tato'' que faltaron a la cita seis parlamentarios, el presidente del Gobierno y la vicepresidenta. La segunda la perderán porque los electores no quieren votar sin saber qué. Antes, porque no depositaron el voto; ahora, porque no se han tomado la molestia de enseñar el texto que someterán a consulta. Da la impresión de que no inquieta el resultado, está poseída de una invencible apatía y carece además de iniciativa. Todo lo que ha hecho hasta ahora ha sido deshacer, desactivar o deslegitimar lo que hicieron los gobiernos anteriores y sugerir o ejecutar lo que ellos rechazaron. Nada nuevo, ni una idea.

Cuando la gente se quede en sus casas el día del Referendum, se llevarán las manos a la cabeza barruntando conspiraciones, e intentarán analizar las intrincadas causas del fracaso. No lo son. No existen. La razón habrá de buscarse en la desinformación. No es posible ganar una elección si no se acude a votar, o no se explican las propuestas. Y cómo solicitar a los españoles que respalden una propuesta elaborada por un amigo como Gircard d'Esteing, miembro de la Orden del Gran Cabrón, tan comprensivo y humanitario con los etarras escondidos en Francia y tan tolerente con los criminales que quemaban camiones españoles cuando fué presidente de la República. Una afinidad que no remitió cuando en plena tarea de redacción tuvo palabras despectivas e insultantes contra los españoles ''incapaces de entender nada'', como por ejemplo su amistosa relación con el sanguinario emperador y ogro centroafricano Jean Bedel Bokassa, caníbal aficionado a comer carne de niño en platos de oro; a regalarle a cambio de su madiación kilos de diamantes, y a obsequiarle con exóticos banquetes en los que acaso se familiarizó con la carne humana.

Tal vez pocos países se sienten vinculados a Europa con el fervor que España, pero no sería sensato pedir que firme cuanto le pongan delante en nombre de Europa. Aunque el Gobierno parece no enterarse. No es preciso un alarde de fantasía para difundir el texto de un documento sobre el que tiene que pronunciarse la población. Nada de promoción, mítines, ni ''boca/oreja''. El que quiera enterarse que despabile, pués para votar hay que ser mayorcito. Proponen una solución elegante, exclusiva, elitista y ''snob'': quien desee enterarse que consulte la página Web en Internet.

''Si tienen interés, lo harán'', piensan los estrategas. De acuerdo. Pero entonces que confíen las campañas electorales a Internet y no den la lata a los que no saben, a los que sí, a los tibios y a los transeúntes. Y de paso darán un respiro al erario, ahorraran esfuerzo, viajes kilométricos, besos bastardos, afonía y mocos de niño. Y no agredirán a nuestra inteligencia.

Darío Vidal

27/11/04

afonías

 

       Votar (28/11/2004 02:16)