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Publicado: 23/11/2004


 

11-M, ASUNTO CONCLUÍDO


Cuando se adentran en un asunto intrincado de debate, los ingleses, llevados de su proberbial espíritu práctico, suelen requerir a sus interlocutores que definan los conceptos en que van a basar su argumentación. Una cautela que ahorra malentendidos y pérdidas de tiempo.

Nación, nacionalidad, nacionalismo, Patria, patriotismo, patriotería, patriotada... (''Perdón, señor ¿sería tan amable de decirme que entiende por 'nación', 'nacionalidad', 'nacionalismo', 'patriotismo', etc...'') Con esta práctica higiénica sería mucho más difícil irse por los cerros de Úbeda, que es lo que pretendemos muchas veces, y entender por qué es correcto ser ''abertzale'', esto es patriota vasco, y vergonzoso ser patriota español. Si el patriotismo, al decir de algunos, es un sentimiento que empequeñece, neurotiza, aisla y empobrece, todo patriotismo es detestable. Si al decir de otros, por el contrario, es un sentimiento no excluyente, que desde la identidad reconocida y la singularidad asumida se proyecta como solidaridad desde una vocación cooperadora y fraterna para aportar al conjunto -España, Europa, la Humanidad- los valores propios, la lectura del concepto será muy diferente.

Si nos hiciésemos la pregunta de los litigantes anglosajones, asumiríamos que 'Nación' es un territorio y el conjunto de sus nacidos regido por un mismo gobierno, en tanto que 'Nacionalidad' es la condición de nacido en una nación. Dos conceptos instalados en niveles ontológicos que excluyen la equiparación. Y ello nos despejaría la actitud de los nacionalistas en demanda de nacionalidad cuando se aventuran, como funámbulos, por el cable con que los padres de la Constitución pretendieron atar lo que ellos querían desligar.

No actúan con la misma sutileza algunos de los comparecientes en la Comisión del 11-M, como los señores Laguna, Hernando, Búrdalo, y Rodríguez Bolinaga, quien a falta de mejor coartada asegura no haber puesto ante el juez la cinta magnetofónica que descubre la búsqueda de un experto capaz de fabricar bombas con teléfonos móviles porque ''ya no tenía interes policial ni político''.

Habría que preguntar, siguiendo el método británico, qué entiende este ciudadano por ''interés policial'', admitiendo que no deba valorar políticamente su hallazgo. Mas como es tan difícil defender lo indefendible y algún miembro del Cuerpo está infligiendo un daño irreparable a una institución tan respetada como la Guardia Civil -razón por la que habría que clarificar cuanto antes ciertas conductas- algún voluntarioso peón de brega ha saltado al ruedo igual que un espontáneo, para hacer un quite que le quita la razón, diciendo que hay que dejarse de monsergas y que los únicos culpables de los actos terroristas son los terroristas. Cuestión zanjada. Asunto concluído. Porque como al parecer el núcleo intelectual de los asesinos que cometieron la carnicería de Madrid se volarón por los aires en Leganés, ya Dios o Alláh les dará su merecido. Y pelillos a la mar. Pero eso es como si nos conformásemos con condenar la mano que empuña el arma asesina y absolviésemos al asesino.

''Perdone, señor -cabría inquirir aplicándose la lección aprendida- pero ¿qué entiende usted por terrorista?'' Y luego habría que preguntarse hasta qué nivel alcanzan las responsabilidades de una acción por comisión, complicidad, encubrimiento, omisión, incompetencia o simple negligencia, que no es cuestión baladí cuando está en juego la seguridad de las personas.

Darío Vidal

23/11/04

 

       11-M, Asuntoconcluido (23/11/2004 14:50)