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Publicado: 21/11/2004


 

OTRA VEZ LOS SALVAVIDAS


Siempre que ETA se ahoga, hay alguien que le arroja un salvavidas. Un salvavidas sorprendentemente etiquetado con el rojo logotipo del puño y la rosa. Sorprendente porque el PSOE con el PP es uno de los partidos que más alto tributo de sangre ha pagado por asentar la libertad y la democracia en el País Vasco. De modo que ese comportamiento de su directiva territorial ha supuesto una traición para los militantes que estan soportando en soledad el acoso, las amenazas y el miedo, mientras el aparato del partido coquetea con los asesinos.

Algún día sabremos tal vez por qué razón los socialistas de Euskadi han sido quienes más han dificultado una política antiterrorista eficaz, naturalmente a parte del PNV y de Izquierda Unida que no tenía otra baza que jugar si pretendía experimentar una cierta cercanía al poder, ese tacto, ese aroma, ese clima tan confortables y atractivos.

Es difícil comprender qué puede aportarle al PSOE la cercanía del PNV y ETA, y sus alicortas, combativas y pugnaces sucursales radicales Herri Batasuna, Euskal Herritarrok, Batasuna, Sozialista Abertzaleak con sus valerosas hordas juveniles de Jarrai, sus compasivas y familiares Gestoras Pro Amnistía, y todo el mundo de apoyos y contactos dispuestos en círculos concentricos para ocultar, alojar, informar, extorsionar, amenazar, servir de correo, organizar las cárceles, representar social, sindical, gremial, empresarial, popular y comercialmente, infiltrado en las poblaciones de algún relieve de la mitad norte peninsular para dar información, apoyo y cobertura a la organización, con sus miembros diseminados como vendedores de repuestos de automóviles, cantineros de bar y paradores de carretera, transportistas, mecánicos, almacenistas y otros honestos disfraces, dedicados en sus ratos libres a llamar anónimamente de día o por la noche a los familiares de los últimos asesinados, para infamar, ofender e insultar, añadiendo a la vesanía y el crímen la vileza más abyecta.

Pero siempre que el Gobierno de la Nacion ha adoptado una medida acertada, una oleada de protestas emanadas a veces de la propia Iglesia vasca, la mayor parte de las veces apoyadas por militantes de este partido y coreadas por ciertos periodistas orlados de candor e ingenuidad, secundaban las propuestas de los líderes terroristas, mientras el cabecilla ''Josu Ternera'', convicto de tantos crímenes y asesinatos, se ocupaba, para mayor escarnio, de velar por la recta aplicación los Derechos Humanos, como diputado del Parlamento Vasco.

Los salvavidas, estos seres angélicos, aseguraban que era mejor agrupar a los presos dispersos (para que pudieran reestrcturar la jerarquía, imponer condiciones, hacer huelgas de hambre, promover motines y acaparar la atención de los medios con golpes de efecto y acciones de fuerza contra los funcionarios y el Estado); que era conveniente llevar a los reclusos a centros penitenciarios del País Vasco (para garantizar cauces de comunicación y llegar a tener poder incluso entre las rejas), que era aconsejable no hacerles pagar los estragos y destrozos que habían ocasionado, ''para no añadir a la privacion de libertad la añadida pena pecuniania, porque hacía mas dura la condena'' (Arzálluz).

Pues bien, ahora que cuatro años de firmeza han probado la eficacia de la política del Gobierno y conseguido desbaratar la red, los salvavidas exhortan a cambiar la estrategia porque ''estamos en el camino equivocado''.

Darío Vidal

21/11/04

 

       Otra vez el salvavidas (21/11/2004 12:26)