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Publicado: 18/11/2004


 

LA AMPUTACIÓN


Por doloroso que sea, cuando la gangrena amenaza la vida hay que tener la decisión y el valor de amputar el miembro enfermo, muy por encima del dolor, la mutilación y el miedo.

Y eso es lo que ha hecho y tenía que hacer el Ministerio del Interior al destituír al teniente coronel jefe de la Comandancia de la Guardia Civil de Gijón, José Antonio Rodríguez Bolinaga.

Pero esa valiente incisión no es suficiente, porque, aunque el militar ha ocultado culpablemente unos datos decisivos para la investigación de la trama del 11-M, ostenta el cargo apenas hace unos meses y podría suceder que no hubiese puesto en manos del juez la cinta en que el confidente ''Lavandero'' advertía al agente Campillo de que los traficantes de explosivos Toro y Trashorras buscaban a alguien que supiese detonar bombas accionando teléfonos móviles -que fue el procedimiento mediante el que se produjeron los atentados de Madrid- por una idea errónea del corporativismo y con el propósito de no descubrir a su antecesor que fué el culpable de no investigar los hechos.

Todo el mundo sabe que en la Guardia Civil, igual que en el Ejército, no se mueve una hoja sin que lo sepa el superior, o mejor aún, sin que lo ordene el superior. De manera que por encima de Rodríguez Bolinaga deberían responder el teniente coronel Aldea, el teniente coronel Hernándo jefe de la UCO, y el general Laguna, ascendido poco antes de iniciarse la vorágine, que había sido el responsable de la cadena de mando en Asturias.

De momento, la actitud del director general de la Guardia Civil, Carlos Gómez Arruche, que considera innecesario abrir un expediente disciplinario al militar destituído es un síntoma inquietante que parece exculpar implícitamente a Rodriguez Bolinaga. Un gesto que podría dificultar la investigación una vez más, si el Gobierno no actúa con energía y decisión.

Nadie tema que hieda el aire y provoque náuseas. Nadie caiga en la tentación de encubrir los comportamientos delictivos de los individuos de una institución porque sea respetable. Es respetable porque ha barrido siempre la inmundicia, en ocasiones incluso de manera ejemplar y cruenta.

Precisamente por su tradicional ejemplaridad, los miembros indignos que la parasitan y sacavan son mucho más culpables. La Guardia Civil, el Gobierno y la sociedad saldrán reforzadas saneando públicamente ese absceso y poniéndolo al sol. No deben quedar sombras, ni rincones que permitan alimentar sospechas.

Y es obligación del Estado investigar toda la trama, dejar al descubierto el comportamiento de todos los implicados, averiguar sus movimientos y contactos, conocer sus móviles y descubrir quién es el cerebro de la trama.

Habrá momentos difíciles. Las personas no son impecablemente justas ni tan absolutamente detestables como para no ser amables. Algunos de quienes hayan de investigarles tal vez serán amigos. Pero por encima de los sentimientos y de amistad está el servicio a la comunidad. Sobre todo para aquellos que han asumido el compromiso de velar por el bien y la Justicia.

Darío Vidal

18/11/04

 

       La amputación (18/11/2004 16:26)