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Publicado: 17/11/2004


 

EL HUMOR Y LA RISA


Mas de cuatrocientos músculos nos desperezan y tonifican al reir. Cuando damos salida a ese chorro de alegría, bienestar, felicidad, ironía, humor, burla y complicidad que es una carcajada inspiramos más aire, bombeamos más sangre y regeneramos el cuerpo y el espíritu. Opinan los entendidos que un cuarto de hora de risa al día prolongaría nuestra vida y la haría más satisfactoria. Henri Bergson ya intuyó que reir no era una broma y dedicó un libro a filosofar sobre la materia.

Es cierto que la gente adulta ríe ahora menos que antes, pero por fortuna los chicos y los adolescentes continúan encontrando la vida muy graciosa. Felices ellos. Lo que voy notando es que nuestros muchachos han perdido capacidad para reconocer el humor. Lo presentí por vez primera recientemente durante una representación de ''La Venganza de Don Mendo'', la hilarante tragedia bufa de don Pedro Muñoz Seca. Los chicos miraban desconcertados a los mayores que reían regocijados, sin entender. Por primera vez puse en duda la tésis de que el humor es una destilación de la inteligencia y di en pensar que es obra de la cultura, que es un guiño que intercambian dos seres socializados e inteligentes que poseen parecidas pautas de conducta, valores afines y creencias similares, ante una conducta torpe, una actitud ridícula o una situación absurda.

Salvo el humor superior, que sobrevuela las condiciones contingentes y se sustenta en un sentimiento o una debilidad común a todos los hombres, los otros son solo eficaces entre los hombres blancos, o los negros, o los europeos. Y no digamos nada de las diferencias entre un alemán o un inglés, y lo que suscita la sonrisa en un coruñés y en un sevillano. Muchas veces para entender determinado humor hay que ser del mismo oficio o hablar el mismo idioma e incluso, hilando más fino, una concreta forma dialectal. Como el del andalúz que le cuenta a otro que se ha puesto a aprender inglés. ''¡Quiyo, pero eso será mu difísi !'' ''Qué vá, hombre: ¿tú sabeh cómo se dise uno en ingléh?'' ''¡Qué vy a sabeh, picha!'' ''Puéh se dise Uán''. ''¿Huán? ¡Coño, igualito que mi primo!''

Cuéntenle este chiste a un inglés y ya me devolverán la contestación.

Pienso que si nuestros muchachos no entienden el humor no es por falta de inteligencia sino por falta de cultura, un patrimonio que cuesta siglos cultivar y puede malversarse en una décadas. Díganle a uno que ha hecho las cuentas del Gran Capitán; que se va a quedar a la luna de Valencia, o que más cornadas da el hambre, por ejemplo, y pondrá cara de desconcierto. Déjenle escuchar los ripios aquellos de ''Puñal de puño de aluño / puñal de bruñido acero / orgullo del puñalero / que te forjó y te dió bruño...'' y no acertará a comprender por qué ríen sus padres.

Hace unos días, íba con un viejo amigo y su hijo adolescente, cuando un motorista insensato dejó a un pobre viandante clavado en el suelo, blanco como el papel y con un susto justificable. Al comprobar que no había sucedido nada comenté riendo: ''Lo ha dejado como a un dontancredo''. Y mientras el adulto reía de buena gana, el muchacho nos miraba atónito sin entender nada.

Mala cosa es ésa de perder la referencia, las claves y el lenguaje que nos hace cómplices de una tradición cultural. No son capaces de interpretar la ironía, valorar el ingenio, traducir los sobreentendidos, ni descubir las sutilezas y las travesuras de un idioma del que apenas conocen trescientas palabras.

Darío Vidal

17/11/04


 

       El humor y la risa (17/11/2004 12:22)