Hemeroteca:


Agosto 2020
Dom Lun Mar Mie Jue Vie Sab
           
         

Publicado: 06/11/2004


 

EL SEPARATISMO COMO REFUGIO


Si algunos quieren escindirse de España, que es el emblema que les dió significado y la empresa en la que han tenido lecho, pueden planteárselo con todas sus consecuencias. Pero que no invoquen leyendas ni fantasmagorías. Que no reclamen tampoco derechos de autodeterminación que no les asisten ya que no son ni han sido nunca colonias sino participantes activos de un empeño común, acaso mal administrado por un centralismo miope, torpe y disgregador, que ha tratado a todos con idéntico desdén sin excluir a Castilla, callada porque le mintieron que mandaba, mientras se despoblaba y empobrecía.

España es un hermoso proyecto que ha quedado en remedo traicionado, mientras unos alimentaban el recelo y la pugna, y la nobleza primero y luego los políticos pusieran a su servicio un patrimonio hurtado. Es una idea por la que murieron levas de ciudadanos luchando sin armas, sin munición, sin alimentos y con botas que no tenían suela como en África, o con ropas que no abrigaban pero que las vendía un amigo del Ministro. Es un solar de malogrados hombres valerosos que, sabiéndolo, se lanzaban a la muerte navegando en navíos mal mandados como en Trafalgar, o desventrados y podridos como en Cuba.

Un país de gestas desmedidas, protagonizadas también por catalanes, vascos y gallegos, que inscribieron sus nombres en los libros de una Historia deslucida por la intrahistoria más mezquina y vergonzosa de nuestro entorno, mostrando el abismo entre la generosidad y la abnegación sin límites del pueblo, y la rapacidad, la deslealtad y el egoísmo de una indigna clase dominante. Lo más noble de España han sido los españoles: ''Dios, que buen vassallo si oviera buen Señor'', hicieron decir al Cid.

La tendencia de España a la desunión es mérto de un centralismo sordo, ciego, disgregador, egoísta y arbitrario, frecuentemente ejercido con torpeza por periféricos conversos al unitarismo que no han permitido la participación de los demás. A este respecto, resultan ilustrativas las palabras estremecedoras de Joan Maragall su ''Oda a Espanya'' de 1898, transida de patriotismo desengañado: ''Escucha, España, la voz de un hijo que te habla en lengua no castellana'', y que inquiría: ''¿Dónde estás España? No logro verte. ¿No sientes mi voz atronadora? ¿No comprendes esta lengua que te habla entre peligros? ¿Acaso has desaprendido a entender a tus hijos? ¡Adios, España!''

Nadie tachará de tibio este lamento ni el de quien, queriendo, no es requerido ni escuchado para contribuír en el empeño de construirla. Como nadie habrá hallado una declaración de patriotismo y amor a España más encendida que la de Salvador Espriú en ''La pell de brau'' (La piel de toro) cuando demanda: ''Desdenyós de lloances, de premis y de guany,/ treballa amb esforç perquè sigui Sepharad/ per sempre altiu senyor, mai tremolós esclau''. ¿Quién de cuantos se tienen por patriotas nos propone ''trabajar esforzadamente, desdeñando los elogios, los premios y el lucro, para que Sepharad (metáfora de la España inalcanzable) no sea un tembloroso esclavo sino un señor altivo''?

Se comprende que algunos se desentiendan, si solo los nacidos de una casta o una tierra son convocados a esa empresa que debe ser de todos. Algunos reniegan de los suyos al sentirse desdeñados: es la secesión por repudio; el odio por amor. Una triste alternativa de patriotas contrariados.

Darío Vidal

06/11/04

 

       El separatismo como refugio (06/11/2004 14:10)