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Publicado: 02/11/2004


 

LA CONSTITUCIÓN FANTASMA


No soy más que un hombre de pueblo, o un hombre del pueblo si nos ponemos demagógicos, pero creo con toda humildad que tengo derecho a saber que voy a ganar y a perder perteneciendo a ese país que acaban de crear con la promulgación de la Constitución Europea, que es tanto como aceptar y construir una nueva patria, de la que la nuestra nativa no va a ser más que una provincia.

Quien me haya leído sabrá de mi vocación europeísta, pero también de mi recelo hacia un nuevo viejo Estado decimonónico y de una Europa asentada en modelos superados de los que hemos extraído ya todo su fruto. Nos hace falta una realidad realmente eficaz para este tiempo y los venideros, aunque no vaya más allá de otros cien años. Y para eso los políticos habrían de haber tenido la humildad de convocar a los filósofos, a los juristas y a los intelectuales europeos para que les hubiesen ayudado a inventar la nueva fórmula.

Sin embargo, lo más desalentador son las viejas maneras, las fórmulas vetustas y autoritarias de los mandamases del Continente, que se hallan más cercanos al Despotismo Ilustrado que a la idea de Democracia. Y ya sabemos que el Despotismo paternalista y bienhechor, decidido a tutelar la suerte del pueblo, su felicidad y su desarrollo, pero sin escucharlo ni contar con él, puede ser -y de hecho lo es-, una coartada para que los amos hagan impunemente lo que les de la gana. Esto es, para instaurar una verdadera Tiranía. Véase sino lo que sucede en EE.UU so capa de Democracia, con los políticos atentos a sus negocios y los medios de comunicación prácticamente comprados por los lobbys, lo que convierte al Gobierno del Pueblo en una burla, un sarcasmo y una estafa.

¿Es ésto lo que nos propone la Unión Europea? Si así es, habremos de clamar al cielo como aquel devoto peregrino cuyo carrito de inválido se precipitó en Lourdes pendiente abajo: ''¡Virgencita: que me quede como estaba!''

No es solo un chiste, es una parábola. O si prefieren quitarle hierro, una metáfora. Porque si los dirigentes de la Unión Europea piensan reproducir en ella los caducos Estados napoleónicos, con sus sabidos defectos ampliados a escala, nos va a ir mal: para ese viaje no hacen falta alforjas. Y si lo que pretenden es recuperar el Despotismo del siglo XVIII, peor.

Vean como tenemos motivos para sentir aprensión: nuestros representantes firmaron el viernes la Constitución; dentro de unos meses convocarán un referendum para que corroboremos su decisión y nos adhiramos a lo que firmó el presidente de nuestro Gobierno en Roma, y por último, si tienen tiempo y se acuerdan, nos darán a conocer el texto de la Constitución para que sepamos qué firmaron nuestros políticos y qué es lo que nosotros hemos apoyado con tanto entusiasmo. No deja de ser una cortesía por su parte. Una cortesía que hay que agradecer.

Sin embargo a mi me parece que el proceso debiera haber sido inverso: primero tendríamos que haber conocido y debatido el texto los ciudadanos, aprobarlo luego en referendum y autorizar a nuestros representantes a que lo firmaran posteriormente. Pero la Democracia comienza a estar anticuada como prueba el comportamiento de la Primera Gran Democracia del Mundo.

Así es que comenzamos mal. Si la nueva Europa va a ser así, que me busquen en otra parte. Gracias y buena suerte.

Darío Vidal

02/11/04

 

       Una Constitución confidencial (02/11/2004 11:54)