Hemeroteca:


Octubre 2021
Dom Lun Mar Mie Jue Vie Sab
         
           

Publicado: 23/10/2004


 

DIGNIFICAR LA TELEVISIÓN


Hace años que critico la lenidad de los responsables de las televisiones y en especial de la cadena del Estado por no remediar el daño que estan infiriendo a nuestros niños. Hoy es de justicia alabar a su directora, Carmen Caffarel, por su decisión de revisar la programación en las horas de mayor audiencia infantil. No sé si la razón es su buen sentido en el que prefiero creer, o el acoso a que está sometida por la caída de la cuota de pantalla. Si es así, tal vez ese cambio de actitud haga que los padres la prefieran a las emisoras basura -que hasta ahora lo eran todas- y pongan a salvo a su máxima responsable.

Me decían no hace mucho dos jovencísimas monitoras de un jardín de infancia, que en los cuatro años que llevan trabajando ha aumentado de manera alarmante la brutalidad, la violencia ciega y la agresividad despiadada de esos candorosos angelotes de piel de seda, que llevamos lavados y repeinados todas las mañanas al colegio, como unos soles, para que aprendan a ser personas.

Me decían que han apreciado un cambio de comportamiento en tan poco tiempo, que debería ser motivo de estudio. El ''ego'' y la consiguiente necesidad de procurarse la atención de la profesora y un lugar en el grupo, llevaba a estos dictadorcillos que son los niños -tan parecidos a sus padres- a una pugna que se manifestaba en los enfados y las disputas ''propias de niños''. Pero la cuestión se sustanciaba en el empujón, el tirón de pelos y, en el peor de los casos, con un mordisco en la mano o en el brazo al que se sienten tentados tantos niños por la atávica llamada del primate que llevamos dentro.

No había premeditación y mucho menos ensañamiento. Ahora, sí. Estos ingenuos y graciosos monigotes pueden buscar un objeto o un palo que hagan más contundente su castigo, pueden asír por el cuello en actitud de estrangular, como en la tele, dar puntapiés y aún patear al compañero que han tirado al suelo e incluso pisarle la cabeza al niño que llora. No sienten lástima ni compasión. Me lo decían con horror, porque no saben como corregir tales comportamientos ya que no estan autorizadas a reñirles, castigarles, ni propinarles un simbólico azote en el culo.

Se dice que no saben lo que hacen, pero es falso. Tienen ya experiencia del daño, del dolor y las burlas, así que una manera de educarles ha consistido en reproducir en ellos sus acciones. Por eso las muchachas no vacilaban en atribuír el mérito de estos comportamientos a la enseñanza de la televisión y a cierta música violenta que habían notado que les excitaba hasta la exasperación. Lo malo es que hemos sembrado todo de esa violencia que va a ser difícil erradicar.

Nadie espere que el cambio de actitud de TVE vaya a ser la purga de Benito. Está muy arraigada la violencia para que surta efecto inmediato, pero algo irá cambiando. No sería ocioso seguir la evolución de los más chicos.

No aspiramos a una televisión teñida de moralina, ni a una programación hipócrita y pazguata. Nadie desea que la televisión sea una catequesis. Pero sí aspiramos a que nuestros niños y los adolescentes aprendan a ser ciudadanos.

Antes de que la literatura anglosajona impusiese la estética del crimen, nos movíamos entre un repertorio de argumentos capaces de demostrarnos ahora que no es precisa la apelación a la crueldad, la sangre y la maldad para distraerse y divertirse. Lo que pasa es que para eso hace falta talento, en tanto que con un par de muertos torturados y un malo, hace un guión cualquiera.

Dario Vidal

23/10/04

 

       Dignificar la televisión (23/10/2004 00:31)