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Publicado: 22/10/2004


 

LOS MOROS DEL ESCUDO


¡Válgame el Santísimo Sacramento del Altar! Ahora resulta que habremos de apostatar en masa porque los musulmanes están ofendidos con nosotros. Les han llenado la cabeza sus ''imanes'' -o ''imames''- diciendo que somos unos renegados del Islám y que abandonamos cobardemente la ''umma'' traicionando a nuestros hermanos -que al parecer son ellos-, a medida que Los Cruzados avanzaban hacia el sur. Así es que somos ''andalusíes'' que dimos la espalda a Alláh. Un comportamiento castigado con la pena capital en el Corán, Recitación o ''Al Qu'ran''. No puede extrañarnos que lo pobres quieran degollarnos. A quién se le ocurre dejar plantado a Dios, con lo que Él nos necesita.

Bien, pués aceptemos nuestra tibieza -y la suya- por dejarnos reconquistar pero que no nos culpen de que en el tercer cuartel del emblema heráldico de Aragón aperezcan las enturbantadas cabezas de cuatro reyes moros porque eso es cosa del que mandaba, tal vez el reconquistador de Zaragoza Don Alfonso I El Batallador que era un hombrón que pasaba de dos metros y se hizo rey porque aún no se había inventado el baloncesto. Pero con él no se atrevieron y se meten con nosotros que somos canijos por dedicarnos a mariconadas como ir a la oficina, en lugar de ejercitarnos en degollar y decapitar a los que nos caen mal como siguen haciendo ellos. Es vergonzoso para un verdadero hombre, pero somos tan blandos que apenas apaleamos a nuestras mujeres, quienes dicen además que no son nuestras sino suyas, de ellas mismas, y además se van del pico y cantan ante los jueces. Y así ya no se puede ni ser hombre, ni ser nada.

Por eso se atreven estos intrusos, a quienes nadie ha invitado a entrar, a exigirnos que cambiemos lo que dispuso el Rey Batallador. Porque les ofende figurar en un escudo de armas, que siempre fue un honor.

Se cuelan por las rendijas de las puertas; se agrupan para conspirar contra nosotros y pretenden hacer una humeante escalera con nuestros cadáveres para alcanzar el cielo; exigen que remuneremos a quienes les instruyen en tan piadosa artesanía, que subvencionemos los locales en que planean asesinarnos, y que quitemos los símbolos de nuestra religión y nuestra cultura de los lugares donde han estado siempre, porque son nuestros, como hicieron los talibanes volando la imaginería budista mil veces más culta y más antigua. ¿En qué son vencedores?

Nada en el viejo escudo del Reino de Aragón es injurioso u ofensivo para nadie. Pero el presidente aragonés se plantéa modificarlo como si fuese de su propiedad y no un patrimonio de generaciones de aragoneses vivos y muertos, como si quisiera ponerse a salvo de quienes lo exigen todo siendo clandestinos, residiendo ilegalmente, careciendo de poder y de apoyo social, y no aportando a la comunidad en que se adhieren más que odio, inseguridad e intransigencia.

Imagínenlos si dejamos que se instalen, medren y manden.

La Historia -''magistra vitae''- puede enderezarse pero nunca reescribirse como pretenden: las victorias, las derrotas, los éxitos, los fracasos, las traiciones, las hazañas, las bajezas, la generosidad, la cobardía y el heroísmo son tan tozudos como la Verdad. Los hechos, escritos o ignorados, permanecen inmutables e indelebles con el paso de los siglos. Solo un acto noble purifica de una acción innoble en la Historia que continua. Pero la actitud de alguna de esta gente no permite augurar que pueda cambiar nada.

Darío Vidal

22/10/04

 

       Los moros del escudo (22/10/2004 16:04)