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Publicado: 20/10/2004


 

NEUROSIS NACIONALISTA



La neurosis es una enfermedad mental consistente en la reducción del campo de interés, que focaliza la atención del individuo en un solo punto. La fase de enamoramiento -no el amor- es un episodio neurótico. Ortega y Gasset decía que era ''un estado de enajenación mental transitoria''. Y no es una ''boutade'', no es una ocurrencia graciosa.

Cualquier estado morboso es inconveniente. Pero además, la neurosis es empobrecedora porque deja pasar el mundo a sus orillas sin percatarse de él, ni de que el tiempo pasa, fluye, ventila y modifica el paisaje. Aunque lo peor es que ese aislamiento puede conducir al crimen como hemos comprobado, cuando no al ridículo que es su lado hilarante.

Conozco a un ''culé'' no catalán a muchos kilómetros de Cataluña que ha creado una Peña Barcelonista y tiene las piezas de su vivienda llenas de símbolos y recuerdos de su club preferido -el único-, con fotografías, reproducciones de sus trofeos, emblemas, metopas y, lo que es peor el techo del dormitorio pintado a franjas azules y rojas como la bandera del club con un gran escudo en el centro. Imagino que un despertar en ese clima opresivo todos los días del año debe resultar lesivo para el equilibrio emocional. Naturalmente su mujer ha pedido el divorcio. Les aseguro que se trata de una historia real. No revelo la identidad del paciente por deferencia a él, por decoro profesional y por respeto a mí mismo. No por temor a una acción judicial, ya que lo que digo no constituye una calumnia ni puede calificarse de difamación: se limita a la formulación de un diagnóstico. Y respecto de él, estoy seguro de que se sentiría orgulloso de este reconocimiento, porque ya no sabe hablar de otra cosa y ha perdido toda curiosidad por el resto de lo que sucede en el mundo.

El nacionalismo es otra manifestación de esta actitud. La antigua U.R.S.S. inutilizó a varias generaciones de soviéticos por el rediseño de la Historia y la Cultura que decretaron sus jerarcas. Gracias a ello, la penicilina no la descubrió Fleming, ni la gravitación Newton, ni la circulación sanguínea Servet, sino tres ilustres compatriotas con nombres y biografías pertinentemente inventados. El resto del mundo no era más que un espectador asombrado y genuflexo del genio soviético. Naturalmente fabricó una sociedad paranóica, inútil y malinformada, inservible por ello para relacionarse con el exterior. Algo mucho peor que una comunidad ignorante. (A este respecto no es ocioso recordar que, en plena luna de miel con Johan Kruiff, el Barcelona hizo que descendiera de algún pañero catalan llamado Joan Creus, que debió instalarse en Holanda)

Pues bien, los nacionalistas vascos -esos vascos obtusos que son lo último que queda de los verdaderos y nativos españoles- pretenden tornar a la sociedad decimonónica del caserío, incapaz de entenderse con el prójimo, impidiendo que los niños de las ''ikastolas'' utilicen entre sí, ni siquiera en el recréo, el castellano que parecen preferir. No cuentan con que la imposición es el peor modo de imponer una idea. Basta con volver la mirada hacia el franquismo. Y frente a los chicos que logren radicalizar con la neurosis soviética, los que tengan un criterio independiente renegarán un día del corsé y decidirán hablar como les dé la gana.

Imponer contra algo o alguien un vehículo de acercamiento tan noble como la lengua, no conduce más que al fracaso.

Darío Vidal

20/10/04

 

       Neurosis nacionalista (20/10/2004 16:52)