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Publicado: 18/10/2004


 

HISTORIA DE ESPAÑA


Me dirán ustedes que para que le cuenten a uno fábulas disfrazadas de Historia, mejor es no saber nada, pués por lo menos una mente incontaminada de embustes se halla en disposición de acercarse con humildad a la Verdad, si un día tiene la fortuna de topar con ella. Y puede que tengan razón. Pero algún autor habrá que cuente los hechos sin atenerse a dogmatismos escolares ni plegarse a lo conveniente en cada momento. ¿Dónde está la rebeldía intelectual de nuestros historiadores y dónde la independencia de pensamiento?

Pienso con infinita admiración en la obra rigurosa y exhaustivamente documentada del medievalista don Angel Ubieto, que la muerte nos arrebató tan pronto, y echo en falta investigadores que progresen en el estudio crítico, riguroso y desapasionado de nuestro pasado, sin exaltar lo mezquino, disimular lo infamante, ni silenciar lo glorioso que también lo ha habido. Mas parece que, en esta coyuntura, lo decente es callarlo todo para no caer en un elogio, porque enorgullecerse de algún pasaje de nuestra Historia es fascista. Como sentirse español. Hasta el extremo de privar de tan noble condición a todos los patriotas republicanos que alardeaban de españoles aquí, en la Resistencia francesa, en su asilo de la URSS y en los paises que les acogieron. Nadie parece caer en la cuenta de que negarles su condición es ofenderles y traicionarlos: entonces sólo renegaban de serlo los nacionalistas; hoy, en cambio, parece que, hasta los que no lo somos, renunciamos a nuestra naturaleza de españoles.

La razón del descrédito de la Historia no hay que buscarlo solamente en los años de triunfalismo franquista. Creo que ha contribuído no poco la parcialidad de las escuelas centralistas que han negado lo que no ha sido Castilla, y las escuelas periféricas que han querido silenciar al centro. Dos magníficas estupideces de una puerilidad inacabable, alimentada por los desaires de unos y las provocaciones de los otros. Pero el caso es que, por fas o por nefas, los planes de estudios de las llamadas izquierda y derecha han dejado a la Historia de España en hibernación.

Un periódico que ha intuído la demanda, está sacando una obra en veinte tomos -acaso demasiados para una iniciación-, pero tal vez por no escorarse de una banda, se escora de las dos. Parece inspirada por el señor Zapatero -''un pasito p'alante y otro p'atrás''- con lo que logra dejar insafisfechos a los lectores serios en la primera hojeada. Para halagar a unos, está llena de reyes catalanes, confederaciones catalano-aragonesas y Coronas catalano-aragonesas; mientras que para linsonjear a los otros, en el volúmen destinado a Los Reyes Católicos se ha suprimido de la portada la imágen de Fernando en el cuadro de la Conquista de Granada, y la portadilla de la parte dedicada su reinado aparece solo el retrato de Isabel, prescindiendo de la cantidad de tapices, grabados y monedas que los representan a ambos. Una pequeña mezquindad con la que se pretende rebajar al viejo zorro de Sos, a un adjetivo ''mandadero'' de la reina.

Sin embargo, la gente demanda conocer esa apasionante aventura que deja en entredicho la fantasia de los guionistas de cine. Ahí está para confirmarlo

el éxito desbordante del capitan Alatriste, al que pone en danza con Quevedo, Lope, el Conde-Duque, espadachines, pícaros y alcahuetas, la cultura literaria, la imaginación y la gracia de Arturo Pérez-Reverte.

Darío Vidal

18/10/04

 

       Historia de Espaņa (18/10/2004 23:50)