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Publicado: 12/10/2004


 

INCOMUNICACIÓN INTELECTUAL


El pasado domingo escribía Francisco Nieva un artículo de los que llenan de inquietud. Una de esas reflexiones que descubren los riesgos de la creciente aculturación y el peligro cierto de la paulatina progresión hacia la ignorancia.

Solo los inconscientes suponen vivir en el mejor de los mundos habidos, porque creen que el curso de la Historia es ascendente y no una montaña rusa. Ese optimismo evolucionista está basado en el deseo. Y el desconocimiento de la Historia nos impide utilizar los datos objetivos.

Sin embargo estamos penetrando en una zona de tinieblas. No es la vez primera. Lo singular en esta ocasión es que coincide con un periodo de bonanza económica y que afecta cabalmente al área de la llamada sociedad del bienestar.

El ilustre dramaturgo, además de sorprenderse de la voluntaria ignorancia de los ilustrados en aras de su especialidad, lo que resulta de por sí significativo, dice deprimirse al notar que lo perciben ''como a un dinosaurio literario'' pese a que ha perseguido siempre la claridad, porque se entiende la mitad de lo que dice y apenas por qué lo dice. Desaparecen las referencias culturales antes conocidas por todos, se estrecha el margen para la ironía, se pierde sensibilidad para lo poético y se ha reducido el léxico. ''Si escribiera mi teatro con las palabras y las referencias culturales que solo conocen los jóvenes, me quedaría sin recurso alguno, mudo de discurso''. Y añade con angustia que ''dentro de muy poco, sólo se va a entender menos de la mitad de lo que digo''.

Para alguien como Francisco Nieva cuyo estar en el mundo se cimenta en la expresión poética, la situación reviste un dramatismo inexpresable, ya que le reduce a la más profunda soledad. Porque no se trata de dar la espalda a nuevos modos, ser inflexible a la maneras novedosas ni insensible a la evolución de los medios expresivos. Es que no hay comunicación. Nos bastan unas muletillas que obvian los matices y unos pocos vocablos ajenas a la música del lenguaje.

Si el pensamiento es la palabra, podemos hacernos cargo de la gravedad de tal aprensión cuando manifiesta que ''(teme) cada vez más la muerte del pensamiento europeo''. Sobre todo si se conviene en que, por encima de todo, Europa es memoria y pensamiento, razón seguramente por la que inicia su exposición (Días sin memoria. La Razón. 10.10.04) tomando como premisa una aseveración de Massimo Cacciari según la cual ''una Europa sin memoria no tiene futuro'', que se relaciona pasmosamente con una cita del Dighanikaya que me gusta repetir: ''Los dioses se caen del cielo cuando les falla la memoria''. También Mircéa Elíade se refirió a la capacidad desestructuradora de la desmemoria para la cultura, cuando dijo que el olvido de la tradición equivale al sueño: ''una desorientación que lleva a la pérdida de sí mismos''.

En un viaje a ese desconcertante país darwiniano que es Ecuador, donde la Naturaleza se va haciendo y deshaciendo a cada instante, tuve ocasión de comprobar cómo la acción concertada de los políticos que deseaban un pueblo ignorante e iletrado para su lucro, había deshecho la labor intelectual culminada por Juan Montalvo en el primer tercio del XIX, después de tantos siglos de continuado esfuerzo. Han hecho falta más de ciento setenta años de desierto para que gente como Osvaldo Hurtado comience a empujar desde el analfabetismo y la nada. El espectro de Sísifo puede inquietarnos al menor descuido.

Darío Vidal

12/10/04

 

       Incomunicacion intelectual (12/10/2004 00:39)