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Publicado: 10/10/2004


 

LA PIEL DE ZOUHIER


No sé si acierta o miente, ni sé si es bueno o malo, pero no quisiera estar en la piel de Rafá Zouhier, el confidente marroquí de la Unidad Central Operativa de la Guardia Civil que acaba de responder por escrito a unas preguntas formuladas por el diputado del PP Jaime Ignacio del Burgo, ponente en la Comisión Parlamentaria del 11-M en el Congreso. Ha hecho desde marzo demasiados enemigos, nada desdeñables. Muchos querrían cerrarle la boca y él lo sabe. Por eso ha dicho que no quiere salir de la cárcel a cualquier precio porque está ''condenado a muerte''. Islamistas, traficantes de armas y de drogas, y tal vez algún miembro de la UCO al parecer vinculado a actividades poco transparentes, prefieren que no declare, de modo que hay analistas como Cristina López Schlichting que se interrogan sobre si habrá nacido otro GAL en el PSOE.

Pero no produce menos perplejidad que la fiscal Olga Sánchez haya solicitado al juez Juan del Olmo que no incorpore al sumario las declaraciones del imputado, al tiempo que Cándido Conde-Pumpido, fiscal general del Estado, insta al juez a que evite actos individuales que interfieran en el procedimiento judicial.

Bien es cierto que la Comisión desestimó la solicitud de que Zouhier declarara, tal vez porque su testimonio parecería irrelevante, pero si lo que revela en sus respuestas es de la gravedad que ha manifestado, los comisionados harán bien revisando su decisión. ''No está hecho el hombre para el sábado, sino el sábado para el hombre''.

Sé que a los juristas les sonará a blasfemia y bien que lo siento, pero supeditar lo sustancial a lo accidental me parece una corrupción de los principios. Y los abogados son muy proclives a esas disquisiciones formalistas y laberínticas que evocan las querellas de Bizancio. Aunque materia y forma sean elementos de la realidad, la forma es subsidiaria y adjetiva, y debe supeditarse a la materia, al fondo, que es lo esencial. Una garantía del acusado no debe volverse contra él, y únicamente un sofista puede atreverse a decir que la información requerida por Del Burgo a Zouhier puede atentar contra los derechos de éste. Quien atenta es el que le niega su derecho a declarar, y no quien atiende su justa demanda mil veces denegada.

Otra cosa es que demos por bueno todo lo que diga. Sus testimonios no tienen ni más ni menos valor que los de los restantes convocados, pero el Estado posée sobrados recursos para determinar la veracidad de una declaración, y potestad para abrir nuevas vías de investigación hasta esclarecer por completo la trama del 11 de marzo de 2004, que supuso un atentado múltiple como el que por esas fechas preparaban -es curioso- los etarras. De modo que los datos que aporta en su escrito el procesado podrá no tenerlas en cuenta la fiscalía, pero la fiscalía no podrá ya sustraerlas al conocimiento de los ciudadanos, que comienzan a intuír que alguien pretende ocultar algo.

Antes daba a conocer ''El Mundo'' una grabación de la policía italiana en que Rabei Osman,''Mohamed el Egipcio'', mostraba su júbilo por la derrota electoral de Aznar, y era inevitable traer al recuerdo la impaciencia de Jamal Zougam al salir del calabozo, por saber quién había ganado. Rara curiosidad para un liberado.

Así es que conviene que protejan a Zouhier ¡Y que declare!

Darío Vidal

10/10/04


 

       La piel de Zouhier (10/10/2004 01:08)