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Publicado: 04/10/2004


 

PARAR A ARIEL SHARÓN


No voy a ser políticamente correcto. Tampoco lo pretendo. Tampoco deseo estar contra nadie sino al lado de los más desvalidos; junto a los que son menos culpables. Aunque ni la vida ni la política sean precisamente la patria de los Justos.

Me parece un debate estéril plantearse si los buenos son los palestinos o los judíos en el confin oriental del Mediterráneo. Aunque el más culpable en un conflicto suele ser siempre el que más poder tiene. Y el que ocupa, agrede, invade y coloniza es más culpable que el que ha sido sorprendido en su casa cavando la tierra. Dicho ésto, no hay muertos de primera ni de segunda: jamás un hombre está legitimado para matar a un semejante. Pero visto desde un óptica humana y pecadora, el que se defiende tiene argumentos éticos que no puede exhibir el que pretende sojuzgar, menos aún si el atacante tiene voceros en todo el mundo y posee propagandistas, recursos económicos, poder político, crédito internacional, vitola de demócrata, y armás más poderosas, mientras que el atacado no tiene más que un embrión de Estado, carece de poder económico, prestigio social, estructuras políticas, ejército, armamento ni apoyo incluso de sus paises hermanos.

Son intrínsecamente condenables todos los terrorismos por el daño físico y moral que provocan y por el sustrato abyecto del que brotan, pero no es lo mismo atentar desesperadamente contra un enemigo que te invade al precio de la propia vida, quemándola a cambio de aniquilar la ajena, en una diabólica liturgia del Odio, a que un éjercito organizado, disciplinado y jerarquizado dispare friamente un misil desde un sofisticado helicóptero de combate, sin riesgo alguno, para perpetrar uno de esos, al parecer asépticos, ''asesinatos selectivos'' como si tal adjetivo restase atrocidad al asesinato y como si todos los asesinatos no lo fueran.

Yassir Arafat no está ''en Belén con los pastores'' por supuesto, pero no tiene una biografía más sanguinaria ni más sucia que Ariel Sharón, quien dió origen a esta última Intifada con la provocación del paseo por la Explanada de las Mezquitas el día de oración. Solo que mientras éste alza Muros de la Ignominia y se cisca en todas las condenas de la ONU con el apoyo de Estados Unidos que detrae de sus presupuestos 3000 millones anuales para ayudarle, aquél pide ayuda a la comunidad internacional para detener el genocidio de su pueblo.

Nada de lo dicho constituye una novedad, y tampoco la imagen atroz de un carro de combate enfrentándose a un grupo de chiquillos desharrapados que le lanzan piedras, convertido en el emblema de este desigual conficto.

Pero es pertinente alzar la voz hoy porque Ariel Sharón acaba de anunciar que la ofensiva iniciada en Gaza, denominada con acento levítico, piadoso, hipócrita y pazguato, ''Dias de Penitecia'', va a ser indefinida.

Y esta situación no puede continuar. Ni un día más. Por respeto a las leyes, por decencia, por humanidad, por decoro, por compasión, hay que parar a Ariel Sharón. A toda costa. Porque esa determinación constituye un crimen y quien lo consiente es también un criminal. Hay que acabar con esa situación por respeto a nosotros mismos. Detener a los instigadores, juzgarlos e imponer el sosiego.

No vale escudarse en las instituciones internacionales. Si ellas no lo hacen, cada país debe denunciar ese genocidio. Como ha sucedido en Kyoto.

No podemos vivir de espaldas a nuestras convicciones.

Darío Vidal

04/10/04

 

       Parar a Ariel Sharon (04/10/2004 21:08)