Hemeroteca:


Mayo 2020
Dom Lun Mar Mie Jue Vie Sab
         
           

Publicado: 29/09/2004


 

FEMINOMACHISMO


Jamás he puesto la mano encima de una mujer como no fuese para hacerle una caricia, y a estas alturas no proyecto cambiar de actitud. De modo que leña al maltratador. Pero también a quien dañe a un niño, a un ancianito, o a un varón pusilánime o temeroso de dar escape a la desbordada ira sin control.

Alguien que no viva entre nosotros supondrá que ésa es una verdad de Perogrullo y que para llegar a esa conclusión no es menester quedarse calvo. Pero es que quien no vive aquí desconoce el rencor revanchista de nuestra sección femenina ministerial, a la que su iniciativa contra el maltrato ha acarreado más desprestigio en el exterior que su ''fashionable'' pase de modelos. Y es que cuando en la prensa extranjera se ha comentado que el gobierno sociozapateril iba a legislar contra la violencia doméstica de tal manera que la agresion se tipificaba como delito si el culpable era hombre y solo como falta si era mujer, entendieron que la sección femenina se había descalificado para ostentar cargos de responsabilidad. Sin excepciones. Todas las ministras reputaron el proyecto de Ley como ajustado a Derecho y razón, con vivas muestras de júbilo.

Los expertos podrían decir aún más cosas. Podrían decir, por ejemplo, que su proyecto contraviene la Constitución y que alguien que se llame jurista no puede hablar de discriminación si habla de Justicia, porque la discriminación, aunque sea ''positiva'' -positiva para una parte en detrimento de otra-, constituye siempre una irregularidad y un sarcasmo. Vamos, que es lo que la intuitiva y sutil gente del pueblo, sin letras ni estudios, ha llamado siempre la Ley del Embudo. Una ley estrecha por un lado y ancha por el otro. ¡Una ley democrática, vaya!

Por eso hay que saludar con alborozo lo que parece un retorno del entorno, o cuando menos del grupo parlamentario socialista, a la cordura de la que nunca se ha apartado la sensata ciudadanía. El Gobierno, o su sección masculina cuando menos, pretende modificar la Ley Contra la Violencia de Género para que la Ley se ajuste a la Justicia. Pese a que algunas asociaciones de mujeres insisten, aunque parezca mentira, en que no se toque ni una coma al borrador que el Ejecutivo remitió a Las Cortes.

Pero lo de la discriminación positivo/negativa en esta sórdida guerra de los sexos alentada por ciertas insatisfacciones y represiones, no es algo que venga de nuevo, y a medida que vamos aceptando ciertos conceptos va siendo posible todo despropósito. Vean sino. Una chica afirma que es feminista y está muy bien. Todos suponemos y suponen que se trata de ''una tía cojonuda'', abierta, liberal, moderna, sin prejuicios, divorcista, fumadora y abortista. O sea que ser feminista es bueno. ¡Pero si un chico dice que es machista, válgame Dios lo que ha dicho! Todos entendemos y entienden que es un retrógrado, un maltratador, un violador, un egoísta y un ser antisocial. O sea ''un grandísimo cabrón''.

No existe, pués, un equilibrio semántico feminista/machista con lo que es muy difícil entenderse. Feminismo y machismo no son voces equivalentes y contrarias. Hemos dado ese significado a las palabras y las palabras las carga el diablo. (''¿Qué dices que eres machista? Lo que tú eres es un cerdo fascista opresor''. ''¡No dispareís que soy un poco feminista!'' ''¡Cállate, traidor!'')


Darío Vidal

29/09/04

 

       Feminomachismo (29/09/2004 16:47)