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Publicado: 23/09/2004


 

''MENS INSANA IN CORPORE INSANO''


El desideratum de la pedagogía clásica consistía en formar jóvenes sanos con espíritu sano. Es cierto que no resulta fácil alcanzar la excelencia a pesar de los buenos propósitos, y en los libros de Historia tenemos abundantes ejemplos de gentes degeneradas y perversas que escalaron incluso la más alta magistratura del Estado. Pero lo grave es que ahora ni los políticos proponen a la sociedad un modelo de ciudadano, ni los educadores sugieren a los chicos un ejemplo de persona, contrariados por unas torpes leyes de educación que se lo impiden.

Aquella aspiración de la ''mens sana in corpore sano'' se ha convertido, por dejación, en ''mens insana in corpore insano'', que, en la acepción lata del adjetivo original no se refiere sólo a la salud y su carencia, sino a la cordura, el buen gusto y el recto criterio, y a la falta de juicio, a la violencia, la maldad y la desmesura. Y vean a dónde nos conduce la incompetencia satisfecha de ciertos dirigentes sin cultura, orientación, ni criterio, cuando se postulan para orientar a los demás con improvisación irresposable, sin saber a dónde ir.

Menos mal que alguien ha caido en la cuenta de que los niños españoles han alcanzado niveles de obesidad y colesterol idénticos a los norteamericanos, y unos médicos reunidos estos días en Zaragoza están alertando al pasaje, cuando ya ha descarrilado, de los malos hábitos alimenticios y culturales auspiciados por la pereza de quien se ocupa de ellos, el abandono de la dieta mediterránea tan inutilmente ponderada ahora, y la ingesta de alimentos insanos y de baja calidad. Tal vez ya sea tarde.

Por otra parte, ayer mismo, el Defensor del Pueblo don Enrique Múgica Herzog tuvo la valentía de denunciar a las poderosas televisiones en manos de inconscientes, ante la Comisión Mixta Congreso Senado, poniendo el cascabel al gato al recordarles que constituyen un servicio público aunque sean privadas y al criticar la perniciosa programación y el inoportuno horario de ciertos espacios ''atiborrados de imágenes zafias y cotilleos abyectos'' que ocasionan ''evidentes perjuicios'' a los escolares que regresan a casa, porque socavan todos los valores que puedan haberles inculcado sus profesores.

Por fortuna, unos profesionales de la medicina han tomado conciencia oficial y corporativamente del problema, y el Defensor del Pueblo ha expuesto valientemente el taimado proceso de deformación moral y aculturación a que estamos sometiendo nuestros hijos. Si sumamos a ello que los planes de estudio no los motivan ni estimulan, que se renuncia a exigirles dedicación y esfuerzo, y que se les reconocen todos los derechos sin ningún deber, haciéndoles creer que todo en la vida es gratis, podemos imaginar el futuro que les estamos preparando.

El presente es conocido y lo han descrito en el Simposio de Zaragoza: niños desinteresados, enemigos del esfuerzo y sin imaginación -porque tienen todo lo imaginable-, que se atiborran de pastas industriales a base de sucedáneos de baja calidad y grasas colesterolémicas, ''chuches'' y porquerías, desvencijados en un sillón, viendo programas de televisión inadecuados -¡incluídos muchas veces los de dibujos animados!- durante tres horas y media, o cuatro al día.

Ahora ya sabemos lo que no debe hacerse. Menos mal. Aun que tarde, es el momento de poner remedio enérgico y urgente, actuando contra los fabricantes que nos envenenan a los niños y contra los programadores que los idiotizan.


Darío Vidal

23/09/04

 

       Mens insana in corpore insano (23/09/2004 21:02)