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Publicado: 17/09/2004


 

CRUZADA ANTITABACO


He fumado y no fumo. Reconozco que ahora me molestan el olor y el humo del tabaco. Pero no mucho más que las axilas pecadoras de los innúmeros penitentes que han hecho voto de sudor contumaz. Mas como no añoro el tabaco, no albergo ni un ápice de resentimiento hacia los que fuman. Por eso, aunque se me antoja una desconsideración y una invasión de mi intimidad la exhalación del aliento y el humo en mi nariz, cuando hay espacio para todos no tengo nada que objetar, y reniego del integrismo intransigente de quienes pretenden arrojar los fumadores al infierno.

Aunque excluyendo el fragante tabaco de pipa del que sí siento añoranza, los restantes me parecen cada vez más una ordinariez tercermundista, y un horror someterse a esos pestilentes sahumerios de paja quemada en un local cerrado. Mas los comportamientos en el ámbito de la convivencia -sin excluir el tránsito y la circulación-, habrían de confiarse al arbitrio de la cortesía porque no es bueno dirimir todas las diferencias con la ley en la mano, que no debe ser nunca más que el último recurso. Y aunque hay que reconocer que hoy es un poco ingenuo confiar la administración de las buenas maneras al criterio de cada cual, me parece profundamente antipática toda prohibición.

De cualquier modo, cabe preguntarse por qué las autoridades se empeñan en una campaña que pone a los fumadores a la pata de los caballos. Y a lo mejor no hallaríamos otra razón que porque lo han puesto de moda en los Estados Unidos so pretexto de que los alquitranes y el ceodós matan. Como si no mataran también los escapes de los automóviles, y no por ello las administraciones los prohiben con el mismo entusiasmo, ni promueven la investigación de nuevos combustibles, ni favorecen la utilización de motores que funcionan ya con productos inocuos.

Y por lo que se refiere a nuestros imitados mentores, tampoco prohibe el señor Bush la Asociación de Amigos del Rifle y la publicidad y venta de armas de fuego sin licencia. Por el contrario, acaba de animar a los ciudadanos en plena campaña electoral para que adquieran armas con que defenderse de los terroristas. Como si llevar una pistola en el sobaco pudiera evitar que nos volasen el tren o la oficina. La defensa del ciudadano esta encomendada al Estado en los países civilizados. Pero es que la Asociación de Amigos del Rifle subvenciona generosamente su candidatura, y amor con amor se paga.

¿Por qué toleran los Gobiernos comportamientos delictivos como escapes industriales venenosos contraviniendo los acuerdos de Kyoto y el sentido común? Por lo mismo que consienten y aceptan el engorde del ganado con clembuterol, estrógenos y otros componentes cuyos vertidos hacen mutar el sexo de los peces, y no se turban por la presencia de aditivos concerígenos. Sin embargo invierten toda su energía en luchar contra el tabaco. ¿Qué hay detrás? Una cosa es impedir que se fume en locales cerrados, exceptuando los destinados precisamente a tomar una copa y un pitillo que a nadie obligan, o aconsejar no fumar, y otra cosa es criminalizar a los fumadores.

''¿Quid prodest?'' ¿A quién aprovecha? Tal vez sea simplemente la tinta del calamar para que nos distraigamos y nadie repare en otras contaminaciones.

Darío Vidal

17/09/04

 

       Cruzada antitabaco (17/09/2004 20:54)