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Publicado: 16/09/2004


 

INCONSCIENCIA IRRESPONSABLE



Cuando la sonrisa complacida de Zapatero nos muestra la satisfacción de un hombre insignificante y sin fondo, tan sin substancia que imita en la palabra y las maneras al Felipe González que quiere ser, es imposible no evocar a aquel gran político que fué don Enrique Tierno Galván, prudente, sabio, culto, sagaz y reflexivo al que el sevillano y su cuadrilla empujaron hacia la vía muerta, de lo que se vengó siendo el mejor alcalde de Madrid.

De Tierno Galván no se habla; no se ha hablado nunca, y cuando alguien lo hace asegura que hubiese sido un detestable presidente de Gobierno. A la vista de su trayectoria y de sus obras nadie lo diría. Pero de eso tal vez hablemos otro día. A lo que íbamos es a otra cosa. Y al recordar la solida consistencia de aquella personalidad señera forjada en el estudio, la meditación y la esgrima política en la clandestinidad verdadera, se nos caen los palos del sombrajo viendo en qué ha quedado todo aquello.

El señor Zapatero, con el único aval de la historia de su abuelo fusilado en la Guerra Civil, ejecutoria que podríamos exhibir dos millones de españoles, se ha alzado hasta la secretaría general de su partido -¡que cada cual peche con sus candidatos!- y lo que es mucho peor, hasta la presidencia del Gobierno de todos los españoles.

Nada de eso sería objetable, sin embargo, si el señor Zapatero tuviera alguna idea; si se hubiera cultivado concienzudamente y estuviese resuelto a servir a los españoles y no a servirse de ellos. Pero hasta tal punto está dispuesto a utilizarlos, que no vacilará en traicionarlos y desmembrar el país a cambio de seguir. Respecto a lo demás no alberga ni una idea, ni sabe lo que quiere. No hay promesa que formule y no haya revocado a las pocas horas. Y eso no lo perdona nadie. Va, viene, entra, sale, aparenta hacer, promete, se reune, y cada uno de sus próximos aventura planes o da opiniones que contradice el otro. Su vicepresidenta ignora incluso lo que no le autoriza a decidir la Unión Europea, y todo se reduce a una grillera ingobernable y una algarabía de peticiones de independencia cantonal. No intentaremos una enumeración porque no es preciso hacer memoria. Basta con mirar a ayer mismo o a anteayer sin ir más lejos.

Ahora el mozo de estoques acaba de hacerle un excelente servicio, según crée, convocando al ex-presidente Aznar para que declare ante la Comisión de Investigacion parlamentaria sobre el 11-M. Pero eso puede ser una mina bajo su asiento. Una mina que no acabará con él pero le desajustará la silla.

El señor Aznar hizo algunas cosas inconcebibles como desoír el clamor de la gente y amigarse con Bush, pero hizo muchas buenas. Y sobre todo tenía ideas, pocas tal vez, pero sólidas, firmes y bien digeridas. Su sucesor, sin embargo, no ha hecho más que gestos que no se concretan en actos porque suelen ser puros disparates. Y cuando ha hecho algo llevado de su irreflexión, nos ha penado a todos, porque desconoce entre otras cosas la sutil madeja de alianzas, intereses e implicaciones que conviene tener presentes para actuar en el exterior.

Aznar va a hablar al país. Se equivocan. Acaban de darle la ocasión que le negaron. Pero Zapatero no hablará de la secuencia de hechos que sobrevinieron tras los atentados. Se equivocan. Es otra prueba de inconsciencia irresponsable.


Darío Vidal

16/09/04

 

       Inconsciencia irresponsable (16/09/2004 20:43)