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Publicado: 12/09/2004


 

INMIGRANTES Y OKUPAS



El siglo XXI va a ser un siglo de migraciones. No hace falta ser profeta para formular tal vaticinio. Tampoco es la primera vez en la Historia que se produce tal fenómeno y hay que advertir que es preludio de convulsiones sociales. De modo que vayan ajustándose los cinturones de seguridad.

Los desplazamientos de población constituyen un ajuste automático que se inspira en el principio de los vasos comunicantes, por el cual la comunidad humana tiende a equilibrar los niveles de riqueza, y las familias huyen de los territorios míseros o desgobernados por políticos depredadores y corruptos para escapar de la hambruna, acomodándose en otros donde hay qué compartir.

Naturalmente, emboscados entre tanta gente honesta que reclama ayuda y merece apoyo generoso, salen rufianes, malandrines y criminales que empañan la reputación de sus compatriotas. Cuando el comportamiento de esos elementos es correspondida con el rechazo, los intrusos -porque entonces son intrusos- aprovechan la mala conciencia de la sociedad opulenta y la chantajéan con la acusación de racismo. Pudiera sorprender que no echen ese sapo al rostro de los españoles ninguno de los trabajadores honestos que conviven con nosotros.

Viene a cuento todo esto -al hilo de unas consideraciones publicadas ayer en recuerdo de las carnicerías islamistas de Nueva York y Madrid, en las que desgraciadamente también hubo víctimas inocentes de religión musulmana-, por una noticia en que se da cuenta de que los reclusos islamistas se han hecho con el poder en la cárcel de Topas, en Salamanca, imponiéndose a los otros presos ante la pasividad de los funcionarios, o del Gobierno de la nación que parece que está haciendo oídos sordos a las denuncias presentadas. ¿Cómo se puede concebir que un puñado de criminales que debieran mostrar una compustura disciplinada en el país al que han venido a delinquir, adopte una actitud provocadora? Aun que no fuera más que por un elemental sentido del decoro debieran procurar pasar inadvertidos.

Pero no. Confundiendo la actitud respetuosa de los demócratas con la debilidad y la cobardía, achaque muy propio de los planteamientos antisociales de los nacionales de determinados países cuyos gobiernos quieren ciudadanos incultos, imponen a sus compatriotas más moderados los usos de las sectas integristas y amparándose en la ley de libertad religiosa, cinco veces al día su almuédano convoca a la oración, sin respetar el descanso, ni la condición, edad o religión de los internos; han ocupado la sala común de lectura para convertirla en mezquita a la que evidentemente tienen prohibido el paso los no musulmanes; intimidan a los demás a través de sus mafias; se han hecho con el control del comercio de estupefacientes; chantajean a las autoridades penitenciarias con promover un motin espectacular si no ceden a sus presiones; intentan impedir la entrada de enfermeras y médicos femeninos en la cárcel, aunque no sea para asistirles a ellos, y se niegan a mostrar el contenido de sus macutos pretextando que llevan un Corán y constituye una profanación que lo toque un cristiano, lo que les hace inmunes a todo control.

No son inmigrantes: son okupas. Y contra los okupas que se apropian de lo ajeno, usurpan lo colectivo y limitan a los demás los derechos que a ellos no se les niega, no cabe más recurso que la expulsión. Inmediata.

Darío Vidal

12/09/04




 

       Inmigrantes y okupas (12/09/2004 14:23)