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Publicado: 08/09/2004


 

LA NUEVA GUERRA CIVIL



El estado natural de España es la Guerra Civil. Por no remontarnos a los romanos ni a las varias de Sucesión, en el XIX nos enzarzamos en dos como si no hubiésemos tenido bastante con la que libramos contra Napoleón al inaugurar la centuria; en el XX no tuvimos suerte y solo nos matamos en una ocasión. Mas como pasaba el tiempo y temíamos olvidarnos, hemos iniciado el XXI con otra, por ahora solo dialéctica, que veníamos venteando desde el último tercio del pasado siglo, como para darle la razón a Franco.

En ésta por el momento no se registran bajas. Pero en los núcleos en que otrora se alentaron las pugnas que terminaron dirimiéndose con pólvora, han comenzado a esgrimirse las palabras para enconar el rencor y el desencuentro. Nuevamente se abate la maldición de Caín sobre nosotros y se despereza el diablo en todos los cerebros. No correrá ahora la sangre si Dios quiere, pero una vez más malograremos nuestro esfuerzo y dilapidaremos toda la energía en enfrentamientos estériles mientras nuestros vecinos idean, crean y prosperan.

Durante los últimos años, nos fué dado ver lo que estábamos comenzando a ser y pudimos intuír lo que pudimos haber hecho de este país durante el tiempo que hemos perdido irreparablemente. Mas fué una ilusión que se ha desvanecido apenas entrevista. Cuando parecía que la cordura iba a instalarse finalmente por obra de la generosidad, la sagacidad, la experiencia vivida, o el mero egoísmo inteligente, se ha frustrado todo de nuevo por culpa del egotismo mediocre y narcisista de los que aún no han disipado su asombro por haberse acercado a donde nunca creyeron poder llegar; por culpa de la cerrilidad del centralismo arrogante y miope, y por culpa del separatismo arqueológico, puntilloso, lastimero y neurótico.

No hemos logrado aprender nada en un siglo.

Y como los que no aprenden han de repetir la Historia, volveremos a ascender a la montaña cargando con la roca como Sísifo. Y de ese modo la nueva Guerra Civil cumplirá la función de todas ellas: nos obligará a mirar hacia adentro, a dar la espalda a la Historia, a distraernos de lo que sucede en el mundo, a distanciarnos del progreso, la creación y el desarrollo. Y tornará a lastrarnos sin ver que se nos escapa el tiempo y que los competidores van a tomar la salida sin nosotros.

Continuaremos siendo un apéndice de los demás. Pero esta vez será peor. Nuestros planes de estudio tercermundistas y los que halagan la pereza de los estudiantes a cambio del voto convirtiendolos en mano de obra exportable y barata incapaz de competir con los extranjeros para los puestos directivos, nos dejarán en peor situación que nunca. Y los separatistas no habrán logrado, como siempre, más que obligarse a emigrar también, como hicieron en la otra guerra. Mientras la prospera Europa, que ha ido adquiriendo nuestras playas y comienza a comprar nuestros bosques, nos convertirá en su reserva india.

Si creyésemos en la magia simpática, pensaríamos que los judios, los moriscos o los masones nos echaron en su día ''mal de ojo''. Pero nunca nos han hecho falta. Nos basta con la robusta, sanguinaria y letal ''falcata'' ibérica,

Darío Vidal

08/09/04

 

       La nueva Guerra Civil (08/09/2004 17:04)