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Publicado: 07/09/2004


 

*** LA APROPIACIÓN DE ESPAÑA


No nací en el centro ni soy centralista porque el centralismo es mandón y excluyente, y tiene a mi juicio poco talante democrático. Me siento de mi terruño pero soy profunda y decididamete español hasta la emoción y la lágrima, sin ambigüedades ni tibieza, dolorosamente español en tantos trances adversos pero sin renegar de mi condición y afirmándome aún más en ella porque el amor se prueba en la adversidad. En absoluto tengo veleidades secesionistas. Es pertinente dejar ésto sentado antes de referirse a la apropiación de España por Castilla para que no haya dudas.

Mas el centralismo carece de imaginación y es incapaz de entender que en cada territorio se tiene una percepción distinta de España, como el alumno que pinta la modelo desde un ángulo diferente de la clase: es reconocible y se advierte que es la misma, pero se ha interpretado desde ángulos muy distintos.

Por eso, en este momento en que se cuestiona la identidad y la esencia de la patria común, por unos ingenuamente y por otros con intención torcida, es conveniente recordar el camino recorrido por Hispania desde la romanización, y la manera que han tenido sus moradores de sentirse hispanos, ispanioles, andalusíes o sefaradíes a lo largo de los siglos, porque plantearse a estas alturas qué somos e incluso si somos, es descorazonador. A no ser que, por el contrario, constituya un síntoma de eterna e inmarcesible juventud.

Dada esa situación, constituyen un acierto los dosieres ''El testimonio de la Historia'' y ''España en sus señas de identidad'' publicados por el diario El Mundo como preludio de la Historia de España en veinte volúmenes que edita conjuntamente con Espasa-Calpe en su Colección Austral.

SEPARACIÓN Y SEPARATISMO

Sin embargo, parece que esa esperanzadora Historia de España no se ha desembarazado del centralismo separador que ha dado pretexto a tanto periférico separatismo. Y según constato, los lectores -muchos lectores, supongo que no todos- se sienten defraudados una vez más por un relato que, pese a las protestas de imparcialidad, se presenta una vez más sesgado. Así por ejemplo, en el primer volumen distribuído -el quinto de la obra, La España de los Reyes Católicos-, se trata una vez más al monarca como un adjetivo de la soberana, como un buen muchacho útil a sus propósitos, lo que es absolutamente escandaloso y falso. No importa que Fernando e Isabel, o Isabel y Fernando que ''tanto monta'', fueran ambos Trastámaras, primos segundos y biznietos ambos de Enrique II de Castilla. No importa. Fernando es el otro, el de fuera, y eso hasta tal punto que el editor ilustra la portada del tomo quinto dedicado a su reinado no con una imagen de ambos sino con el fragmento de ''La rendición de Granada'' de Francisco Pradilla en que aparece la reina, obviando al rey, del mismo modo que la portadilla de la Segunda Parte que trata del reinado propiamente, está ocupado por el retrato de Isabel que se conserva en el Palacio Real.

Podrá arguírse que la elección de la iconografía es una minucia y una puerilidad. No lo suscribo. Se trata de otra apropiación de la Historia de España, otra identificación de los símbolos de Castilla con España toda, tomando la parte por el todo. Y en el caso de que la elección de los grabados se hubiese hecho de modo tan reiteradamente descuidado sin intención separadora, se trataría de un ''acto fallido'' digno de ser analizado por un psicólogo que desentrañara la íntima dinámica del centralismo, que, si no logra deglutir al otro, lo rechaza como extraño, foráneo, adventicio y ajeno. La misma actitud que inducía a apropiarse, asimilar, fagocitar y despersonalizar los territorios conquistados, a los reyes de Castilla, en tanto que otros reinos los integraban como asociados, respetuosos siempre con sus maneras y sus costumbres propias.

UNA HISTORIA NO EXCLUYENTE

Esperanza Aguirre pretendió abrir cauce a las Humanidades durante su permanencia en el Ministerio de Educación y propuso asimismo que nuestros escolares tornen a estudiar la Historia común, un propósito sensato y encomiable que provocó un alborotado revuelo entre los nacionalistas quienes, hastiados de no verse, ni reconocerse, ni aparecer en aquella mutilada historia chapucera y centralista, habían comenzado a contar los sucesos silenciados o que les habían sido arrebatados, y a inventarse delirantes historias bonitas e imposibles pero muy halagadoras para la clientela.

Todos pensaron que esta obra que impulsa El Mundo, iba a ser por fin la Historia que estamos reclamando. La Historia rigurosa y honesta en que se nos vea a todos. Una Historia tan distante de los separatismos como del centralismo. Una obra de capital importancia científica y de incalculable alcance político que nos llevaría a replantear nuestro pasado e interpretar nuestro presente. Pero nos tememos que no va a ser así. En el caso de Aragón, una de las historias maltratadas, cuando no moja Castilla rebaña Cataluña, de tal manera que al tratar Jose Luis Marín de la unificación del reino, resulta que Pedro el Ceremonioso es, en pura terminología catalanista, rey de Cataluña-Aragón (vol 5, pg 85) una sorprendente afirmación que únicamente podría atribuírse a ignorancia del autor, lo que es impensable, o a mala fe, lo que es inconcebible porque sería reconocer un propósito de tergiversar los hechos que no podemos aceptar. Porque el ámbito de competencia del rey es el reino, como el del conde el condado. Así es que el rey de Aragón fué, desde Alfonso II, también conde de Barcelona. Pero no rey de Barcelona ni de Cataluña, con lo que jamas hubo un rey de Cataluña-Aragón, ni de Cataluña y Aragón, ni existió la Corona Catalanoaragonesa.

LA HISTORIA MALTRATADA

Claro que nada puede sorprendernos de la editorial Espasa-Calpe, que en la página 120 de su ''Nuevo Espasa Ilustrado 2000'' (ISBN: 84-239-9455-1), voz Aragón, asegura que ''En 1137, el matrimonio de Petronila hija de Alfonso VII de Aragón con Ramón Berenguer IV, supuso la vinculación del reino aragonés al (reino) catalán con la creación de la corona catalano-aragonesa'' . Es dificil informar peor y en más breve espacio que Espasa-Calpe, porque Alfonso VII de Aragón jamás existió; porque el reino de Aragón no se acogió a la protección de Cataluña; porque el reino catalán no tiene partida de nacimiento, y porque la corona catalano-aragonesa nunca tuvo origen.

No vamos a esperar mayor pulcritud y noticias más exactas en su filial.

Mal comienzo, pués, y peor orientación el de esta malograda Historia de España en que El Mundo quería fundar ese necesario debate sobre la realidad de España, porque está demandando ya otra Historia de España, seria, abarcadora, comprensiva, plural, honesta y verdadera, que de a cada cual lo suyo sin hurtarnos ni lo bueno ni lo malo, que de todo hay en la viña del Señor.

Nadie dude de que esa falta de patriotismo que en ocasiones se achaca a los españoles, es culpa y consecuencia de la parcialidad de Castilla y de su idea patrimonial de la Historia. Del mismo modo que la rapacidad de Cataluña se ha enajenado la proximidad de Aragón.

Darío Vidal

07/09/04

 

       La apropiación de España (07/09/2004 20:08)