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Publicado: 01/09/2004


 

MONUMENTO A LA ESTUPIDEZ


No es fácil averiguar si habitamos un planeta de dementes o un mundo de irresponsables. Y tampoco si los gestores de la sociedad, pícaros, políticos y aficionados, son conscientes de la responsabilidad que contraen con su acción y su omisión. Pero como los que se dedican a la cuestión pública son a todos los efectos irresponsables he aquí que quien rebasa en diez kilómetros por hora la velocidad es perseguido y sancionado, en tanto que el que meneja billetes de curso legal con los dedos pringados de pegamento o provoca desaguisados y conflictos, se va a casa honrado, salvo de cargos y franco de costas.

Parece difícil entender la suicida campaña antiislámica del matón señor Mata -Bush para los amigos-, no porque no se comprendan sus justos intereses de apoderarse de la producción petrolífera mundial, sino por la imprudencia incalificable de agitar unos lodos que alcanzarán a ensangrentar al mundo y a cavar la ruina de los Estados Unidos, que van a iniciar su decadencia imperial provocando convulsiones planetarias y fracturas internas no solo étnicas sino también religiosas, impredecibles hace dos lustros.

Pero es que descendiendo a actividades más humildes aunque no menos trascendentes, hay desaprensivos que incitan al crímen con juegos de ordenador en que se premia al que ametralla a más extraterrestres con copiosa efusión de sangre, vapuléa a más ancianos en los parques, y asesina a más inmigrantes por las calles. Y nadie actúa contra esas peligrosas alimañas disfrazadas de honestos industriales, por apología de la violencia, el crimen y el terrorismo.

Su infame mercado son los niños, y los niños no disciernen entre el bien y el mal, por lo mismo que no imaginan el sufrimiento ni comprenden la muerte, como aquellos escolares británicos que asesinaron a un pequeño a ver cómo se comportaba mientras moría, y que la Justicia condenó hipócritamente a cadena perpetua en vez de condenar a sus mentores. Yo recuerdo con una mezcla de culpabilidad y de ternura, el día en que mi hijo Miguel me dijo poniendo sus deditos de seda de apenas dos años en torno al cuello, con una candorosa mirada azul: '' Papito ¿quieres que te mate?''

¿Sómos criminales, locos o simplemente estúpidos? Hace nada, retiraron del mercado unos muñequitos de juguete que se hinchaban en contacto con la saliva, después de tener que hacer una traqueotomía a un niño para extraérselo y evitar que se asfixiara. ¿Quien fué el genio que inventó esa maravilla?

Pero no quedan ahí las insensateces. Ayer mismo, en una fiesta infantil de cumpleaños, al abrir la bolsita de las ''chuches'' después de haber correteado con sus máscaras, sus sombreros y sus sables, los pequeños extraían con los ''chupa-chups'' y los chicles, unas cajitas como de medicinas en cuyo interior había unos ''blisters'' -ya saben, esas láminas de plástico plateado en que van incrustadas las pastillas medicinales- de los que extraían caramelos del tamaño de media moneda de céntimo. ¿Quién evitará en adelante que esos niños se traguen todas las medicinas que vayan en esos envoltorios? ¿Es que Herodes se ha metido a juguetero, o es que todos nos hemos vuelto estúpidos a un tiempo?


01/09/04 Darío Vidal

 

       Monumento a la estupidez (01/09/2004 18:43)