Hemeroteca:


Octubre 2021
Dom Lun Mar Mie Jue Vie Sab
         
           

Publicado: 31/08/2004


 

EL NUEVO AMOR



El ser humano es el único capaz de inventarse no solo los sentimientos sino también sus cauces de expresión. El ser humano es un ser artificial por naturaleza, o por mejor decir, artificioso y teatral.

Durante un milenio, los seres de nuestra especie han reído, llorado, soñado y sufrido con un peculiar género literario, como lo llamó con su certera agudeza Ortega y Gasset, al que dió el nombre de amor.

Pero el amor idealizado y poético del que los europeos hemos estado enamorados durante un milenio no fué siempre así, ni lo es en otras culturas, ni según los indicios va a serlo en adelante entre nosotros. La desmitificación de la mujer que antes fué solo una propiedad, luego la hembra, más tarde un premio, después una poética ensoñación inalcanzable y una aspiración de perfección, para convertirse en compañera, ha marcado el acento de la peculiar relación entre el hombre y la mujer solos.

En Grecia y Roma las mujeres no fueron amantes sino madres, hasta que en los últimos siglos se convirtieron en concubinas y hetairas.

Lo más parecido a lo que luego hemos entendido por amor era la peculiar amistad que se establecía entre el hombre maduro, sabio y curtido, y el efebo admirador, modelado e instruído por aquel como por Pigmalión. Después, mal que nos pese, la mujer asociada a otras en el serrallo islámico forma parte de una suerte de ganado integrado por esposas y esclavas, que con sus hijos trabaja para el amo del que son patrimonio, si bien la dureza de su suerte se mitiga si su belleza le acerca a un personaje poderoso en cuyo harén se convertirá en un objeto de deseo y de placer. Una parte de la Humanidad permanece en ese estadio. Aun que también es cierto que eso del amor era un sentimiento reservado a los estratos cultos.

En las culturas monógamas y aún aquí entre nosotros, los padres elegían la pareja de sus hijos, hasta finales del siglo XIX, sin respetar la voluntad de los contrayentes y ateniéndose a un criterio de buen juicio, según el cual ''el trato engendra el cariño'' -nadie alude al amor- y no hay más de qué hablar, salvo, eso sí, de 'dotes', fincas y compensaciones.

La democratización del amor durante el siglo XX nos otorgó el derecho a elegir y equivocarnos sin ayuda de nadie. Pero tal vez no supimos mantener una actitud contenida que indujera a unas y otros a acercarse por sus pasos, otear, mirarse, observar, olfatearse, aproximarse y desearse algún tiempo. Grave error. Pero ya se sabe que la condición humana nos impele a obtener sin dilación lo que apetecemos.

Esa torpeza nos ha privado de gozar un ya imposible esplendor del amor, cuando habíamos conquistado o nos habían regalado el derecho a escoger y la facultad de administrar los sentimientos, nuestros actos y nuestros cuerpos, secuestrados por la neurótica moralina de los sexos.

Esa torpeza del niño que aplasta la mariposa cuando la coge para contemplarla, ha marchitado la ensoñación que surgió con el ''amor cortés'' cantado por los trovadores provenzales al descubrir lo que el apetito tiene de aventura. Pero de eso habremos de hablar en otra oportunidad.


Darío Vidal

31/08/04

 

       El nuevo amor (31/08/2004 22:59)