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Publicado: 27/08/2004


 

SUN TSU, LA MORAL DE VICTORIA



Los Juegos Olímpicos no han sido un fiasco para los españoles porque han obtenido más o menos el número de triunfos previsto lo cual demuestra que el nivel de nuestros deportistas es más que decoroso aunque en una suerte de amarga broma del destino, no ha ganado ninguno de los favoritos. No está mal, porque eso quiere decir que poseemos más atletas valiosos de lo que imaginábamos, pero sería interesante preguntarse cuales son las causas de ese decepcionante comportamiento de los que suponíamos mejores. No es culpa suya, estoy seguro. Lo bueno de esas personas excepcionales es que no son arrogantes ni se duermen en los laureles como otros llamados deportistas.

Esa decepción colectiva que ellos padecen en primera instancia, es una constante en nuestros enfrentamientos deportivos. Y uno da en pensar que más que entrenadores necesitan psicólogos. Seguramente sus errores se fundan en una feble autoestima y en la excesiva presión que ejerce sobre ellos una sociedad que necesita superar un largo fracaso histórico. Cuando median solo cuatro décimas entre el primero y el que pierde, y el vencedor supera al derrotado por solo unos tantos, el factor que decanta la victoria no es ya el vigor ni la técnica, sino la fe, la convicción y una secreta energía interior que nos hace rechazar el fracaso como impensable.

El general taoísta Sun Tsu decía en su manual de Estrategia ''El Arte de la Guerra'' hace unos dos mil quinientos años, que ''el desorden del enemigo es consecuencia de nuestro orden oculto; su cobardía aflora por nuestro coraje, y su debilidad es consecuencia de nuestra fortaleza''. Algo que no pasa inadvertido a ningún táctico moderno. Como no ignora que quien aspira a vencer en la competición, en la carrera y en la ''agonía'' de la lucha, como dirían los griegos, debe usar únicamente ''las fuerzas ordinarias para quebrantar la voluntad y las fuerzas del rival, y reservar las extraodinarias solo para vencer''.

Los luchadores expertos se hacen invencibles a sí mismos y esperan el momento en que el rival sea vulnerable. Por eso la batalla se libra antes del encuentro y ''cuando el ejército victorioso entra en combate, ya ha vencido''. Es lo que podríamos llamar adquisición del talante de vencedor, la predisposición a confiar ciegamente en nuestro esfuerzo, nuestra voluntad y nuestra suerte. Cuando a Napoleón le proponían un subordinado para el ascenso, decía después de oir la enumeración de sus méritos: ''Eso está muy bien ¿pero tiene buena estrella?''

Pués bien, esa es la actitud que nuestros deportistas necesitan conquistar para no estar a expensas del albur. Después de prepararse, disciplinarse, sufrir y entrenarse con objeto de ser invencibles, no deben dudar de que son los mejores, ni permitirse temer que puedan perder.

Sugiero que competidores, entrenadores y seleccionadores lean al viejo Sun Tsu.

Darío Vidal

27/08/04






 

       Sun Tsu, la moral de victoria (27/08/2004 19:56)