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Publicado: 20/08/2004


 

EL PRÓXIMO HOLOCAUSTO



El papel de profeta no es nunca agradecido. Los visionarios jamás se encaraman a los riscos para anunciar días de vino y rosas, sino jornadas de desolación y muerte. Incluso dar cuenta de las noticias infaustas y no ya vaticinarlas, ha llevado aparejada la muerte en muchas ocasiones, del mismo modo que comunicar una nueva venturosa se premiaba frecuentemente dando o pagando las ''albricias'' al mensajero.

No es por ello grato ni politicamente correcto anunciar a los judíos jornadas de infortunio, pero intuyo que va a desencadenarse contra ellos el más sangriento ''pogrom'' de la Historia. Porque los desmanes, las vejaciones y los crímenes perpetrados por su moderno ejército, adiestrado, pertrechado y equipado con el más moderno material bélico, contra la población civil de un pueblo desarmado, vulnerable y sin ejército ni Estado que combate únicamente con piedras y palos o con bombas de fabricación casera como el palestino, les ha enajenado la simpatía, la compasión y la proximidad de la opinión pública internacional.

Con el último gobierno del Likud, los sionistas han arruinado en poco tiempo la larga y eficaz campaña de propaganda que sus agencias de noticias, su prensa y sus productoras cinematográficas habían estado tejiendo durante años, hasta hacer sentir culpable al mundo entero y responsables a todas las naciones de las continuas persecuciones que ha sufrido el pueblo judío. Ahora, después de la provocación de Ariel Sharón paseando el día de oración por la Explanada de las Mezquitas de Jerusalén para desencadenar la última ''intifada'' cuando parecía que se estaba a un paso de la paz, muchos países han comenzado a revisar la Historia y a reconsiderar sus sentimientos de culpa. Cuando la víctima con que nos ha congraciado el victimismo se transforma súbita e inesperadamente en victimaria, naufraga nuestro universo de valores.

Ahora ya no importa que el capital judío se haya hecho dueño de América ni que siga extendido por el mundo para conjurar el peligro de la revancha, porque las guerras de nuestro tiempo no las dirimen los combatientes en el campo de batalla. El enemigo hoy se embosca en todas partes y el Islam ha aprendido del pueblo hebreo a diseminarse por los cinco continentes.

Matar a los hombres es el acto supremo de impiedad porque equivale a un deicidio. Matar a un semejante es acabar con Dios. Matar es siempre un acto blasfemo que termina pagándose con el alma. Mas, pese a todo, no es lo mismo la horda caótica que defiende desesperadamente sus olivares milenarios que ya no crecerán o lucha por sus hijos y sus casas cuando las excavadoras y los tanques las derriban, que un Estado que levanta murallas, practica lo que reconoce como ''asesinatos selectivos'', ametralla a los niños que arrojan piedras, y planea metódicamente la aniquilación de un pueblo. ''Caín ¿qué has hecho con tu hermano?''

Es incomprensible que el pueblo más antiguo del mundo, el pueblo de El Libro, el pueblo que se considera elegido por Dios y superior a todos, haya olvidado esta lección.

Darío Vidal.



 

       El próximo Holocausto (20/08/2004 11:48)