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Publicado: 18/08/2004


 

PIRÓMANOS EN LIBERTAD



Los pirómanos tienen una naturaleza evanescente, una condición etérea y gaseosa como las llamas que provocan. Nadie los halla y si los atrapan, los liberan pronto como ese juez que ha dejado en la calle aunque con cargos -faltaría más- al autor de los cuarenta y dos incendios que se han declarado en Pontevedra durante los últimos treinta días. Sin embargo el angelito que ha prendido fuego a quince bosques en Orense -que tampoco está mal- lo han guardado bien guardado hasta nueva orden.

Desconocemos las eximentes que puede haber alegado aquel, pero una ley que consiente interpretaciones tan flexibles tal vez no sirva para nada. Es cierto que la aplicación de la norma es algo que compete a los magistrados en función de las circunstancias y la naturaleza del encausado, que pueden variar sustancialmente. Un juez no debe plegarse al dictado maquinal de la ley, pero cuando la gravedad de los hechos afecta a la totalidad de la sociedad porque constituyen actos criminales contra la flora, la fauna, la propiedad privada, la seguridad de los vecinos y los bienes de una comunidad que es tanto como decir el patrimonio de los hombres, no se puede -o no se debe- ser ni tolerante ni indulgente.

Es cierto que estos individuos no son el último eslabón de la cadena pero eso no les exime de la culpa. Hay que neutralizarlos para siempre, sancionarles y penarlos, para remontarse hasta la cabeza y aplastarla sin piedad

España está perdiendo masa forestal, hay zonas por las que avanza ya el desierto a razón de un metro por año y eso es inasumible. Israél está plantando árboles y explotando huertas en lo que ha sido desierto y ya ha modificando la meteorología y la pluviometría de la zona, mientras nosotros dilapidamos nuestros bosques como si nos sobrasen.

Un incendio no es la gamberrada del ratero que le hurta la cartera a un paseante, sino un crimen contra todos, en cierta medida comparable a una acción terrorista y de efecto aún más duradero, porque atenta contra la vida de todos en una u otra medida. ''No sabemos aún qué vamos a hacer porque aquí ya no se puede vivir -decía estos días a la televisión un hombre desolado y lloroso en medio de un paisaje aún humeante-; no lo sé, habremos de irnos de aquí porque no tenemos vida para esperar cien años a que el bosque crezca''.

¿Quién encubre a los que incendian, quién oculta a los que pagan, quien esconde los motivos puesto que hay más de uno, y por qué las más de las veces no se aclara nada? ¿Por qué cuando se detiene a un pirómano se le pone en libertad? ¿Qué es lo que los incendiarios callan?

Esas catátrofes anuales debieran ser el motivo de una futura y exigente investigación parlamentaria.

Darío Vidal


 

       Pirómanos en libertad (18/08/2004 18:30)