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Publicado: 13/08/2004


 

SITIO A LA CIUDAD SANTA



Únicamente la incultura superlativa, la ignorancia más arrogante y una torpeza política inconcebible incluso en un alcalde pedáneo, pueden llevar a George Bush a bombardear mezquitas y arrasar centros religiosos en Iraq. Solo una total carencia de imaginación puede impedirle representarse lo que significa para un ''creyente'', y más un integrista, la destrucción de su templo, por no hablar de lo que representa violarlo y profanarlo. Y nada más que el descreimiento, no desmentido por las reiteradas invocaciones a Dios tan gratas a los emperadores del Imperio, puede ignorar el dolor y la desolación que experimentan los fieles cuando ven amenazada la tumba de un profeta, como la del Imán Alí, familiar de Mahoma, en la ciudad de Nayaf. De igual manera que solo un racista 'in péctore' -como los que creían que las mujeres carecían de alma- puede suponer que la gente de otra civilizacion, otra raza u otra religion no siente hasta el desgarro que bombardeen el cementerio en que reposan los restos de la gente que amó y de sus antepasados desde mil años atrás.

Poco importa que se refugie en ellos un personaje turbio como ese clérigo llamado Al-Sadr, de mirada cruel, lasciva, torva, vidriosa y fugitiva. Hay modos más inteligentes de neutralizar una provocacion como esa -que tiene por objeto consolidar el odio hacia Occidente-, sin necesidad de astillar huesos y aventar las calaveras de los muertos sepultados hace cientos de años, entre nubes de cenizas piadosas, con misiles dirigidos. Pero el consumismo es enemigo de la política, y no se trata tanto de restituir un orden vulnerado por quienes dicen pretender reimplantarlo, como de experimentar nuevos ingenios bélicos y gastar el material envejecido, para que el Pentágono encargue a la industria nuevas remesas de armamento. Puro mercantilismo. Nada importan las vidas, nada las creencias, nada el espíritu, representado por los esbeltos minaretes, los polícromos mosáicos y los encajes de las yeserías centenarias. No son más que blancos, dianas, objetivos. Pero son también fermento para el desprecio del mundo civilizado y la semilla del odio eterno e inacabable del Islam y de un pueblo que no olvida.

Ese Bush zafio, chapucero e incompetente, va a dejar a su país una herencia, o una hipoteca, que tal vez nunca pueda ya saldar.


Darío Vidal


 

       Sitio a la ciudad santa (13/08/2004 17:06)