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Publicado: 05/08/2004


 

INTELECTUALES SIN COMPROMISO


¿Cómo sabe Anasagasti que Gibraltar no importa a los españoles si él ha manifestado mil veces que no es español? Y no siéndolo ¿qué puede darle a él que les importe o no? En ese punto ha sido más coherente su jefe Ibarretxe en la conferencia que acaba de pronunciar en los cursos de El Escorial -¡serán masoquistas los de la Complutense!- diciendo que no es posible participar en un proyecto que no coincide con el proyecto de los vascos y las vascas.

Lo mismo que un portavoz de ERC cuando afirmaba que ''no se sienten ni por asomo ligados a la tradición del Estado español'' por lo que ''no están ni emotivamente implicados en este asunto''. Postura que comparte de modo vacilante el diputado en Cataluña del señor Llamazares, o de lo que queda de IU.

Resulta más sorprendente que la secretaría de Política Internacional del Partido Socialista manifieste ahora que su formación no interpreta como ''una provocación'' la visita del secretario de Defensa inglés al Peñón, después de que Trinidad Jiménez mostrase días atrás una decorosa indignación ante esa afrenta. Pero debe ser que El Talante va a imponerse en Gibraltar. El señor Zapatero va a darles un buen chasco a los ingleses demostrándoles que para flemático, él. De momento ya nos ha dicho que ''vamos a darnos un poco de tiempo sobre Gibraltar''. Que es lo que llevan haciendo los ingleses desde hace tres centurias. Y en septiembre va a desconcertar por completo a Blair. Va a decirle: ''Amigo, si ustedes no tienen prisa, yo aún menos. Veremos quién se cansa antes''. ¡Toma esa! No se la esperan y va a dejarles turulatos.

Ya verán cómo vamos a reírnos. Sobre todo ellos. Mas como a ''la mayoría'' de los españoles no nos ha parecido ''adecuado'' este comportamiento -¡olé energía!- va a proponer un diálogo desde la tranquilidad y la prudencia, o sea lo mismo que con Maragall, con Ibarretxe, con la Iglesia y con todos. Y a los españoles comienzan a temblarles las carnes.

A la mansa multitud le han dicho que la Política es el arte de lo posible -valiente tontería-, pero como no es tonta, reclama asideros: un pensamiento, una idea, una línea de actuación de la que carecen sobre todo los políticos. Una verdad, aunque sea modesta, que imprima significado a nuestra acción.

Antes asumían la defensa de la sociedad y se responsabilizaban del debate esclarecedor, los intelectuales: una gente a la que el compromiso ético, la dedicación intelectual, la actitud reflexiva, la vocación de diálogo, la abarcadora formación humanística, la amplitud de miras, el comportamiento insobornable con sus semejantes, la independencia ideológica y su acrisolado patriotismo, les habían dotado sin ellos pretenderlo de, una autoridad y un crédito moral que hacían relevante, deseable y, a veces imprescindible, su opinión sobre las cuestiones de Estado.

Nosotros carecemos de ellos desde la generación del 27. Albert Camus y Jean-Paul Sartre tal vez fueron los últimos en Francia. Eran una especie aparte que se exponía incluso a riesgos físicos por la verdad. Hoy con el descrédito del pensamiento y la entronización del dinero como valor supremo, han desaparecido. Y los que deberían asumir esa tarea pacen mansamente en el pesebre de los partidos. ¿Quién va a exigir dignidad internacional y rectitud política a los distintos grupos y quién excitará nuestra rebeldía de ciudadanos burlados? Podemos esperar trescientos años.

Darío Vidal

 

       Intelectuales sin compromiso (05/08/2004 21:07)