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Publicado: 31/08/2004


 

EL NUEVO AMOR



El ser humano es el único capaz de inventarse no solo los sentimientos sino también sus cauces de expresión. El ser humano es un ser artificial por naturaleza, o por mejor decir, artificioso y teatral.

Durante un milenio, los seres de nuestra especie han reído, llorado, soñado y sufrido con un peculiar género literario, como lo llamó con su certera agudeza Ortega y Gasset, al que dió el nombre de amor.

Pero el amor idealizado y poético del que los europeos hemos estado enamorados durante un milenio no fué siempre así, ni lo es en otras culturas, ni según los indicios va a serlo en adelante entre nosotros. La desmitificación de la mujer que antes fué solo una propiedad, luego la hembra, más tarde un premio, después una poética ensoñación inalcanzable y una aspiración de perfección, para convertirse en compañera, ha marcado el acento de la peculiar relación entre el hombre y la mujer solos.

En Grecia y Roma las mujeres no fueron amantes sino madres, hasta que en los últimos siglos se convirtieron en concubinas y hetairas.

Lo más parecido a lo que luego hemos entendido por amor era la peculiar amistad que se establecía entre el hombre maduro, sabio y curtido, y el efebo admirador, modelado e instruído por aquel como por Pigmalión. Después, mal que nos pese, la mujer asociada a otras en el serrallo islámico forma parte de una suerte de ganado integrado por esposas y esclavas, que con sus hijos trabaja para el amo del que son patrimonio, si bien la dureza de su suerte se mitiga si su belleza le acerca a un personaje poderoso en cuyo harén se convertirá en un objeto de deseo y de placer. Una parte de la Humanidad permanece en ese estadio. Aun que también es cierto que eso del amor era un sentimiento reservado a los estratos cultos.

En las culturas monógamas y aún aquí entre nosotros, los padres elegían la pareja de sus hijos, hasta finales del siglo XIX, sin respetar la voluntad de los contrayentes y ateniéndose a un criterio de buen juicio, según el cual ''el trato engendra el cariño'' -nadie alude al amor- y no hay más de qué hablar, salvo, eso sí, de 'dotes', fincas y compensaciones.

La democratización del amor durante el siglo XX nos otorgó el derecho a elegir y equivocarnos sin ayuda de nadie. Pero tal vez no supimos mantener una actitud contenida que indujera a unas y otros a acercarse por sus pasos, otear, mirarse, observar, olfatearse, aproximarse y desearse algún tiempo. Grave error. Pero ya se sabe que la condición humana nos impele a obtener sin dilación lo que apetecemos.

Esa torpeza nos ha privado de gozar un ya imposible esplendor del amor, cuando habíamos conquistado o nos habían regalado el derecho a escoger y la facultad de administrar los sentimientos, nuestros actos y nuestros cuerpos, secuestrados por la neurótica moralina de los sexos.

Esa torpeza del niño que aplasta la mariposa cuando la coge para contemplarla, ha marchitado la ensoñación que surgió con el ''amor cortés'' cantado por los trovadores provenzales al descubrir lo que el apetito tiene de aventura. Pero de eso habremos de hablar en otra oportunidad.


Darío Vidal

31/08/04

 

       El nuevo amor (31/08/2004 22:59)


Publicado: 30/08/2004


 

LA INDEFENSIÓN DE LOS CUERDOS



Un imbécil ocioso ataviado con traje regional -''kilt'' marrón, chaleco verde y una boina bajo la que lucía una cuidada cabellera negra recién teñida- se precipitó luciendo sus lechosos muslos desmirriados sobre el atleta brasileño Vanderlei Lima, atajándole el paso cuando en el kilómetro trenta y ocho de la Maratón ocupaba el primer lugar de la carrera.

Tras un forcejeo en el que la policía y los espectadores lograron que lo desasiera, continuó la prueba nervioso y desconcentrado tras ser superado por sus dos inmediatos seguidores. ¿Puede darse por válida esta competición? Aún que esa es ya otra cuestión.

El caso es que un predicador estúpido, un clérigo orate de remate al que sus superiores han apartado, como este idiota reincidente llamado Cornelios Horan, puede alterar no ya la clasificación de una carrera sino también empañar la imágen de los Juegos y poner en evidencia a la Organización y los servicios de seguridad de un evento deportivo, como aquel Gran Premio de Fórmula Uno de Gran Bretaña. Porque -ustedes lo recordarán- éste pájaro, es el mismo que el 20 de julio de 2003 se lanzó vestido de irlandés a la pista de Silverstone sorteando bólidos lanzados a trescientos por hora. Quiero decir que este tipo es capaz de organizar una carnicería por un minuto de Gloria.

El andoba ha permanecido hasta hace nueve meses en la cárcel purgando aquella hazaña porque según los médicos no está loco, y anuncia en sus pancartas que ''la segunda llegada (de Cristo) está cerca'' como se desprende del comportamiento de Israel y otras señales e indicios anotados en la Biblia por los profetas. No digo que no tenga razón, vistas las cosas, pero sería cuestión de sugerirle que deje a la gente en paz los pocos momentos en que se siente feliz y solidaria, y vaya a anunciar su Mala Nueva a Nayaf, a Bagdad, al Capitolio, o más propiamente a Sharón que no le hará caso porque no es creyente. En Atenas se ha equivocado de ventanilla y ha cometido la maldad de empañar su excelente gestión en materia de seguridad. Pero está visto que si no las bombas, la infantería llega adonde quiere. Y un individuo determinado es capaz de hacer cualquier cosa.

Este debe ser un tema de reflexión de los gobernantes en este momento. Antes al que hacía estas cosas se le mandaba a Galeras para que se desahogase remando sin incordiar a sus pacientes convecinos o se le quitaba de en madio. Hoy no nos parecen proporcionales ni adecuados estos castigos, pero algo habrá que hacer para no vivir en perpetuo estado de sitio por culpa de una ínfima pero insufrible minoría que nos impide ver los fondos de los museos, asistir con despreocupación a un concierto, acudir a según que competiciones deportivas, o presenciar un acontecimiento público. La inmensa mayoría no tiene menos motivos de queja contra esta sociedad injusta, y no es justo que, por ellos, haya de dejarse cachear, escanear y radiografiar en los aeropuertos, investigada en el trabajo y se vea obligada circular según por que lugares entre filas de subfusiles erizados.

La manía de este fulano hirsuto que ataca vestido de bailarina, también es terrorismo. Y ningún terrorista debe andar suelto por la calle.


Darío Vidal

30/08/04

 

       La indefensión de los cuerdos (30/08/2004 19:59)


Publicado: 27/08/2004


 

SUN TSU, LA MORAL DE VICTORIA



Los Juegos Olímpicos no han sido un fiasco para los españoles porque han obtenido más o menos el número de triunfos previsto lo cual demuestra que el nivel de nuestros deportistas es más que decoroso aunque en una suerte de amarga broma del destino, no ha ganado ninguno de los favoritos. No está mal, porque eso quiere decir que poseemos más atletas valiosos de lo que imaginábamos, pero sería interesante preguntarse cuales son las causas de ese decepcionante comportamiento de los que suponíamos mejores. No es culpa suya, estoy seguro. Lo bueno de esas personas excepcionales es que no son arrogantes ni se duermen en los laureles como otros llamados deportistas.

Esa decepción colectiva que ellos padecen en primera instancia, es una constante en nuestros enfrentamientos deportivos. Y uno da en pensar que más que entrenadores necesitan psicólogos. Seguramente sus errores se fundan en una feble autoestima y en la excesiva presión que ejerce sobre ellos una sociedad que necesita superar un largo fracaso histórico. Cuando median solo cuatro décimas entre el primero y el que pierde, y el vencedor supera al derrotado por solo unos tantos, el factor que decanta la victoria no es ya el vigor ni la técnica, sino la fe, la convicción y una secreta energía interior que nos hace rechazar el fracaso como impensable.

El general taoísta Sun Tsu decía en su manual de Estrategia ''El Arte de la Guerra'' hace unos dos mil quinientos años, que ''el desorden del enemigo es consecuencia de nuestro orden oculto; su cobardía aflora por nuestro coraje, y su debilidad es consecuencia de nuestra fortaleza''. Algo que no pasa inadvertido a ningún táctico moderno. Como no ignora que quien aspira a vencer en la competición, en la carrera y en la ''agonía'' de la lucha, como dirían los griegos, debe usar únicamente ''las fuerzas ordinarias para quebrantar la voluntad y las fuerzas del rival, y reservar las extraodinarias solo para vencer''.

Los luchadores expertos se hacen invencibles a sí mismos y esperan el momento en que el rival sea vulnerable. Por eso la batalla se libra antes del encuentro y ''cuando el ejército victorioso entra en combate, ya ha vencido''. Es lo que podríamos llamar adquisición del talante de vencedor, la predisposición a confiar ciegamente en nuestro esfuerzo, nuestra voluntad y nuestra suerte. Cuando a Napoleón le proponían un subordinado para el ascenso, decía después de oir la enumeración de sus méritos: ''Eso está muy bien ¿pero tiene buena estrella?''

Pués bien, esa es la actitud que nuestros deportistas necesitan conquistar para no estar a expensas del albur. Después de prepararse, disciplinarse, sufrir y entrenarse con objeto de ser invencibles, no deben dudar de que son los mejores, ni permitirse temer que puedan perder.

Sugiero que competidores, entrenadores y seleccionadores lean al viejo Sun Tsu.

Darío Vidal

27/08/04






 

       Sun Tsu, la moral de victoria (27/08/2004 19:56)


Publicado: 25/08/2004


 

FRANCIA Y LOS ESPAÑOLES



Me declaro tributario de la cultura francesa, como supongo que se sentirán los franceses de la española, de la que han extraído mitos, asuntos y personajes. Es la proximidad. Supongo que unos y otros tenemos algo de que arrepentirnos, bastante de que acusarnos y cosas que reprocharnos desde la noche de los tiempos, porque nacimos unidos por el espinazo y eso no hay quien lo remedie. Compartir los frutos, los mercados y el aire genera odios y engendra amores, pero nunca indiferencia. Y esa ambivalencia se ha hecho especialmente patente en las dos últimas centurias.

Más allá del desdén hacia los emigrantes pobres de los años '60, y las posteriores quemas estivales de camiones con fruta española por los '80, el siglo XIX se inauguró con una sangrienta guerra de conquista y la apropiación de una parte relevante de nuestro patrimonio artístico y documental, y culminó en la primera mitad del XX con la traición al Gobierno de la República -cosas de la política- y el trato despectivo y vejatorio hacia sus altivos correligionarios españoles expulsados de la patria pero no vencidos, a los que no querían acoger y recluyeron en las playas de Argeles sur Mer, donde habían de protegerse de la intemperie por las noches acurrucándose en hoyos que arañaban con los dedos. A muchos de ellos los despacharon para Mauthausen, Auschwitz y otros campos de exterminio nazis, dando así testimonio de lealtad a los republicanos españoles y rindiendo vasallaje a los ocupantes, para congraciarse con ellos .

Pero aquellos quijotescos héroes de España se vengaron, sin pretenderlo, al ofrecer a Francia sus últimas energías y su sangre generosa luchando contra los invasores nazis y organizando por su cuenta aquella mítica y gloriosa ''Resistence'' de la que se enorgullecen y de la que se han apropiado ante la Historia, cuando fueron los españoles tan desesperados y tan lejos de casa, los que organizaban los golpes, ideaban la logística, encubrían a los informadores, perpetraban sabotajes, frustraban operaciones militares, y minaban la moral de los alemanes. No son palabras. Tanto en las ''quintas columnas'' como en la División del general Leclerc se hablaba español, y las primeras fuerzas que entraron en el París liberado estaban integradas por españoles, en las torretas de cuyos carros de combate se leían los nombres gloriosos de ''Teruel'', ''Ebro'', ''Guadalajara'', ''Toledo'', Belchite'', ''Madrid'' y otros evocadores de las gestas del atroz sacrificio de una España desgarrada que todos parecían despreciar. Yo he conocido al que instaló la imprenta que transmitía consignas y moral a ''les maquizards'' -o sea a los guerrilleros españoles y franceses-, y a otro que salvó la vida de milagro en el momento en que los nazis descubrieron que su grupo siempre olvidaba meter las cargas explosivas en las bombas que fabricaba.

Por todo ello, mueve a gratitud el homenaje que la teniente de alcalde parisina Anne Hidalgo ha rendido a aquellos idealistas ''macacos'' entre los que, por cierto, se hallaban sus antepasados. Un homenaje que el Estado español debería reconocerle adecuadamente a título personal, aunque no fuese más que para agradecer su entrañable españolidad. Porque la ''Mairie'' de París, el Estado francés y la sociedad francesa no han hallado ocasión aún, en sesenta años, de agradecer su sacrificio a los republicanos españoles. Una ingratitud que será un día motivo de sonrojo y que constituye el mayor baldón de su Historia.


Darío Vidal

 

       Francia y los españoles (25/08/2004 21:03)


Publicado: 24/08/2004


 

FABRICANTES DE CONFLICTOS



El político es, o debería ser, un profesional que dedicase su actividad a resolver los problemas colectivos que no son pocos, y no a inventarlos o alentarlos. Mas parece que no es ese su propósito.

Abordar una cuestión y darle cauce no es tarea fácil, pero colocar en la pared un trampantojo o proyectar una fantasmagoría en el aire con un hológrafo es mucho más sencillo. Y sobre todo distrae al respetable de sus problemas verdaderos y ahorra a los políticos quebraderos de cabeza, esfuerzo, reflexión, estudio, análisis, negociación, consenso y decisiones. Y lo que es más astuto, pueden resolverse o disolverse a voluntad.

Hacen nuestros supuestos representantes lo que nosotros cuando un niño llora para obtener algo: que chascamos los dedos en dirección contraria para que desvíe la mirada mientras apartamos el juguete y le damos un caramelo. ''¡Voilá!'' Asunto resuelto. Por eso no se resuelven las cosas y por eso existe un inacabable repertorio de argumentos y promesas utilizable cada vez que se presentan para volver a tomarnos el pelo. Siempre las mismas carencias, siempre las mismas cuestiones, siempre las mismas promesas, mientras sobreviven los añejos problemas no-resueltos, agrandados y enquistados como la sanidad, la inmigración, el desempleo, el terrorismo, y tantos otros.

A cambio los embaucadores profesionales ponen sobre la mesa el debate de un asunto tan acuciante como cuál debe ser el nombre que reciban a partir de ahora las comunidades autónomas, o si deben poseer policía propia, del mismo modo que tiempo atrás alentaron la discusión sobre la conveniencia de la multiplicidad de idiomas en el Congreso y el Senado, y el modo complejo de resolver el nuevo problema, con equípos de traducción simultánea que exigían copiosos medios técnicos y abundantes recursos humanos con objeto de que cada cual pudiera dar testimonio de su identidad territorial expresándose en bable, fabla, galego, panocho, romaní, valenciano, catalán, balear, aranés o euskara. Hasta que con los años llegaron a la conclusión de que la ocurrencia era carísima y que nos ahorramos mucho dinero hablando en castellano con el que nos entendemos muy bien. Pero algunos inacutos siguieron aquella cometa colorista como al flautista de Hamelin.

''Esta vez, sí''. ''¿Y por qué no lo hizo la vez anterior?'' -nos decimos. Pués, hombre, porque no podría volver a prometerlo ahora y sobre todo porque se quedaría definitivamente sin programa. (''Esta es una nación de naciones; estas son unas naciones de nación; estas son naciones de naciones; queremos la independencia; exigimos la autodeterminación; nos proponemos una federación no para federarnos sino para ir desfederándonos; queremos más representación en el país del que queremos disgregarnos; queremos que los dirigentes del país que no nos importa nos pidan opinión sobre qué hacer...'')

También existe otra causa: la falta de proyecto, que se asocia muchas veces a la incompetencia. El ser humano, que únicamente se justifica creando, ideando, construyendo y trabajando, experimenta una honda frustración si se descubre incapaz de imaginar un proyecto o incompetente para secundar alguno ya iniciado, y entonces traduce su contrariedad en odio ciego hacia todo y en un rencor invencible hacia quienes podrían acometer la tarea. Mas como el hombre está siempre inclinado, condenado casi, a dejar testimonio de su paso, si no es capaz de construir, destruye.

Todos guardamos el recuerdo de algún concejal que no hizo por su ciudad más que talar los árboles de una plaza, asfaltar los floridos y verdes perterres de un paseo, o hacer demoler un noble palacio renacentista. Es todo lo que pudo y supo hacer, o deshacer. Y el esfuerzo le dejó exausto e incapaz de alumbrar nuevas ideas. Descanse en paz.

Cuando esos águilas ocupan puestos de mayor entidad, el riesgo crece de modo exponencial, si no se dedican simplemente a enredar, que es lo menos malo. Pero para no resolver, no mejorar, no cumplir ; para no despejar las situaciones y complicarlas; para no resolver los asuntos y crear otros nuevos, no necesitamos ayuda. En Aragón tenemos una coplilla popular con toda la sorna y la retranca de la gente del campo, que dice: ''Pa las cuestas arriba quiero mi burro / que las cuestas abajo yo me las subo''.

Darío Vidal

 

       Fabricantes de conflictos (24/08/2004 19:52)


Publicado: 23/08/2004


 

FACULTADES DE GASTRONOMÍA



En Italia acaban de nacer dos Universidades de Ciencias Gastronómicas, que digo que deben ser Facultades, porque la Universidad se caracteriza por impartir plurales disciplinas y no solo una. Pero leo Universidades.

Hasta ahora ha habido alguna cátedra universitaria de Gastronomía, lo que parece muy puesto en razón para dotar a los profesionales que ya lo saben hacer todo, del apoyo teórico que consolida su largo conocimiento empírico. Pero una Facultad de este género se me antoja que no es más que una argucia para vender títulos de prestigio y devaluar a los buenos cocineros vocacionales y expertos que no sean famosos, si carecen de ''título'', que es ahora el gran salvoconducto de la mediocridad. De manera que aunque guise excelentemente nadie será reconocido si en la carta del restaurante no pone: Fulano de Tal, doctor en Coquinaria, etc, por la Universidad de Gastronomía de Pollenzo. ''No lo hace mal -diran los entendidos- pero no pasa de ser un aficionado''.

Cuando una actividad que tiene más de artesanía, intuición, oficio y arte pretende justificarse como Ciencia, corre el riesgo de agostarse entre la fronda de títulos y diplomas, para desvirtuarse por completo. Es verdad que a la cocina no le repugna la teoría, pero no debe pasar de unos textos orientativos genéricos y unos fundamentos de Física y de Química. Lo de más lo hace la entrega, el mimo, la repetición, el buen gusto y la fantasía del cocinero así como la permanente atención a su obra para ir corrigiendo perpetuamente.

Un doctorado en Repostería o Pastelería no garantiza el logro de un buen hojaldre como el que hace mi pastelero de cabecera, perteneciente a la tercera generación de profesionales enamorados de su oficio. No sé si me explico. Pero un cocinero puede preparar un guiso objetivamente perfecto sin que alcance un resultado brillante, y una ama de casa iletrada puede prepararlo de modo suculento. Esa es la cuestión.

El título supone hurtar al ámbito de la excelencia una noble actividad de prestigio secular para llevarla al campo de la rutina sometiéndola a jerarquías, obediencias, intrigas e intereses que no son precisamente los de los cocineros profesionales, en beneficio de los gestores del tinglado. A partir de esa nueva estructura de Poder, algunos diletantes supuestamente conocedores del asunto se postularán para los puestos de prestigio y aparecerá una élite de catedráticos, profesores, gurús, magos y entendidos que dictarán las tendencias y decidirán quién es bueno y quién malo, quien sabe o es ignorante, que géneros son nobles y qué productos despreciables, y pueden ustedes apostar a que los más sabrosos, saludables y elegantes serán, cada temporada, aquellos cuyos comercializadores sean más generosos con los sabios. Probablemente esta iniciativa es más peligrosa para la Gastronomía y para nuestro paladar que la comida basura, ya desprestigiada, porque es un ataque más sutil y está revestido de refinamiento, de cultura y de elitismo.

No puede extrañar que el instigador del negocio sea un italiano, un tal Vittorio Manganelli que debe ver crecer la hierba, y que las sedes se hallen en dos localidades italianas como Colorno y Pollenzo, en Parma y Cuneo respectivamente.

Aquí el que no corre, vuela.

Darío Vidal




 

       Facultades de Gastronomía (23/08/2004 21:01)


Publicado: 22/08/2004


 

***

EL VALOR DE LO NUESTRO



Es tan absurdo creerse el ombligo del mundo como olvidarse de que todos tenemos uno. Y tan ridículo renunciar a lo propio por creerlo inferior, como adoptar cualquier cosa foránea por considerarla mejor.

Al pronto tal vez estas afirmaciones sorprendan, pero los aragoneses arrastramos un oculto, un no reconocido sentimiento de inferioridad que nos induce a olvidar lo propio para abrazar lo ajeno. Y ese es un síntoma fatal de acabamiento y renuncia contra el que hemos de reaccionar porque un pueblo que olvida sus tradiciones acaba por morir. El antropólogo Mircea Elíade dice que que ''el olvido de las tradiciones es consecuencia de una desorientación que nos lleva a la pérdida de nosotros mismos''. Algo que nos enseñó hace muchos siglos el ''Dighanicaya'' hindú de modo más poético pero no menos estremecedor cuando advierte que ''los dioses se caen del cielo cuando pierden la memoria''.

No crean que estoy dejándome llevar por la retórica. El ''Saint Valentine's Day'' que hemos acogido con entusiasmo por suponerlo una tradición anglosajona -y por tanto a la última y de diseño-, tiene su origen en la fiesta de los enamorados que celebrábamos el día de San Valentín en la antigua Corona de Aragón como nos ha recordado el medievalista Martín de Riquer, aunque aquí la olvidamos hace siglos porque nos parecía demasiado local y pueblerina. Y qué les diría yo que no puedan contarles sus abuelos de los sobresaltos de la Noche de Difuntos, las calaveras de calabaza iluminadas por dentro con una vela titilante, los ensabanados fantasmas que asustaban a las chicas, los tenues ruidos sospechosos en la cuadra y los graneros, y tantas ingenuas ocurrencias por cierto nada irreverentes, destinadas aquel día a reirse y disimular el propio miedo, y evadirse también del ambiente opresivo de luto general, plegarias, sollozos, rosarios y campanadas lúgubres propios de aquella sociedad sinceramente piadosa asentada en una concepción profundamente religiosa de la vida.

Todo aquello se rechazó por paleto cuando la emigración a la ciudad hizo olvidar la riqueza expresiva de la vida rural de la que todo ha nacido. Pues bien, eso mismo es lo que hemos adoptado últimamente sin recelo como la última destilación anglosajona de la postmodernidad, con el estridente, grosero, patoso, desmedido y carnavalesco día de ''Halloween''.

Algún día, alguien nos descubrirá que los danzantes que en Tauste terminan la procesión encaramándose los unos sobre los otros para que el más pequeño haga su ofrenda a la Virgen, se convirtieron en las poblaciones catalanas de Valls y el Vendrell en ''castellers'' para competir en destreza prescindiendo de su origen piadoso, y averiguará que la llamada ''Tomatina'', esa batalla a tomatazos que libran desde hace solo unos años en la localidad valenciana de Buñol y que atufa a gamberrada, nació como una piadosa costumbre medieval en Tarazona, que aún pervive por fortuna, para no apedrear como hacían en un principio al preso que salía indultado el día de la patrona vestido de ''Cipotegato''.

Tal vez cuando eso suceda, los viajeros que llegan por azar hasta nosotros no se sorprenderán de que en Aragón también hagamos eso de los tomates o lo de construir ''castillos humanos''.

No se qué fué antes, pero mientras en Cataluña se conserva la tradición de regalar una rosa a la enamorada el día de San Jorge, en Alcañiz y puede que en algunos otros lugares de la Tierra Baja aunque carezco de datos sobre ello, ese día pese a no ser festivo era el escogido por los hortelanos para declarar su amor a la chica que querían. Sin mediar palabra le regalaban un ramillete o ''ramico de bienquerer'' hecho acaso toscamente pero con el mayor mimo, de las frescas, luminosas, abigarradas y alegres flores silvestres con que la primavera nos obsequia todos los años. Y la chica que aceptaba el obsequio, había dicho tácitamente ''Sí quiero''. Es difícil hallar tradición más bella, candorosa y poética. Pues bien, aunque ahora está recuperándose con la fiesta del Vencimiento del Dragón, se perdió hace más de cien años seguramente por pueblerina. Así somos y así nos va.

Lo mismo podría decirse del prestigio de la pizza americana, que no es más que una mala traducción -''traduttore, traditore''- de la original versión italiana, fraternalmente cercana a nuestras tradicionales ''tortas de recau'' del Bajo Aragón, elaboradas con pimiento tomate y jamón, o atún en aceite, o con fritada, o ''chirigol'', o cuanto a la masadora se le ocurriera incorporar. Aunque, en este caso, por fortuna, no hemos llegado a renegar de las sabrosas invenciones autóctonas. Mas ya ven lo que sucede al menor descuido.

Lo que no hemos logrado aprender aún a estas alturas en nuestra tierra, es que los pueblos no pueden vivir sin tradición y que las sociedades necesitan el arraigo de las costumbres para no disolverse, como advierte Mircea Elíade y recordamos aquí utilizando un pensamiento que ha pasado del universo culto al popular con la fórmula de que ''lo que no es tradición, es plagio''. Una expresión que parece una ''boutade'' ingeniosa si solo nos quedamos en la superficie, pero que apunta a una realidad tan vital como que cuando nos quedamos sin asidero identitario hemos de adoptar cualquier costumbre extraña para sobrevivir como comunidad.

Soy consciente de que estas reflexiones pueden parecer sutilezas de intelectual neurótico, pero la mera experiencia nos remite a una realidad contrastada. Dense cuenta de una cosa: en Aragón ya no se hace comida aragonesa ni en las fondas de pueblo, sometidas a un régimen estricto y generalizado de bistec con patatas. Dense una vuelta por Cataluña o el País Vasco y hallarán algunas de sus mejores invenciones culinarias en los restaurantes de mayor prestigio sin ningún género de complejos. Y no me refiero por ejemplo a un bacalao al pil-pil o a un pollo con langosta de la Costa Brava, sino a una ''porrusalda'' o una ''escalivada''.

Para empezar, en esos lugares comienzan por bautizar hasta a sus platos más modestos, absolutamente convencidos de su singularidad en ocasiones más que dudosa, por muy sabrosos que sean. Sin embargo, en Aragón hay que describir el plato generalmente para que nos entiendan, si es que lo tienen o lo saben preparar. Y cuando alguien les dió nombre no los conocen nuestros profesionales, pero no se les ocurra decirlo porque se enfadan mucho. Pídanles una ''firigolla'', un ''habarroz'', una ''zarracatralla'', un ''zambullo'', o una ''fritada''. En los primeros casos no sabrán a qué se refieren; en el último, prepárarse ustedes para cualquier sorpresa. Porque pueden servirles desde patatas con cebolla y berenjena; o cebolla, pimiento y tomate; o un plato de hígado, riñones, lechecillas y liviano de la matanza del cerdo. De modo que no se les ocurra decirle a un forastero que cuando visite Aragón pida una fritada porque nadie sabe -ni ustedes mismos- lo que le darán de comer, aunque esté muy rico.

Demanden una ''purrusalda'' en un ''txoko'' o el hotel más elegante de San Sebastián y les traerán con toda ceremonia una cazuelita muy bien aderezada, como si se tratase de un guiso de sesos de mosquito. Pero además si pedimos una ''purrusalda'' sabemos lo que vamos a tomar y vean que, pese a que sea un plato sabroso, no puede ser más modesto. Las patatas con puerro y un poco de abadejo espizcau ya las hacían nuestras abuelas sin pensar que fuera vasco y tuviera incluso nombre. Aquí era una cosa normal y nadie alardeaba de haber cenado ese guiso de pobre. Allí, no. Allí se jactan de él y hasta lo han bautizado.

¿Y qué decir de la famosa ''escalivada'' catalana a base de pimientos, berenjenas y tomates asados, con bacalao desmenuzado, que tanto celebramos y que puede solicitarse sin sonrojo en los mejores restaurantes? Bueno, pués resulta ser familiar muy próxima de la ensalada castellana de tomate, cebollas, ajo, bacalao y huevos duros aliñada con aceite y sal llamada ''pipirrana'', y de lo que en Aragón llamamos en unos lugares del Bajo Aragón ''chanfuz güertero'', en otros ''cebollas al calibo'' y en algunos de ninguna manera para ser más aragoneses, aunque consisten más o menos en los mismo o algo muy parecido: patatas, cebollas, puerros, ajos y a veces pimientos y hasta tomates asados al rescoldo, aliñados con sal y una buena chorrada de aceite del nuestro que, como decía Teodoro Bardají, una de las autoridades de la cocina en Europa entre el XIX y el XX, es ''oro líquido de los olivares aragoneses''.

Aquí, sin embargo, no nos servirían ese plato ni en las tabernas, aunque ya están ofreciéndonos la ''escalivada'' en los restaurantes elegantes, por puro mimetismo como ocurre con el Día de los Enamorados y ''Halloween''.

Hay pocos asados tan deliciosos y perfumados como las cabecicas al horno que condensan todos los aromas y sabores del cordero. Tan es así, que la cabeza se ha reservado tradicionalmente en todas las mesas del mundo a la persona de más respeto y dignidad que la ocupaba, y si se estaba entre amigos y pertenecía a un animal salvaje, al que lo había cazado. Pues bien, ahora la noble testa de la res ha descendido a los Infiernos para ingresar en la categoría indigna de la casquería: ahora está entre los despojos. No hablemos ya de nuestra tierra. Este glorioso asado de fiesta y alifara codiciado siempre como un bocado el más sabroso, raro y exquisito, no puede apenas hallarse.

Los restaurantes lo ignoran por populares que sean. Si usted pide una cabeza, el ''maitre'' abrirá desmesuradamente los ojos incrédulos y le replicará: ''aquí no hacemos de eso'', como si usted acabara de proponerle una cochinada, y le dejará corrido y avergonzado como si hubiera dicho una inconveniencia.

¿Se imaginan si en Francia tuvieran nuestro cordero? Pues si en Francia lo tuvieran comeríamos con delectación de papanatas las cabezas después de importar la carne a precio de oro. Pero es que, claro, los franceses además habrían creado una fuente especial para acomodarla y una vajilla especial para comerla con una cubertería especial diseñada ''ad hoc'' y una palanganita de plata con su toallita para humedecernos los dedos si nos manchábamos, como se hace con los mariscos.

Fíjense bien. El camerero se pondría unos impecables guantes blancos delante de nosotros para prepararla y los arrojaría a una cestita al terminar de trincharla. ''¿En cuantos trozos las quiere, señor? ¿Desea roerla o prefiere que extraiga la carne y retire los huesos?'' Delante habría tres, o cinco, o siete salseras con tres, o cinco, o siete preparaciones distintas. Y la gente iría a tal o cual restaurante según estuviese más o menos dorada o quedase más o menos jugosa, y porfiarían sobre las guarniciones adecuadas, y habrían seleccionado un género de vinos especialmente aconsejados para acompañarla.

Regresen aquí y comparen. Comparen esa actitud con la nuestra y su autoestima con la falta de valor que nosotros otorgamos a lo nuestro.

Si hallan un lugar en que la preparen, el comensal se sentará en un lugar apartado, casi clandestinamente, y se comerá la cabeza necesariamente a mano, metiendo los dedos, los ojos y la lengua, porque no exiten cubiertos adecuados y nos hemos olvidado de comerla. Antes forcejeará un buen rato para partir el cráneo en sus tres porciones, haciendo palanca y arriesgándose a que un trozo le caiga en la sopa al vecino. No hay ni una tenacilla, ni una pala, ni una cucharilla, ni un instrumento adecuado, que reste a este trance de inocente forcejéo la brutal apariencia de una actividad caníbal. Desde fuera es como contemplar de qué modo un ciudadano se merienda cruelmente a un semejante. Un espectáculo insoportable y horroroso.

Alguien musitará al lado: ''¡Que espanto!''. ''Qué asco'' -dirá otro. Y usted probablemente se deslizará bajo la mesa y saldrá reptando como los indios cuando dejen de mirarle.

Harían falta un cocinero audaz o un maitre provocador y desinhibido que se arriesgasen a descubrir nuestras cabecicas de cordero al horno para que las ponga de moda otro país, las descubran los norteamericanos y entonces sí, entonces las pagaremos gustosamente, las comeremos sin necesidad de perder la compostura, y cuando queramos ir de enterados y mundanos -de ''estar en la pomada'', vaya- invitaremos a alguien y le diremos: ''Te voy a llevar a un sitio al que suele ir a comer el Rey, para que pruebes una cosa que te puedes morir''.

Pero hasta que eso suceda, no habrá trenes que nos sirvan, ni carreteras que nos unan, ni autopistas que nos acerquen, ni seremos ''Comunidad Histórica'', ni volveremos a comer cabecica de cordero en Aragón.


Darío Vidal





 

       EL VALOR DE LO NUESTRO (22/08/2004 19:47)


Publicado: 20/08/2004


 

EL PRÓXIMO HOLOCAUSTO



El papel de profeta no es nunca agradecido. Los visionarios jamás se encaraman a los riscos para anunciar días de vino y rosas, sino jornadas de desolación y muerte. Incluso dar cuenta de las noticias infaustas y no ya vaticinarlas, ha llevado aparejada la muerte en muchas ocasiones, del mismo modo que comunicar una nueva venturosa se premiaba frecuentemente dando o pagando las ''albricias'' al mensajero.

No es por ello grato ni politicamente correcto anunciar a los judíos jornadas de infortunio, pero intuyo que va a desencadenarse contra ellos el más sangriento ''pogrom'' de la Historia. Porque los desmanes, las vejaciones y los crímenes perpetrados por su moderno ejército, adiestrado, pertrechado y equipado con el más moderno material bélico, contra la población civil de un pueblo desarmado, vulnerable y sin ejército ni Estado que combate únicamente con piedras y palos o con bombas de fabricación casera como el palestino, les ha enajenado la simpatía, la compasión y la proximidad de la opinión pública internacional.

Con el último gobierno del Likud, los sionistas han arruinado en poco tiempo la larga y eficaz campaña de propaganda que sus agencias de noticias, su prensa y sus productoras cinematográficas habían estado tejiendo durante años, hasta hacer sentir culpable al mundo entero y responsables a todas las naciones de las continuas persecuciones que ha sufrido el pueblo judío. Ahora, después de la provocación de Ariel Sharón paseando el día de oración por la Explanada de las Mezquitas de Jerusalén para desencadenar la última ''intifada'' cuando parecía que se estaba a un paso de la paz, muchos países han comenzado a revisar la Historia y a reconsiderar sus sentimientos de culpa. Cuando la víctima con que nos ha congraciado el victimismo se transforma súbita e inesperadamente en victimaria, naufraga nuestro universo de valores.

Ahora ya no importa que el capital judío se haya hecho dueño de América ni que siga extendido por el mundo para conjurar el peligro de la revancha, porque las guerras de nuestro tiempo no las dirimen los combatientes en el campo de batalla. El enemigo hoy se embosca en todas partes y el Islam ha aprendido del pueblo hebreo a diseminarse por los cinco continentes.

Matar a los hombres es el acto supremo de impiedad porque equivale a un deicidio. Matar a un semejante es acabar con Dios. Matar es siempre un acto blasfemo que termina pagándose con el alma. Mas, pese a todo, no es lo mismo la horda caótica que defiende desesperadamente sus olivares milenarios que ya no crecerán o lucha por sus hijos y sus casas cuando las excavadoras y los tanques las derriban, que un Estado que levanta murallas, practica lo que reconoce como ''asesinatos selectivos'', ametralla a los niños que arrojan piedras, y planea metódicamente la aniquilación de un pueblo. ''Caín ¿qué has hecho con tu hermano?''

Es incomprensible que el pueblo más antiguo del mundo, el pueblo de El Libro, el pueblo que se considera elegido por Dios y superior a todos, haya olvidado esta lección.

Darío Vidal.



 

       El próximo Holocausto (20/08/2004 11:48)


Publicado: 19/08/2004


 

PETRÓLEO Y MASOQUISMO


Ahora que había motivos para creer que el precio del petróleo iba a mantenerse en cotas razonables, visto que el imán Muqtada al Sadr ha decidido atenerse a razones en Iraq; ahora que el presidente de Venezuela Hugo Chávez ha comprendido que ganará cuantos plebiscitos se proponga siempre que siga produciendo crudo y no estorbe a EE.UU.; ahora que la OPEP había garantizado que mantendría sus compromiso para no dejar desabastecido el mercado y la rusa ''Yukos'' parece enderezarse, ahora precisamente, se ha disparado el precio del petróleo en Nueva York y avanza hacia los cincuenta dólares el barril, lo que puede significar una zancadilla para la economía mundial y una catástrofe para los llamados eufemísticamente países en vías de desarrollo.

Al parecer, si la oferta garantiza la atención de la demanda y no existen desajustes entre los dos polos del mercado, no deberían temerse alzas sustanciales. Pero no es así. Estados Unidos había planificado que los sucesos se produjesen según otro guión y no contaba con que tomaran este derrotero, de modo que ha enmendado la plana a la realidad para conducirse según había previsto, y está subiendo artificialmente los precios. ¡Solo faltaría que una guerra iniciada con este propósito, no sirviera a los intereses de las empresas petroleras más voraces, entre las que se encuentra la familia Bush!

Lo dificilmente explicable es que los demás paises se avengan a esa suerte de tutela, por no llamarla ''raket'' o extorsión, y no tome decididamente la dirección de las energías renovables que supondrían en buena medida su independencia del dólar. Algunos comienzan a pensar que si Europa no sirve tampoco para eso, no sirve para nada.

Se han dicho muchas tonterías sobre combustibles milagrosos como aquel oxígeno obtenido por hidrólisis que resultaba creo que cuatro veces más caro que el petróleo, pero, al parecer, existen también proyectos razonables muy avanzados e incluso los petroleros estadounidenses han comprado ya alguna patente viable para que nadie les haga la competencia. Los hay fundados en la pila eléctrica, las placas solares, la generación de hidrógeno a partir del aire, y otros varios como el alcohol para locomoción obtenido a partir de los azúcares de la remolacha, con el que ya funciona una parte no desdeñable del parque automovilístico de Brasil.

¿Por qué no adoptar ya una solución eficaz, en lugar de aceptar con pasividad masoquista una dependencia colonial? Pues porque a algun sector financiero importante de las ''colonias'' le resulta muy rentable. Pura pestilencia.


Darío Vidal

 

       Petróleo y masoquismo (19/08/2004 13:51)


Publicado: 18/08/2004


 

PIRÓMANOS EN LIBERTAD



Los pirómanos tienen una naturaleza evanescente, una condición etérea y gaseosa como las llamas que provocan. Nadie los halla y si los atrapan, los liberan pronto como ese juez que ha dejado en la calle aunque con cargos -faltaría más- al autor de los cuarenta y dos incendios que se han declarado en Pontevedra durante los últimos treinta días. Sin embargo el angelito que ha prendido fuego a quince bosques en Orense -que tampoco está mal- lo han guardado bien guardado hasta nueva orden.

Desconocemos las eximentes que puede haber alegado aquel, pero una ley que consiente interpretaciones tan flexibles tal vez no sirva para nada. Es cierto que la aplicación de la norma es algo que compete a los magistrados en función de las circunstancias y la naturaleza del encausado, que pueden variar sustancialmente. Un juez no debe plegarse al dictado maquinal de la ley, pero cuando la gravedad de los hechos afecta a la totalidad de la sociedad porque constituyen actos criminales contra la flora, la fauna, la propiedad privada, la seguridad de los vecinos y los bienes de una comunidad que es tanto como decir el patrimonio de los hombres, no se puede -o no se debe- ser ni tolerante ni indulgente.

Es cierto que estos individuos no son el último eslabón de la cadena pero eso no les exime de la culpa. Hay que neutralizarlos para siempre, sancionarles y penarlos, para remontarse hasta la cabeza y aplastarla sin piedad

España está perdiendo masa forestal, hay zonas por las que avanza ya el desierto a razón de un metro por año y eso es inasumible. Israél está plantando árboles y explotando huertas en lo que ha sido desierto y ya ha modificando la meteorología y la pluviometría de la zona, mientras nosotros dilapidamos nuestros bosques como si nos sobrasen.

Un incendio no es la gamberrada del ratero que le hurta la cartera a un paseante, sino un crimen contra todos, en cierta medida comparable a una acción terrorista y de efecto aún más duradero, porque atenta contra la vida de todos en una u otra medida. ''No sabemos aún qué vamos a hacer porque aquí ya no se puede vivir -decía estos días a la televisión un hombre desolado y lloroso en medio de un paisaje aún humeante-; no lo sé, habremos de irnos de aquí porque no tenemos vida para esperar cien años a que el bosque crezca''.

¿Quién encubre a los que incendian, quién oculta a los que pagan, quien esconde los motivos puesto que hay más de uno, y por qué las más de las veces no se aclara nada? ¿Por qué cuando se detiene a un pirómano se le pone en libertad? ¿Qué es lo que los incendiarios callan?

Esas catátrofes anuales debieran ser el motivo de una futura y exigente investigación parlamentaria.

Darío Vidal


 

       Pirómanos en libertad (18/08/2004 18:30)


Publicado: 17/08/2004


 

EL ARTE COMO MEDICINA



Hace unos años, durante la Guerra Fría, hubo un grupo de gallinas con sensibilidad, algunos ganados de ovejas responsables y ciertos hatos de vacas disidentes de las Bardenas Reales, en la frontera navarroaragonesa, que se declararon en huelga y dejaron de dar leche y poner huevos. Un raro fenómeno al que se terminó por encontrar explicación. Era una época en que los cazabombarderos supersónicos del mundo Occidental, cristiano y culto, se ejercitaban en el vuelo a baja cota para sorprender si era preciso a las fuerzas del Mal que anidaban al otro lado del Telón de Acero. Algo después, aquella huelga epidémica se extendió a amplias zonas de Alemania e Italia.

Ocurría que los fieros guerreros celestes, unos con centro en Zaragoza y otros en distintas bases aéreas norteamericanas del Continente, no solo hacían rugir sus motores a toda potencia día y noche, sino que además rompían la barrera del sonido tantas veces como despegaban, con un horrísono y ensordecedor latigazo cósmico. Y los animales, más sensatos que los hombres, se negaron a trabajar en aquellas condiciones. Los expertos diagnosticaron que aquello era ''estrés sónico'' y se quedaron tan tranquilos, pero los ganaderos comenzaron a pedir indemnizaciones. Y el lenguaje del Euro es un esperanto que todo el mundo entiende.

Entonces los científicos dedujeron que si las bestias son sensibles a los ruidos agresivos también deben serlo a los sonidos gratos y comenzaron a poner música en los ponedores. Efectivamente aquello fué ''mano de santo'', pero lo que resultó ya realmente espectacular fué la música de Mozart. Cuando lecheras y ponedoras escuchaban -porque escuchaban con arrobo y no se limitaban a oir-, una sinfonía del mago de Salzburgo, se volcaban generosas en su menester, se licuaban y se derretían de sentimiento.

Luego se descubrió que el canto gregoriano daba paz, templaba los nervios y remansaba el espíritu de modo tan eficaz que algunos psiquiatras lo ponían en sus consultas y lo prescribían a sus pacientes junto a los ansiolíticos y los antidepresivos, con excelente resultado.

La última noticia feliz que nos dejaban ayer los teletipos es que la lectura en voz alta de los hexámetros de ''La Odisea'' de Homero previene la hipertensión arterial y restaura el exacto latir del corazón cuando se producen arritmias. Eso es lo que acaban de manifiestar los profesores Dirk Cysarz de la Universidad de Witten (Alemania) y Dietrich von Bonin de la de Berna (Suiza), corroborando la teoría avanzada por François Haas, director de rehabilitación cardiopulmonar de la Universidad de Nueva York, quien ha descubierto que los ''mantras'' del yoga y ''el rosario'' católico dicho en voz alta, esto es ''los sonidos místicos'' como él los llama, restablecen además el equilibio orgánico.

No sé hasta qué punto la oportunidad de los Juegos Olímpicos habrá favorecido esta revelación relacionada con el mundo griego, pero está claro que la estridencia de la discoteca no induce sino a excitarse y pelear.

Algunos hemos pensado siempre que este mundo no puede salvarse si no es por la Cultura.

Darío Vidal

 

       El Arte como medicina (17/08/2004 19:24)


Publicado: 16/08/2004


 

NATALIDAD CERO



Los políticos y las estadísticas nos recuerdan con frecuencia que somos el país menos fértil de Europa. De aquellas familias atrasadas, anticuadas, incultas, subdesarrolladas e imprudentes de tres y cinco hermanos de las que algunos se averganzaban -''Ya sabes, la religión y el atraso. ¡Eran otros tiempos!''- hemos pasado a las del hijo único -''¿A ver si es que no valemos?''-, o ni eso. Y en este inicio del glorioso XXI andamos ya en la ''azoospermia'', la ''disfunción eréctil'' llamada en otro tiempo pájaro muerto, y quién sabe que otras mil atrocidades.

Lo más grave es que en unos años, no habrá quien cobre la pensión, o la cobraremos gracias a las aportaciones de los emigrantes y sus hijos a los que algunos desdeñan. Y lo menos grave pero sí desolador es que no sabremos si ha ganado la medalla un español en las Olimpiadas. Porque esos vulgares y entrañables Martínez, Fernández, Pérez y González que nos proclaman hijos y descendientes de un Martín, un Fernando, un Pedro o un Gonzalo, hidalgos a cuatro vientos o peones de Infantería forjados en la reconquista de Valencia o de Granada, van a ser sustituídos por otros no menos honrosos seguramente, pero absolutamente impronunciables, desconcertantes y ajenos a nuestra tradición como Schligting, Zhivanevsko, Uematsu, Hendricks, Verstringe, Matsu, Deferr, Duisevaiev y otros por el estilo como el del propio secretario de Estado para el Deporte, don Jaime Lissavetzky, o Zhiwen He mismamente. De manera que los que no estén en la pomada preguntarán: ''¿Y entonces ha ganado un alemán, un ruso, un japonés...?''. ''¡No, hombre, que es español! ¡Que no te enteras, Contreras!''

Así es que si no tenemos más niños, nos vamos a diluír en el magma proceloso de la globalización apellidesca. Pero la culpa no es de las parejas malheridas de amor, que quisieran dejar muchas reproducciones en miniatura aunque no fuese más que para perpetuar su amor, ese accidente cada día más frágil, sino, como casi siempre, de los políticos que gravan la paternidad no por mala fe sino por incompetencia, con toda suerte de penalizaciones, tributos, gabelas y castigos.

Hay parejas con hijos que fingen un divorcio para poder sobrevivir y otras menos vocadas a la paternidad que renuncian directamente a procrear y se protegen con una hipoteca y bonos del Estado. Así estamos llegando a la Natalidad Cero y a delegar nuestra participación en las Olimpiadas.


Darío Vidal

 

       Natalidad Cero (16/08/2004 18:11)


Publicado: 14/08/2004


 

OLYMPIAKÓN AGÓN



Puede que uno sea un gilipollas. Es probable. Pero ver tornar los juegos griegos a Atenas, oir el himno olímpico de las nuevas olimpiadas del Barón de Coubertain, y descubrir que esa tierra fragmentada por el mar que parió a Europa, la Europa verdadera, la de toda la vida, la denostada, la humillada, la humilde, la pobre, la inculta Europa del sur, ha triunfado antes de que se inicien las competiciones, me ha llenado de júbilo como si la Hélade fuera nuestra tierra, que lo es, o nosotros fuéramos de ella, que lo somos, porque sus marinos y sus comerciantes llegaron hasta nosotros antes aún que los romanos, a veces a favor del viento y otras remando esforzadamente en busca del Jardín de las Hespérides y se establecieron en múltiples colonias desde Emporion a Gades, cuyas bellas, dulces, insinuantes y lúbricas bailarinas tartesas seducían a los valerosos marinos griegos y acaso retuvieron al propio Odiseos –o Ulises como nosotros le llamamos- aunque Homero las convirtiera en sirenas engañosas de acceso desesperante e impracticable, para enfatizar con sublime instinto poético la pasión imposible, demoledora y destructiva.

Mientras la torpeza, la estulticia, la incultura, la intransigencia, el odio, la crueldad y la impotencia de los terroristas siembran la muerte y atizan el enfrentamiento y la guerra, emociona alentar la esperanza, ingenua y acaso imposible, de que un día los hombres se enfrenten, solo en la palestra, para jugar, competir y compartir fraternalmente la pugna y la victoria entre risas y amistad. Como esta noche pasada en el Estadio Olímpico de Atenas.


Darío Vidal



 

       Olympiakón Agón (14/08/2004 01:58)


Publicado: 13/08/2004


 

SITIO A LA CIUDAD SANTA



Únicamente la incultura superlativa, la ignorancia más arrogante y una torpeza política inconcebible incluso en un alcalde pedáneo, pueden llevar a George Bush a bombardear mezquitas y arrasar centros religiosos en Iraq. Solo una total carencia de imaginación puede impedirle representarse lo que significa para un ''creyente'', y más un integrista, la destrucción de su templo, por no hablar de lo que representa violarlo y profanarlo. Y nada más que el descreimiento, no desmentido por las reiteradas invocaciones a Dios tan gratas a los emperadores del Imperio, puede ignorar el dolor y la desolación que experimentan los fieles cuando ven amenazada la tumba de un profeta, como la del Imán Alí, familiar de Mahoma, en la ciudad de Nayaf. De igual manera que solo un racista 'in péctore' -como los que creían que las mujeres carecían de alma- puede suponer que la gente de otra civilizacion, otra raza u otra religion no siente hasta el desgarro que bombardeen el cementerio en que reposan los restos de la gente que amó y de sus antepasados desde mil años atrás.

Poco importa que se refugie en ellos un personaje turbio como ese clérigo llamado Al-Sadr, de mirada cruel, lasciva, torva, vidriosa y fugitiva. Hay modos más inteligentes de neutralizar una provocacion como esa -que tiene por objeto consolidar el odio hacia Occidente-, sin necesidad de astillar huesos y aventar las calaveras de los muertos sepultados hace cientos de años, entre nubes de cenizas piadosas, con misiles dirigidos. Pero el consumismo es enemigo de la política, y no se trata tanto de restituir un orden vulnerado por quienes dicen pretender reimplantarlo, como de experimentar nuevos ingenios bélicos y gastar el material envejecido, para que el Pentágono encargue a la industria nuevas remesas de armamento. Puro mercantilismo. Nada importan las vidas, nada las creencias, nada el espíritu, representado por los esbeltos minaretes, los polícromos mosáicos y los encajes de las yeserías centenarias. No son más que blancos, dianas, objetivos. Pero son también fermento para el desprecio del mundo civilizado y la semilla del odio eterno e inacabable del Islam y de un pueblo que no olvida.

Ese Bush zafio, chapucero e incompetente, va a dejar a su país una herencia, o una hipoteca, que tal vez nunca pueda ya saldar.


Darío Vidal


 

       Sitio a la ciudad santa (13/08/2004 17:06)


Publicado: 12/08/2004


 

VICTOR PAIVA Y SU PAPÁ



Si un extraterrestre pudiera observarnos a su sabor, se quedaría perplejo por la impredecible complejidad de ese extraño primate llamado hombre. Por mucho que nos parezcan extrañas las reacciones de los animales seguramente por falta de atención, resulta menos comprensible el comportamiento de esos seres ''ni buenos ni malos sino todo lo contrario'', que se califican a sí mismos complacientemente de racionales, cuyo humor puede oscilar caprichosamente desde ese sentimiento que es pura destilación del amor y que llamamos compasión, a la falta de empatía hasta alcanzar la crueldad, el egoismo y la iniquidad, unas veces siguiendo ciegamente la azarosa combinatoria genética y otras por la sugestión del contagio.

Ahí tienen el caso de Víctor Daniel Paiva y su papá Juan Pío, los amos del hipermercado ''Ycuá Bolaños'' incendiado en Asunción, Paraguay, que condujeron al cielo de su mano a cuatrocientas veintises personas -mas del doble de nuestros asesinados del 11 de marzo-, muchas de ellas niñas, al hacer bloquear las salidas para que nadie se fuera sin pagar. Un trágico balance de naufragio, de terremoto, de accidente aéreo, de catástrofe telúrica, que no debió conmover su corazón empedernido ni les servirá probablemente para curar su avaricia, aprender humanidad, entender la fraternidad ni obtener el don de la compasión.

El padre intentó ahorcarse, nadie sabe si por remordimiento o por temor cuando conoció la magnitud de la tragadia, en tanto que El Niño -le llamaban así aunque tenía fama de cruel, despiadado, frío y vengativo- decía ante las televisiones que no debía de dar cuenta a nadie más que a Dios. Veremos si los hombres son de la misma opinión. De momento han tenido que aislarlos para impedir su linchamiento.

Dicen que los Paiva eran despreciados por su tacañería, su mezquindad, y su obsesión paranóica de ser robados, estafados, engañados y burlados. Todos los ingredientes necesarios para desencadenar la catástrofe, primero por ahorrarse el dinero del mantenimiento de las instalaciones que se incendiaron, y después por atrancar las salidas para que nadie se fuera, dedicándose a recoger afanosamente las monedas de las cajas en lugar de socorrer a los quemados y sacar a los que se estaban asfixiando.

No fué un descuido, no fué imprevisión, no fué imprudencia, no fué pasividad, no fué atolondramiento. Mientras los sobrevivientes pugnaban por arrancar de la muerte a los atrapados y los que se hallaban en la calle aporreaban con barras las puertas de cristal blindado, inúnilmente, para que salieran los que se agolpaban contra ellas agonizando, el Niño gritaba a los de seguridad que no dejasen escapar a nadie.

Y cuando la policía lo arrancó a empellones de su tarea, lo último que se le oyó decir dirigiéndose a los guardas de seguridad fué un crispado ''¡Saquen la plata, bribones!'', firmando así el innoble retrato de un sujeto despreciable, mezquino y repulsivo.

Darío Vidal



 

       Víctor Paiva y su papá (12/08/2004 19:26)


Publicado: 06/08/2004


 

''AMIGOS PARA SIEMPRE''



El señor Zapatero ha debido ser ''boy scout'' o tenido vocación de serlo, lo cual no es malo sino todo lo contrario hasta que llega la pubertad. Después hay que desembarazarse de la ingenuidad y el candor, aunque no sea más que para prevenir las feroces tarascadas de la malevolencia y la insidia. Porque no se sabe si este mundo es el mejor de los posibles, pero no es bueno. Y eso es algo que no debe ignorar un político.

Le llamaron ''Bamby'' maliciosamente los de su propio partido, para significar el desvalimiento de quien se postulaba confiadamente y en solitario como candidato a la Secretaría General, una viborera de la que emergió indemne, para acceder a la jefatura del Gobierno de la Nación probablemente sin romperse ni mancharse, tras un oscuro episodio en el que anduvieron listos unos cuantos fontaneros y un avieso mozo de estoques con más mili que Cascorro.

Probablemente la secuencia de esos hechos hizo pensar a un ciudadano bienpensante que se puede gobernar con buenos deseos. Así es que sonríe y va diciendo que sí a todo, sin prever que habrá mañana y que octubre vendrá cargado de facturas. Tal vez pudiera ser esa la inauguración de una manera angélica de gobernar, pero por desgracia no es así porque el señor Zapatero no gobierna, lo que no puede sorprendernos porque mal puede hacerlo quien no es capaz de poner orden en la propia casa.

Las llamadas ''distintas sensibilidades'' del partido para no reconocerlas como ''tendencias discrepantes'', barren cada cual para su barrio sin un director que las haga sonar como una orquesta, mientras Patxi López da de comer en la mano al PNV, y el eterno fracasado a la presidencia de la Generalitat Pasqual Maragall, aupado esta vez por los que nunca pudieron soñar con ser Gobierno, se vale del chantaje y la amenaza para sosegar su contrariada megalomanía, nacida a la manera de Yeltsin.

No hay que ser un tirano para concertar a un partido. Basta con arrojar la basura, recordar los principios, ordenar las estancias y proponer unas metas. Nada se hace con debilidad, blandura y sincretismo. No todo es posible al mismo tiempo. Hay que elegir. No es posible decir sí a Ibarretche y a Ybarra y a Maragall y a Bono y a ''Nunca Mais'' y a Teodoro Obiang y a la oposición guineana y a Argelia y al parásito Marruecos incumplidor y voluble, y al Plan Backer sin participación del Polisario, y al Sahara Oriental y a Caruana y a Bush y a Blair y a Gibraltar uno o compartido, porque son fuerzas centrífugas que lastran y desgarran. Es bonito 'Amigos para siempre', pero la amistad debe ser recíproca. Y es tan lícito el sí como el no.

Una comunidad sin proyecto no va a ninguna parte. Y si Zapatero no lo aprende pronto va a fragmentar y hundir a España y atomizar su partido. Se halla en una situación de vida o muerte.


Darío Vidal


 

       Amigos para siempre (06/08/2004 18:06)


Publicado: 05/08/2004


 

INTELECTUALES SIN COMPROMISO


¿Cómo sabe Anasagasti que Gibraltar no importa a los españoles si él ha manifestado mil veces que no es español? Y no siéndolo ¿qué puede darle a él que les importe o no? En ese punto ha sido más coherente su jefe Ibarretxe en la conferencia que acaba de pronunciar en los cursos de El Escorial -¡serán masoquistas los de la Complutense!- diciendo que no es posible participar en un proyecto que no coincide con el proyecto de los vascos y las vascas.

Lo mismo que un portavoz de ERC cuando afirmaba que ''no se sienten ni por asomo ligados a la tradición del Estado español'' por lo que ''no están ni emotivamente implicados en este asunto''. Postura que comparte de modo vacilante el diputado en Cataluña del señor Llamazares, o de lo que queda de IU.

Resulta más sorprendente que la secretaría de Política Internacional del Partido Socialista manifieste ahora que su formación no interpreta como ''una provocación'' la visita del secretario de Defensa inglés al Peñón, después de que Trinidad Jiménez mostrase días atrás una decorosa indignación ante esa afrenta. Pero debe ser que El Talante va a imponerse en Gibraltar. El señor Zapatero va a darles un buen chasco a los ingleses demostrándoles que para flemático, él. De momento ya nos ha dicho que ''vamos a darnos un poco de tiempo sobre Gibraltar''. Que es lo que llevan haciendo los ingleses desde hace tres centurias. Y en septiembre va a desconcertar por completo a Blair. Va a decirle: ''Amigo, si ustedes no tienen prisa, yo aún menos. Veremos quién se cansa antes''. ¡Toma esa! No se la esperan y va a dejarles turulatos.

Ya verán cómo vamos a reírnos. Sobre todo ellos. Mas como a ''la mayoría'' de los españoles no nos ha parecido ''adecuado'' este comportamiento -¡olé energía!- va a proponer un diálogo desde la tranquilidad y la prudencia, o sea lo mismo que con Maragall, con Ibarretxe, con la Iglesia y con todos. Y a los españoles comienzan a temblarles las carnes.

A la mansa multitud le han dicho que la Política es el arte de lo posible -valiente tontería-, pero como no es tonta, reclama asideros: un pensamiento, una idea, una línea de actuación de la que carecen sobre todo los políticos. Una verdad, aunque sea modesta, que imprima significado a nuestra acción.

Antes asumían la defensa de la sociedad y se responsabilizaban del debate esclarecedor, los intelectuales: una gente a la que el compromiso ético, la dedicación intelectual, la actitud reflexiva, la vocación de diálogo, la abarcadora formación humanística, la amplitud de miras, el comportamiento insobornable con sus semejantes, la independencia ideológica y su acrisolado patriotismo, les habían dotado sin ellos pretenderlo de, una autoridad y un crédito moral que hacían relevante, deseable y, a veces imprescindible, su opinión sobre las cuestiones de Estado.

Nosotros carecemos de ellos desde la generación del 27. Albert Camus y Jean-Paul Sartre tal vez fueron los últimos en Francia. Eran una especie aparte que se exponía incluso a riesgos físicos por la verdad. Hoy con el descrédito del pensamiento y la entronización del dinero como valor supremo, han desaparecido. Y los que deberían asumir esa tarea pacen mansamente en el pesebre de los partidos. ¿Quién va a exigir dignidad internacional y rectitud política a los distintos grupos y quién excitará nuestra rebeldía de ciudadanos burlados? Podemos esperar trescientos años.

Darío Vidal

 

       Intelectuales sin compromiso (05/08/2004 21:07)


Publicado: 04/08/2004


 

CÓMPLICES DEL TERRORISMO


No sé si ustedes conocen aquel de los mozos desocupados y ociosos que dejaban pasar la tediosa tarde de verano entre bostezos, a la sombra del roble de la Plaza, y se jugaron una merienda a que nadie entraba a la iglesia a confesarse. Venció el más audaz y al salir lo rodearon los amigos: ''¿Qué tal, qué tal?''. ''¿Qué le has dicho, qué te ha sacado?''. ''Nada, ya os dije que yo no iba a cantar nada. Pero sin embargo él me ha dado unas referencias magníficas porque cuando le argumentaba que se dice el pecado pero no el pecador, me preguntaba: Vamos a ver ¿no habrá sido con fulanita? ¿O era menganita, la hija del boticario? ¡Y así, hasta diez que no sabía!''

Bien, pues así está haciendo el amigo Bush con los terroristas, al sugerir a los ciudadanos que no pasen cerca de tales edificios, que lleven cuidado con las aglomeraciones y procuren dispersarse, que tomen precauciones con tales productos y dando ideas sobre lugares peligrosos y acciones arriesgadas, por si aún no se les había ocurrido a los criminales.

El señor Bush lo da todo por bueno, desde las advertencias imprudentes a ese alarmante ¡que viene el lobo! capaz de neurotizar a la población, o la manipulación de informaciones obtenidas por los servicios secretos antes de la matanza del 11 de septiembre, que ahora carecen de valor. Es una política capaz de provocar males peores de los que se dice pretender conjurar, pero, en fin, todo sea por la reelección.

La Administración estadounidense está haciendo -como ha sucedido en casos recientes- lo contrario de lo que debe hacer un Gobierno en situaciones análogas. Así es que en lugar de emplear sus recursos en prevenir e investigar evitando difundir noticias alarmantes entre la población, ya que el ciudadano indefenso ha delegado en el Estado la responsabilidad de velar por él, le advierte de que en cualquier momento puede morir a manos de un grupo terrorista. Y el que avisa no es traidor.

Es una forma inmunda de eludir la responsabilidad y de trabajar por la reelección aterrorizando y convirtiéndose así en cómplices del terrorismo.


Darío Vidal

 

       Cómplices del Terrorismo (04/08/2004 20:54)


Publicado: 03/08/2004


 

DEAR WATSON



Hoy se ha perpetrado esa exhibición de deslealtad del Gobierno de la Gran Bretaña a todos los españoles, consistente en conmemorar con ostentoso alarde el tricentenario de la ocupación de Gibraltar. Una hazaña que harían bien en ocultar porque no fué una conquista gloriosa sino la ocupación rapaz y poco honrosa de una ciudad amiga, por un ejército que se había ofrecido a apoyar las pretensiones de uno y otro pretendiente al trono de España, y se se estableció en ella burlando los acuerdos en plena contienda.

En estos meses en que ha ido anunciándose la secuencia de los actos para más ludibrio, prediciendo desde la visita de una princesa gobernando aún el señor Aznar, a la escala del submarino nuclear ''HMS Tireless'' de infausto recuerdo, ha ido creciendo el rechazo, tal vez en exceso moderado de la gente de la calle, hasta que hace un par de días fondeaba la fragata ''HMS Grafton'' y ayer el secretario de Defensa señor Hoon acudía para festejar un acto de piratería perpetrado hace ya trescientos años para nuestra vergüenza.

En este tiempo se han oído y leído protestas más o menos tibias y una advertencia poco creíble de nuestro Gobierno dada su incierta firmeza. Pero no ha ensayado nadie un análisis.

¿Cuál ha sido la razón de la sinrazón que se nos ha inferido, como acaso diría Don Quijote? Nadie piense que sea producto de una rabieta ni fruto de la improvisación. Nada en las cancillerías se deja al azar. ¿Qué justifica que Gran Bretaña no haya vacilado en ofender a todo un pueblo, que se proclama y conduce como amigo a pesar de ese agravio centenario que no cesa? Lo justifica la falta de consideración que le merece la actitud sumisa de España y su poca determinación para obligarle a cumplir los reiteradas resoluciones de las Naciones Unidas. Esa puede ser la causa eficiente ¿pero cuál es la causa final de este comportamiento y a quién beneficia? ''Cherchez la femme''.

Nuestro amigo el señor Blair, nuestro amigo el amigo del señor Aznar que tan mal escoge sus amistades, necesita hacer olvidar los informes que atribuye al M 16 respecto de las armas de Iraq y se halla en la cota más baja de popularidad. Necesita hacer un gesto de patriotismo pero nadie en el mundo le admitiría una afrenta así. Y se la hace a España porque le sale barata y la tiene más cerca. Elemental, querido Watson.

No va a servirle de mucho porque su suerte está echada.

Incluso el Gobierno de los EE.UU. ha declinado participar con varias unidades de la ''Navy'' en los actos a que les invitó Caruana por indicación de Blair.

Pero nosotros hemos aprendido hoy que no es higiénico vivir por más tiempo en la vergüenza de sí mismos; que no es decente morir despreciándose; que no estamos dispuestos a sobrellevar más vejaciones y que no queremos desear no ser nosotros.

Aspiramos a no tener que refugiarnos en nuestras ''nacionalidades'', y sentir de una vez el orgullo y la carga de ser españoles.


Darío Vidal


 

       Dear Watson (03/08/2004 20:42)


Publicado: 02/08/2004


 

TEMPLOS AGREDIDOS



Sinagogas, iglesias y mezquitas estan siendo objeto de la furia de los hombres. Las tres religiones monoteístas inspiradas por el colérico, vengativo e implacable Dios de Israél siguen enfrentadas. Qué es lo que tan mal hemos entendido de Dios para que continuemos matándonos en su nombre y a mayor gloria del Creador, como si necesitase nuestro incienso manchado por la sangre siempre inocente de los fieles.

El domingo mismo fueron atacadas cuatro iglesias en Bagdad y otra en Musul. Iraq y Afganistán inauguraban así la matanza de cristianos. Veinte muertos y más de cincuenta heridos a mayor honra de Alláh.

Cuando la ambición de poder, la apetencia de dominio, las pasiones más bajas y los intereses económicos toman el nombre de Dios, el ángel de la muerte anuncia el galope de los Siete Jinetes. Jahvé, Dios y Alláh debieran pronunciarse del mismo modo para que no cupiera ni el equívoco de la lengua, comunmente empleada para desentendernos. Pero el Ser Supremo no es el culpable sino un pretexto de los hombres para matar a sus hermanos. El más eficaz probablemente. Tal vez la demostración más contundente la exhiba el Cristianismo, que llegó a enzarzarse en interminables y crudelísimas Guerras de Religión aún practicando la misma y adorando a un Redentor humilde y manso que predicaba el amor.

Mas cuando se disipan el humo y el olor irritante de la pólvora, queda demasiadas veces la huella de los servidores del altar en el campo de la devastación. Como la de ese Al-Sadr, el imán terrorista de Nayaf cuyo ejército secuestra y asesina a los que no pagan, o la de algún pastor que clama con voz melíflua para que se evite el sufrimiento que origina la lejanía de los asesinos convictos de ETA y sugiere humanizar su situación acercándolos a la patria vasca para evitar el ''justo descontento'' que provoca la firmeza del Gobierno, como si no estuviera en sus manos dejar de matar.

La plegaria silenciosa y devota, eludiendo el fielato del funcionariado sacro, tal vez nos ahorrara el odio y la sangre.

Darío Vidal


 

       Templos agredidos (02/08/2004 20:19)


Publicado: 01/08/2004


 

SALVAS EN GIBRALTAR



Aquel encantador que fué Felipe González nos sedujo en su primera campaña electoral con una sugestión que puso en pié la maltrecha dignidad de esta nación llamada España, apenas superviviente después de trescientos años de vejaciones pacientemente toleradas por nuestros gobernantes.

Felipe González, en un momento que intuímos como un renacer y no pasó de un espejismo, aseguró que quería recuperar la honorabilidad de España y fué capaz de convocar la voluntad de todos con solo unas palabras: ''Se puede ser digno con muy poco''. Por desgracia, luego aceptó comprometerse con Europa sin resolver esta humillación perpetua, seguramente para no perder la oportunidad de incorporarse a la Historia como el artífice de la unión. Esa fué su primera deserción antes de apostatar de su ideario definitivamente.

Ayer sonaron las salvas de ordenanza en el puerto de Gibraltar para recibir a la fragata ''HMS Grafton'', que enfilaba la bocana después de que el ministro de Exteriores señor Moratinos dijese que España tomaría represalias si se acercaba al Peñón el secretario de Defensa británico.

Tampoco logró acabar con la situación el centro-derecha ni hizo aplicar las resoluciones de la ONU. De modo que España ha consentido seguir siendo una colonia de Gran Bretaña. No se trata solo de patriotismo, ese sentimiento tan raro entre nosotros. Se trata de la quiebra de nuestra cohesión interna, que inspira muchos de los nacionalismos cantonales de algunos territorios que, probablemente a fuerza de patriotismo tácito y contrariado, más vergüenza experimentan de pertenecer a una España sin aliento, sin dignidad y sin reconocimiento ni credibilidad en el exterior.

Motivos más futiles han llevado a los pueblos a la guerra -Dios no lo quiera- o cuando menos a desencuentros perdurables. Sin embargo aquí parece no afectarnos la pervivencia de ese anacrónico reducto colonial del infamante imperialismo británico que llaman GBZ. A no ser que hayamos decidido hacer colectivamente la vista gorda para no tener que coger un día la maleta y exiliarnos del mundo, o reconocer como cierto intelectual regeneracionista que ''es español el que no puede ser otra cosa''. Una definición desgarradora que ha hecho posible la izquierda elegante por considerar fascista la reivindicación de una parte grande o chica de nuestro territorio, incurriendo en una traición imperdonable que pagará ante la Historia y que da ocasión a cosas tan disparatadas como que el fiscal Anticorrupción, Carlos Castresana, haya comparado a Ceuta y Melilla con Gibraltar en los Cursos de Verano de El Escorial.

Un burdo sofisma que resulta inaceptable en boca de un extranjero pero que dificilmente puede argumentar un español -dando armas a los ingleses precisamente en estas fechas del bicentenario-, porque Ceuta y Melilla fueron respectivamente cabezas de puente de Portugal y España en el Mediterráneo cuando unos y otros comerciaban y guerreaban con Túnez y Argél, tiempo en que Marruecos no existía, en tanto que Gibraltar fue una ciudad siempre española, en cuya bahía fondearon su flota los ingleses para apoyar las pretensiones de Felipe V a la corona de España y luego se negaron a abandonarla. Fué la única vez que nos ayudaron, por fortuna, ya que con amigos así no hace falta para nada el enemigo.

Después de aquella honrosa invasión, muy propia de corsarios, los españoles le perdieron la cara al Reino Unido y la advertencia diplomática del señor Moratinos anunciando represalias hace unos días nos suena a huera bravuconada. Verán cómo España no hará nada y Exteriores conseguirá que cada día se den de baja ''in pectore'' de españoles, más ciudadanos.

Pero lo peor de todo es que el señor Blair opina lo mismo. De otro modo no se habría atrevido a una provocación de tal índole y sobre todo tan gratuíta. No gana nada ni su gobierno ni su patria, ofendiendo a un pueblo entero que da muestras de una cortesía y una generosidad con los británicos que acaso no merecen, con una celebración infamante que le humilla.

Las salvas de las baterías han ensordecido la bahía de Gibraltar dando testimonio de un acto de pillaje, recordando una afrenta y diciendo a los vecinos humillados que hubieron de refugiarse en La Linea, San Roque y el Campo de Gibraltar hace doscientos años, que no tienen agallas para volver como no las tuvieron para quedarse en Iraq hace unos meses. Y eso sobrepasa lo tolerable.

Ha llegado el momento de no ceder a la cobarde tentación de la paciencia. ''No te arredres ante las provocaciones -decía Virgilio-; por el contrario debes hacerles frente con gallardía''. El mandato del señor Blair ha sido una exhibición reiterada de felonía, doblez, provocación y mentira.

No puede negarse que las relaciones internacionales son sutiles y complejas, pero en ocasiones lo más importante no es la balanza comercial sino la credibilidad política, o la imagen de indignidad que un país da al mundo. España no es tan poco. Y prescindir de Gran Bretaña nos va a perjudicar menos que a ella. O cuando menos, no más.

Es hora de pedirle a Rodríguez Zapatero que no se enfangue más en pequeñas pendencias domésticas ni se distraiga en pugnas de partido. Le reclama una tarea que nos atañe a todos sin distinción de colores. No debe permitir que hagan tal alarde de soberanía en nuestra casa.

Debería aplicarse aquella esperanzadora reflexión de Felipe González: ''Se puede ser digno con muy poco''. Muchos españoles creyeron que Aznar iba a restituírles la estimación colectiva y el respeto de si mismos. Esa es la tarea previa a todo.


Darío Vidal

 

       Salvas en Gibraltar (01/08/2004 01:47)