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Publicado: 31/07/2004


 

FURIA ESPAÑOLA



Los ingleses se han quedado de piedra. La enérgica protesta de la diplomacia española por la significativa y lacerante visita del secretario de Estado británico -esto es, el ministro del Interior- a Gibraltar para celebrar el tercer centenario de su invasión y la inmediata llamada a consultas del embajador de nuestro país, les ha dejado consternados.

Para ser justos, no es la primera vez que les damos un sofoco en pocos meses, primero con la visita de la princesa Ana al Peñón y luego con la escala del submarino nuclear ''Tireless'' de ingrata memoria en La Línea, que en vida del presidente Aznar estuvo un año atracado reparándose de una pequeña avería en el reactor. Eso sí, en ésta segunda arribada, que por fortuna no tenía otro propósito que conmemorar durante solo cinco días la toma de la Colonia, se han encontrado con la horma de su zapato ya que el Gobierno español no ha cejado en su pretensión de que zarpara inmediatamente. No puede negarse que fueron unas jornadas de intercambio de notas y enérgicas presiones pero, por fín, al quinto día no tuvo más remedio que levar anclas y marcharse por donde había venido.

Y es que en este país, si no nos hacen nada somos de pasta flora; no hay quien nos supere en amistad y en cortesía. Pero ay de quien nos menosprecia y humilla olvidando que es la patria natural del honor, de Lope y Calderón. Ese está perdido. Y eso es lo que acaba de suceder. Por eso al Reino Unido no le llega la camisa al cuerpo. Sabe que tras la sonrisa amical y benéfica del señor Rodriguez Zapatero se esconde la firmeza inquebrantable del señor Moratinos y la contundencia disuasoria de nuestra Armada. Pocas bromas. Por eso los euskaldunes, de suyo tan noblotes, y los catalanistas tan inclinados al diálogo y el pacto, no se encuentran a gusto entre gentes que lo supeditan todo a su buen nombre.

Por eso los británicos, ''acollonidos'' por la agresiva determinación de la diplomacia española -disculpen el vocablo, que para no ofender ha sido ya enmascarado entre catalán y galáico-, digo pués que ''acollonidos'' ante la exigencia del Ministerio de Asuntos Exteriores de ''que ésta sea la última vez'' difundida por todos los medios informativos, han prometido formalmente que salvo imponderables como viajes de novios principescos, necesidad imperiosa de recuperarse del ''spleen'' londinense de algun miembro del ejecutivo o de la familia real, avería de los buques de la Flota de Su Majestad, maniobras navales o alguna otra visita imprescindible, no volverán a celebrar ningún centenario hasta el próximo, que eso será ya para el 2104. Y entonces, todos calvos.

Así da gusto. El único riesgo es que de este modo crece el peligroso e imperialista nacionalismo español, prudentemente denunciado por los otros nacionalismos.

Darío Vidal

 

       Furia espaņola (31/07/2004 11:38)