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Publicado: 28/07/2004


 

LA ADVERTENCIA DEL REY



Hay situaciones en que la pugna política se sale de madre; momentos en los que la pasión sustentada por la ideología o las tentaciones de índole menos noble exigen el arbitraje de una instancia superior. Una autoridad moral que juzgue desapasionadamente los hechos para sugerir soluciones, más que para imponerlas.

Momentos hay en que es precisa la guía de un patriotismo incontaminado que no haya de dar cuenta más que a Dios y al pueblo en su expresión más pura y elemental, allende los partidos, los intereses, los grupos e instituciones. Un ''homo bonus'' de crédito bastante y fiabilidad suficiente como para mover confiadamente a la concordia a los sectores enfrentados.

Hace una fechas sugería yo que ''llamen al Rey'' (21/07/04,Artículos <www.dariovidal.com>) al observar el encono creciente que está suscitando la averiguación de las tramas del 11-M. Y he aquí que sin ser convocado, sin que nadie llegara a llamarle, el Rey ha acudido en socorro de este país una vez más, en el acto de entrega de las medallas de oro al Merito en el Trabajo concedidas a las víctimas de los atentados de Madrid.

Dirimiendo sus desencuentros a estacazos como en la sobrecogedora imagen goyesca de los dos contendientes en el páramo, los dos partidos de mayor implantación se han arrojado errores, equívocos, mentiras e injurias como dardos, y algunos hay que han arremetido con incomprensible vesanía contra la imagen del anterior presidente del Gobierno, antipático y soberbio sin disculpa pero en modo alguno culpable de todas las desgracias. Que no es honrado hacer leña del arbol caído ni oscurecer los merecimientos de los que ya no están para defenderse, convirtiéndolos en chivos expiatorios incluso de las propias culpas.

Sin valer por uno u otro como de costumbre, don Juan Carlos ha propinado un comedido capirotazo a cada cual y les ha recordado que el afán de este momento es esclarecer los sucesos que debaten, sin esconder cartas en la manga ni recurrir a acciones bajas para justificar sus posturas. Y que si no quieren convertirse en estatuas de sal, deben desechar la tentación de mirar hacia atrás para dedicarse el uno a gobernar de una vez y el otro a ayudar a la gobernación con sus iniciativas y su crítica.

Nadie sino el Rey es capaz de fijar así el rumbo.


DARÍO VIDAL


 

       La advertencia del Rey (28/07/2004 21:05)