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Publicado: 25/07/2004


 

EL DESLÍZ DE Mr. AZNAR



Hay que procurar ser desapasionado tanto al tratar de negocios como al ponderar una actuación política. En el primer caso porque el exceso de entusiasmo puede ocultarnos riesgos nefastos, y en el segundo porque no hay que dejarse arrastrar por la propaganda de los partidos, que suele no coincidir con los intereses de la nación. De este modo resulta más dificil equivocarse y si se yerra es por propio mérito y sin ayuda de nadie.

Dicen maliciosamente que el PP contrató los servicios de una agencia de imagen. Pero nadie dice que también lo hizo el PSOE. Como lo hacen todos los que pretenden tener audiencia en los medios y un puesto en la sociedad estadounidense. Hasta los particulares. Resulta penoso pero aquel país se mueve así. Casi todo desprende tufo de negocio turbio. Ser presentado a tal o cual senador, acceder al presidente de aquella empresa, poder acercarse a un director de cine y no digamos ya comer con tal magnate, tiene un precio. Y aquí va teniéndolo ya porque lo copiamos todo. Sobre todo, lo malo.

Quienes antes se llegaban a Madrid a hacer negocios, tomaban contacto con políticos, empresarios y banqueros gracias a la mediación desinteresada de algunos amigos generosos. Ahora hay que recurrir a los ''lobbys'', aunque aquí no se llamen así. Pruebe a dar a conocer un nuevo modelo de limpiaparabrisas que limpie de verdad los parabrisas; haga saber que en cierto polígono rural regalan terrenos para implantar industrias, o acérquese a dar unas conferencias sobre el feminismo en el Egipto faraónico. Y los medios de comunicación serán opacos si no ha pasado antes por la ventanilla.

De modo que es una ruindad denunciar que el anterior gobierno, el que sea, suscribió los servicios de una compañía de imagen. Como el precedente, y como habrá hecho o habrá de hacer el actual si no sigue con la misma. ¿Con quién va suscribir esos servicios ahora el actual ministro de Exteriores?

Cosa distinta sería que Míster Ásnor hubiese roto la hucha de los españoles, no para servirles sino para servirse o alimentar su vanidad con una medalla. Lo que, a primera vista, parece un contrasentido. Porque si Míster Bush y su partido se proponían recompensar el decidido apoyo del presidente del Gobierno español con una condecoración, resulta innecesario gastarse dos millones de dólares en sobornar funcionarios y comprar la voluntad de los parlamentarios estadounidenses. Pero como todo es posible en América, hay que despejar cualquier duda sobre el recto proceder de nuestros políticos y abrir si es preciso una investigación. Pero no ahora. Ahora estamos en lo que estamos. Y resulta muy sospechoso que el señor Rubalcaba suelte esa liebre para hacer volver el rostro a todo el mundo y distraerlo de su tarea.

Vamos a conocer primero las extrañas circunstancias -confirmadas- que concurrieron en los sangrientos atentados del 11 de marzo, y ya nos ocuparemos después de las irregularidades -sospechadas- que pudieron urdirse en Exteriores. Intentar embarullar y confundir es la estrategia de los truhanes.


Darío Vidal










 

       El desliz de Mr Aznar (25/07/2004 02:30)