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Publicado: 24/07/2004


 

OTROS RIESGOS DEL CALOR



La presencia invasiva del calor agobiante nos ha distraído de asuntos de mayor trascendencia como los debates de la Comisión de Investigación de los atentados del 11 de marzo en Madrid. Aunque si han prestado alguna atención a su desarrollo habrán percibido que las altas temperaturas se ha dejado notar también en los debates. No es casualidad: las guerras, las revoluciones, los enfrentamientos, los cuartelazos, las pendencias y los crímenes se revigorizan y se declaran en verano igual que los incendios forestales.

Hemos aludido a algunos efectos del calor como la fatiga y el estrés pero nada hemos dicho de su efecto perturbador para la rectitud de juicio. Lo que llamaban ''le caffard'' en la Legión Extranjera francesa del Sahara se ha instalado, al parecer, en las testas de Sus Señorías.

Hasta aquí, los dieciseis 'hombres buenos' del Congreso han abordado las sesiones con cierta contención verbal y no se han manchado ni arrugado el traje. Pero en las últimas horas estan aflorando las más feas maneras y el juego sucio. Unos y otros han comenzado a descalificarse, a insultar y vetar testigos. Parecen no darse cuenta de que negarse a que un testigo declare es reconocer tácitamete la solidez de sus argumentos. Y que los ciudadanos han madurado mucho y más rapidamente que los políticos, de manera que captan con toda nitidez lo que esa labor tiene de atentado a la verdad, de obstrucción, de cerrojo o ''catenaccio''. Y eso, aunque parezcan ignorarlo, está siendo muy negativo para los partidos y consecuentemente para la maltratada Democracia a la que apelan con sospechosa insistencia.

Va a sucederles como hace unos años cuando acercaron el estiércol al ventilador. Que en el paroxismo del fracaso y temiendo el descrédito, los que se intuyen perdedores no aspiran ya a salvarse sino a hundir a los otros, tirando de sus pies hacia el fondo para que no se salve nadie. Ciega política de Guerra Civil que parece inspirada en la tragedia griega y nos conduce a la cíclica destrucción, con la inmolación de la mitad en aras de la otra, condenándonos a compartir la maldición de Sísifo, que torna cada día a ascender con la peña a la cumbre del risco, únicamente para que vuelva a rodar hasta el valle sin ningún provecho. Esa ha sido nuestra Historia y no parecemos haber aprendido. Sobre todo los políticos, que parecen desconocer la grandeza y carecen del saber de la paciencia.

Que hable todo el mundo, que pruebe y que razone. Que asuma cada cual sus propias culpas y que las víctimas de marzo no sirvan para enconar aún más la convivencia. Y si ellos no saben o no quieren, habrá de ser el pueblo quien proclame en la calle, como en aquel plebiscito estremecedor tras el asesinato de Miguel Angel Blanco, que nosotros, los que les votamos, no somos enemigos. Y que no toleraremos que nos torne el juicio la canícula para caer otra vez en el odio de julio.

Darío VIDAL

 

       Otros riesgos del calor (24/07/2004 02:34)