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Publicado: 22/07/2004


 

LAS BARBAS A REMOJAR



Los rábanos tienen una parte aérea y otra subterránea; una verde que respira y se nutre del aire, y otra tentadoramente roja y de pulpa blanquísima que se alimenta de la tierra. Probablemente lo primero que probó el homínido hambriento fueron las hojas, hasta que descubrió la excelencia refrescante de su tubérculo apetitoso y crujiente. Pero todavía hay quienes no distinguen la diferencia entre unas y otro. En unos casos por carencia de luces y en otros por pereza mental.

Nuestros amigos los franceses van a penalizar las visitas al médico con una aportación pecuniaria del paciente, modesta pero significativa, porque lo grave no es la cantidad sino el precedente. Y puestos a escoger el camino equivocado, se proponen castigar el exceso de velocidad con penas de cárcel. Y multa, claro. La multa que no falte. Que alguien tiene que pagar los despilfarros presupuestarios y los dispendios económicos supuestamente humanitarios y filantrópicos, ideados por el aparato del partido para que el señor presidente se fotografíe mucho y aparezca en todos los boletines informativos diciendo ''una frase célebre''. Lo que constituye una variedad sutil de prevaricación porque el político sabe que no va a mejorar nada con tal gesto salvo su imagen. Y eso es una forma desvergonzada de parasitismo (''¡Sirva lo que quieran los señores, que paga aquí, el amigo!'')

Lo deploro por los franceses pero lo siento por nosotros porque como somos como somos, estoy poniendo mis barbas a remojar.

¿Pero ustedes piensan que alguien cree que así van a arreglarse las cosas? No tal. Ni los accidentes ni las multas. Pero lo primero importa poco. Allí, como aquí, lo que interesa es que ruede la bola. ¿Han visto lo de los chalecos reflectantes? Resulta que casi ninguno cumple las normas dictadas -'a posteriori'- por la Dirección General de Tráfico. ¿Y quien pagará ese descosido? Pues precisamente los automovilistas más responsables, que se apresuraron a comprarlos. Sucede igual que con los triángulos de avería. Los primeros resulta que no estaban homologados. ¿Qué hay que hacer, comprar otro juego? Al automovilista le da igual llevar una marca u otra pero que no le multen además por llevar un chisme que sin él saberlo han declarado ''ilegal''.

Lo que importa es que todo el mundo esté en falta y que pague. Y que los que excedan la velocidad permitida vayan a la carcel, además de pagar la multa y las tasas para volver a examinarse. De modo que todos nos veremos alguna vez en la cárcel. Pero como eso es disparatado e imposible, verán como se puede arreglar. Pagando. Primero a un abogado y luego a quien sea. Pero pagando. Estamos en una sociedad de consumo y hay que procurar que no decaiga.

Si quienes pueden, deseasen reducir esa tremenda sangría, cambiarían la actitud de los conductores como está haciéndose con los fumadores e incorporarían a las clases para la obtención del carnet, visitas a las unidades de traumatología, charlas de médicos y psicólogos distintamente orientadas según la edad del alumno y pondrían especial esmero en los más jóvenes que son los que de verdad se nos están matando. Pero, claro, eso no da dinero.


Darío Vidal

 

       Las barbas a remojar (22/07/2004 15:01)