Hemeroteca:


Mayo 2020
Dom Lun Mar Mie Jue Vie Sab
         
           

Publicado: 15/07/2004


 

DE SUSTO EN SUSTO



No ganamos para sustos. A primeras horas de la tarde de hoy ardía la subestación eléctrica de Atocha, cerca del Museo del Prado, el Congreso de los Diputados y el Ministerio de Sanidad, después de una serie de explosiones. Los diputados se han quedado sin luz en plena comisión de investigación de los atentados islamistas del 11 de marzo, con unos ocho mil madrileños más. Un edificio que estaba siendo rehabilitado junto al foco del incendio está siendo devastado por las llamas y va a derrumbarse en cualquien momento. La psicosis de atentado se ha adueñado de la capital.

Pero es que no tenemos tiempo de recuperarnos de un sobresalto y estamos metidos en otro susto. Cada día nos trae una novedad sorprendente la investigación de los congresistas y las declaraciones de los testigos. Hace un par de días, Rafá Zuhair el traficante de dinamita, aseguraba que avisó a la Guardia Civil de la posibilidad de un atentado, pero que no le hicieron caso. Ayer afloró un documento según el cual José Luis Carod Rovira, el lider de Esquerra Republicana de Catalunya, se propuso desestabilizar el país durante la jornada de reflexión difundiendo la especie de que si ganaba el PP iba a revocar los estatutos de autonomía. Y Arnaldo Otegui parecía estar dispuesto a alzar en armas a Batasuna con su habitual diligencia, a no ser porque el PNV fué iluminado por un destello de cordura. Es verdad que parece una iniciativa demasiado rocambolesca y arriesgada, pero tampoco resulta creíble que el partido que perdió las elecciones se atreva a aportar un escrito falso que le pondría en evidencia ante un análisis pericial.

Tal vez lo más sensato sería dejar en suspenso la investigación mientras

se aclara la maraña actual, para reanudarla cuando esté despejado el ovillo de incógnitas acumuladas, con objeto de seguir hasta el final sin que unos y otros apelen a puntos oscuros dejados atrás.

Por fortuna, parece que el fuego remite y que no hay víctimas en la subcentral. A ver si con ella retorna todo a la calma.


Darío Vidal

 

       De susto en susto (15/07/2004 15:59)


 

LOS CESANTES


Durante el siglo XIX, con el ensayo de la política de partidos apareció en España una suerte de clase social que comprendía desde ciudadanos de muy humilde condición a profesionales de clase media alta cuya suerte dependía del partido que estuviera en el poder. Cuando subían “los nuestros”, la gozosa clientela comenzaba a hacer planes, y los empleos fluían en cascada desde el despacho del nuevo señor ministro o desde el café en que tenía la tertulia, hasta cubrir las ocupaciones ínfimas. De allí salian los subsecretarios, los directores generales, los jefes de negociado y la cadena infinita de los enchufados, que comprendían hasta el personal dedicado a la limpieza. La aspiración máxima de los estudiantes provincianos era tener un allegado en la Corte para que le consiguiera un enchufe en un Ministerio.

A partir de esa remoción general que no tenía más riesgo que la escasa competencia de los nuevos gestores de los Departamentos -lo que no es poco-, surgían intereses encadenados y dádivas y sinecuras aún menos limpias a cambio de turbias contraprestaciones. Eso, los que subían. Los otros, los que hicieron lo mismo en su momento, entraban en un limbo doloroso, en una vía muerta que les convertía en apestados, cuyo saludo eludían los que aspiraban a ser beneficiarios de los recién llegados. Cuando ganaban 'los otros', 'los nuestros' se convertían en 'cesantes'. Y su primer cometido consistía en intrigar, hacer olvidar a qué familia política pertenecían y cambiarse de camisa. Ese fué uno de los lastres del Estado decimonónico, que conllevó la venalidad de la vida publica, la ineficacia política y fué una de las causas del atraso de nuestro país.

A nadie extraña hoy que un individuo llamado a ejercer un cargo de alta responsabilidad escoja a sus inmediatos colaboradores en aras de la eficacia y de cierta comodidad funcional, pero la maquinaria administrativa, la compleja cadena infinita de piezas bien engrasadas para la acción rutinaria, con su tarea bien aprendida y sabida, estaban a salvo del capricho de los jefes. Mas cuando dábamos por desterradas esas prácticas tribales de país del tercer mundo, las revive precisamente el grupo político que promete innovar y se autoproclama moderno y 'progresista'.

La derecha, que tal vez no sea mejor, tiene sin embargo en nuestro país el higiénico temor al caciquismo del que procede y se esfuerza en acomodarse a un comportamiento decoroso y limpio, en ocasiones con éxito. Pero la inexistente izquierda, que no cree tener pecados que purgar, no se ha apeado de las peores prácticas del pasado. Y los funcionarios próximos a ella, que respetó en sus puestos la administración de signo opuesto vencida en los últimos comicios -amor con amor se paga-, no han tenido la lealtad de mantenerse al margen aunque experimentasen el secreto regocijo de que triunfasen sus afines, sino que se han valido deslealmente del poder conservado, para dinamitar como topos desde dentro, en ocasiones utilizando la mentira, los cimientos de la anterior administración como está demostrándose en el esclarecimiento de los atentados de Madrid del 11 de marzo de 2004, donde tan ejemplarmente se comportó, en contraste, la buena gente de la calle.

Una grave responsabilidad del tandem Zapatero-Rubalcaba que puede llevarnos a la etapa 'progresista' de siglo y medio atrás, para repetir el pasado.


DARÍO VIDAL.

 

       Los cesantes (15/07/2004 00:56)