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Publicado: 13/07/2004


 

NO HAY MARCHA ATRÁS



Lo que va aflorando en las declaraciones y los silencios de los testigos convocados por la Comisión para investigar los atentados del 11-M, no permite el paso atrás. No ha hecho más que comenzar y hemos llegado ya demasiado lejos.

Ante la mirada atónita de la sociedad expectante se están configurando dos bandos: los policías cercanos al Gobierno de entonces que lo ignoraban todo y los cercanos a la oposición que tenían noticias de primera mano y las ocultaban al Ministerio del Interior. Una deslealtad gravísima, no ya al partido entonces en el poder sino al Estado, que ha puesto en riesgo a la población y nos ha costado doscientas vidas, más de mil heridos e infinito sufrimiento que podían haberse evitado. Nos hallamos ante el interrogante más grave desde la desaparición del General.

Si es cierto que en Democracia todo ciudadano es libre de tener su propia ideología y de defenderla dialécticamente, no lo es menos que un funcionario del Estado y menos un policía o un militar no deben tenerlas si no son capaces de hacer abstracción de ellas. Y aquí están apareciendo dos facciones, una de las cales ha utilizado las herramientas que el Estado les ha confiado, en beneficio de intereses partidistas. Lo que puede exceder el ámbito de la prevaricación para elevarse a un delito de traición. Enfrentado a su deber, un servidor del Estado debe atenerse a la gestión eficaz de los recursos de que dispone sin reparar en quién manda: su misión es la alta, noble, desinteresada e imparcial de servir a la comunidad.

La horrible carnicería que ensangrentó Madrid el 11 de marzo de 2004 nos pone ante hechos espeluznantes que se están queriendo ocultar. Un grupo de policías de Avilés tuvo noticia por sus confidentes de un sospechoso trasiego de explosivos y no actuó. ¿Por qué? En el trayecto de Alcalá a Madrid se alteró la ruta que había de seguir la camioneta que descubrió el portero, una vez olfateada por los perros y precintada, y alguien introdujo entonces explosivos para hacer creer que ya los llevaba antes. ¿Por qué?

Nada menos que el vicepresidente de la Comisión, Martínez Sanjuan, que debiera velar escrupulosamente por la independencia y la pulcritud de la investicación, hizo “una llamada de cortesía” al portero que halló la furgoneta, antes de que declarara. ¿Por qué? Y en estos momentos, varios uniformados están presionado a uno de los sospechos que se halla en prisión incomunicada para que se niegue a deponer ante los jueces, la Comisión y los periodistas, con autorización de Mercedes Gallizo directora de Instituciones Penitenciarias, mientras está siendo chantajeado con la seguridad de su familia y recibe amenazas de muerte. ¿Por qué?

Afortunadamente para el esclarecimiento de los hechos, la torpeza de las presiones está alarmando al detenido y ha solicitado declarar cuanto sabe. “Las víctimas tienen derecho a saber si colaboré con banda armada o con banda de la Guardia Civil”, ha declarado Rafá Zouhier a un periódico.

Si antes resultaba insoslayable aclarar estos hechos, hoy resulta ya imposible dar marcha atrás.


Darío Vidal


 

       No hay marcha atrás (13/07/2004 11:36)