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Publicado: 08/07/2004


 

LA ''TARDENOCHE''



Estamos obsesionados por la precisión. La exactitud en la medición de las magnitudes y la concisión en la transmisión automática de órdenes y noticias son el fundamento de la civilización tecnológica. El mundo de la técnica se sustenta en la puntual obediencia de la norma, tras la milimétrica interpretación de los datos mediante códigos fiables.

Pues bien, esa madre de todos los códigos que es la palabra, está siendo preterida y depreciada, no sé si por influencia de los técnicos, tal vez recelosos porque sirve de vehículo a las emociones y el sentimiento, o por el influjo perverso de una moda suicida en la más estricta acepción de la palabra.

Ocurre en todos los ámbitos. Y parece regocijar a cierto segmento de esa Ignorancia Arrogante, esa 'Ottusitá' ataviada de 'Intelligenza', que menosprecia incluso la ortografía porque todo lo aprendió en los comics, aduciendo que hay que estar abiertos a la modernidad. ¿Qué modernidad? ¿Qué títulos otorga la 'Ignoranza' para opinar?

Está bien crear neologismos y aún aceptar barbarismos para dar nombre a conceptos que no lo tienen en el idioma propio, pero arruinar un patrimonio caudaloso por puro desconocimiento, es, en el mejor de los casos irresponsable.

Por referirnos a lo más pintoresco, una profesora de Instituto se quejaba no hace mucho de las protestas de sus alumnos por no haber dado por presentados unos exámenes escritos en jerga telefónica e ilegible de esos en que a Estados Unidos 's l llama esta2 uni2'.

Lo malo es que sus padres acaso dicen ya que estamos 'treinta minutos sobre las dos' para notificar que son las dos y media, como cierto monstruo de la comunicación, y/o utilizan las conjunciones copulativas como sinónimo de las disyuntivas cuando remiten un informe a su jefe, dejándolo confuso, desinformado y turulato, que es de lo que se trata.

No puede haber mayor desprecio del rigor ni mayor ignorancia, porque los sinónimos no existen en realidad: cada voz expresa un matiz que enriquece el significado de nuestro mensaje. No es lo mismo aversión que disensión, desavenencia que conflicto, pesadumbre que pena, y lo mismo puede decirse de enojo, dificultad, brete, aprieto, compromiso, impedimento, problema, atolladero, escollo, obstáculo y mil voces más. Pero a ellos les basta con decir 'marrón'. Aunque también se puede salir del paso, en aras de la economía del lenguaje, con un 'mal rollo' que les sirve para un cosido y para un zurcido a estos gamberros de la parla, cuando para ponderar la excelencia, exaltar el valor, encarecer el fracaso, enfatizar la sorpresa, o elogiar una música, advierten 'que te cagas'.

¿Pues y qué me dicen de ese comodín, de ese esperpento léxico del 'tardenoche' utilizado en la más audaz comunicación oral en aras de la modernidad para desinformar, imprecisando el momento pretérito o por venir de un suceso?

Lo más delirante sin embargo ha sido escuchar 'a última hora de la tardenoche de ayer'. Porque a última hora de la 'tardenoche' de ayer hay que suponer que era ya hoy. Este idioma nuestro posée tantos recursos para la precisión como para la estudiada imprecisión eludiendo el compromiso, que después del mediodía se inicia el atardecer, y llega la tarde que se desliza dulcemente hasta el anochecer para recalar en la noche. Decir la 'tardenoche' es una grosería, una zafiedad, un tirar a bulto que nos empobrece y atenta contra la inteligencia. Y, sobre todo, es no decir nada. Que es justamente a lo que vamos, en un creciente clima de estupidez y de altanera ignorancia rampante.


Darío VIDAL


281202

 

       La ''Tardenoche'' (08/07/2004 20:22)