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Publicado: 05/07/2004


 

EL DIRIGENTE DIRIGIDO



Quienes sin ser apolíticos -Dios nos libre de ellos- no militan en ningún partido pero aspiran a que nuestro país ocupe su lugar en el mundo, recibieron con alborozo a Felipe González, que había acertado a decir durante su primera campaña que había que trabajar para mejorar nuestro rendimiento, hacernos oir y sacudirnos la tutela de terceros para recuperar nuestro orgullo porque “se puede ser digno con muy poco”. Y pareció que habíamos emprendido ese camino hasta que Alfonso Guerra vaticino que después de unos años de gobierno socialista “a España no iba a reconocerla ni la madre que la parió”. Eso desconcertó ya a algunos bienintencionados que no deseaban que perdiésemos nuestra identidad, sabedores de que cuando se deja de ser uno mismo, no se es ya nada.

Pero en medio de aquel entusiasmo, nadie quería ser demasiado crítico y daba por no oído lo que no quería escuchar. Queríamos entender que existía un proyecto para llevar España arriba. Hasta que comenzamos a comprender que nuestros dirigentes no apuntaban a una meta colectiva sino a objetivos particulares, muy concretos y en ocasiones malolientes.

Algunos celebraron con júbilo la inesperada ascensión de José Luis Rodríguez Zapatero, un paleoparlamentario desconocido del que nunca había hablado nadie. “Estos hombres solo aparentemente oscuros suelen ser providenciales y más de una vez resuelven los problemas de los pueblos”, pensaron los optimistas. Pero el señor Zapatero comenzó a andar para atrás como el cangrejo, a pastelear, a ceder, a otorgar, a perder y a contradecirse, como todo el que no tiene otra meta que sobrevivir.

Criticaba con razón la injerencia en cuestiones internas de otros países, por lo que se opuso al envío de tropas a Iraq, pero apoya el envío de tropas a Afganistán que por lo visto no es un país. Y criticó que secundásemos los intereses de EE.UU. para meternos en el primero de estos territorios, pero secunda los intereses de EE.UU. para adentrarse en el segundo.

Y finalmente en el XXXVIº Congreso del PSOE pretendía disminuir el número de ministerios y no ha podido, no le han dejado reducir el número de miembros de la Ejecutiva como pretendía, le han impedido que reduzca los miembros del Comité Federal y, contra su criterio, han aumentado los secretarios regionales y crecido la influencia de los secesionistas. Pero sigue sonriendo mientras Chaves manifiesta a la prensa que “el PSOE va a promover una transformación profunda de España como en el 82”. Dios no lo quiera.

Entre tanto,“la ciudadanía” como a él le gusta decir, comienza a preguntarse si gobierna o le gobiernan, si es un dirigente o un dirigido, y si tiene alguna idea o se pone a horcajadas sobre la oportunidad que pasa.

Y lo que es peor, tras la exitosa, la gloriosa, la democrática y abierta convención de este fin de semana, los observadores desapasionados se preguntan si es capaz de dirigir un país, este país, quien no es capaz de gobernar su partido ni poner orden en su casa.


Darío Vidal.










 

       El dirigente dirigido (05/07/2004 16:55)