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Publicado: 03/07/2004


 

LA PERVERSIÓN DE LA DEMOCRACIA



Dicen que la Democracia es el sistema político que se inpira en el predominio del pueblo en la gobernación del Estado y también que es el imperio de la mayoría con escrupuloso respeto a la minoría. Una cuestión nada fácil de dilucidar que se resolvió con el voto universal y secreto. Eso es la Democracia y su procedimiento operativo. ¿Pero qué sería y de qué modo podría llamarse el gobierno de una minoría que fundase su licitud en premisas falsas a partir de fábulas que adulterasen la Historia escrita, documentada y verificable, que es lo que hacen los nacionalismos quejumbrosos? ¿Una tiranía, tal vez?

El caso es que Zapatero, que es el que ha obtenido más votos en las últimas elecciones generales, depende de Maragall que ha obtenido, en solo una parte del territorio -una comunidad de las dieciseis que integran el Estado-, una mayoría minoritaria que no le permite gobernar sin apoyos en su demarcación, así es que se ha hecho vasallo y feudatario de un tal Carod Rovira, dirigente de un grupo testimonial con un voto minúsculo. Habrá que inventar un nombre pero, en cualquier caso, no cabe duda de que se trata de una perversión de la Democracia.

Pues bien, eso es lo que está sucediendo entre nosotros. Merced a un sutil chantaje y el cobro a plazos de los intereses electorales, el presidente de gobierno de una nación de casi cuarenta millones de habitantes que bien pudiera llamarse Rodríguez Zapatero depende del apoyo del representante de una comunidad de unos seis millones de habitantes la mitad de los cuales no le han votado, que es rehén a su vez de una asociación política o poco más, de solo unos miles de personas. Un encadenamiento de ambición y debilidades imbricadas como en un castillo de naipes, que ha permitido al representante del club minoritario pasar a ser de hecho el jefe del gobierno sin haber sido elegido, mientras los intermediarios exigen en el Congreso del PSOE más cotas de poder.

Pero lo más sorprendente no se reduce a este fraudulento secuestro de la voluntad popular. Lo verdaderamente inaudito es que el dueño de la situación es quien se propone explícita y públicamente destruir el Estado.



Darío Vidal

 

       La perversión de la Democracia (03/07/2004 18:08)