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Publicado: 23/06/2004


 

EL AGUA Y EL LADRILLO



El presidente valenciano se ha adelantado al de la Cumunidad murciana anunciando que va a emprender acciones judiciales contra la retirada del Plan Hidrológico. No puede sorprendernos: los ladrillos se amasan con agua y hay mucha arcilla aguardando su conversión en rascacielos. El rascacielos, ya se sabe, es la vanidad del barro. Pero en este caso no es más que un capricho suntuario que en ningún caso puede imponerse a la necesidad de beber. Y no apelamos al cuento de la lástima como él debería saber, sobre todo porque a 'los churros' -¿nos llaman así?- nos ofende y nos humilla recurrir al victimismo: apelamos a una realidad triste que obliga a proveer de agua a ciertas poblaciones de Aragón con camiones cisterna.

Pues claro que el agua no es nuestra. El agua es, en primera instancia, de los territorios por los que pasa, en proporción a la superficie que ocupa. De modo que el Ebro, cuyo curso discurre en su mayor parte por tierras de Aragón, es también de Cantabria, Navarra y Cataluña proporcionalmente. Pero sería interesante saber en qué derechos apoya su reivindicación del Ebro don Paco Camps, situado al otro lado de las sierras de Gúdar, Javalambre, la Garrucha, Moratilla, el Rayo, Palomita, y Peña Golosa, esto es al otro lado de la Cordillera Ibérica, que es otro mundo orográfico e hidrográfico, para saber si a nosotros nos asiste algun derecho a reivindicar la playa de la Malvarrosa. Claro que el agua es flúida y la arena, solida, y además no sirve para nada si no está junto a una playa.

Lo único que puede argumentar don Paco Camps es que lo prometido por un gobierno que se identificaba con sus intereses, le ha sido denegado por otro que pensaba más en todos nosotros -al menos por el momento, luego veremos- y que nada le autoriza a considerar lícito y ajustado a derecho el primer acuerdo, y desprovisto de toda legitimidad el segundo.

¿No es más sensato llevar la actividad donde se hallan los recursos, en lugar de despojar a terceros para regar nuestro jardín? ¿Y no es una injusticia y una afrenta arrebatar el agua, sobre todo si es ajena, para, con la que a otros se les quita de la boca, regar los indignantes, los sacrílegos, los blasfemos, los provocadores campos de golf hurtados a la huerta ubérrima abandonada? ¡Claro que las plantas desalinizadoras son eficaces y mucho más baratas que un trasvase que no pagaría él! Pero para su faraónica operación especulativa habrían de 'embellecer' con plantas todo el litoral, arruinando sus paisajes más hermosos.

Todos sabemos, o cuando menos lo sabemos algunos, que a todo lo largo del trazado hay rótulos señalando futuras urbanizaciones suntuosas, algunas de ellas con capacidad para hasta doce mil habitantes incluido el dichoso campo de golf, que están comenzando a habitarse ya. Están creando futuras necesidades innecesarias con desprecio de seculares necesidadas verdaderas.

No, no es el agua; no es el bien de una Comunidad que ya vive bien y con holgura lo que pretenden. Pretenden el ladrillo y la plusvalia que genera un recurso que no es suyo, en beneficio del conocido don Johan Cruyff y otros íntimos amigos con sus negocios y sus grupos de presión.


Darío VIDAL

 

       El agua y el dadrillo (23/06/2004 14:00)