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Publicado: 20/02/2004


 

LOS MENOS



Parece que la fórmula que consagra la Democracia es el gobierno de los más en beneficio de todos. Gobernar en beneficio de todos supone desde luego observar el mayor respeto hacia las minorías y legislar sin vulnerar sus derechos. Pero en el Libro Gordo de la Democracia nada se dice de los deberes de las minorías, que también los tienen. Y el primero de ellos consiste en no distorsionar, adulterar, ni anular la voluntad de los más, utilizando el sofisma, el chantaje o la violencia.

Los verdaderos demócratas, los corteses ciudadanos que se someten de grado al veredicto de las urnas, han tenido exquisito cuidado en huir de la imposición que aprendieron a rechazar cuando se les negaba la palabra. Sin embargo muchos de los que entonces no se atrevían a asomar la cabeza, pretenden erigir otras dictaduras envalentonados por la tolerancia de la nueva sociedad. Lo que demuestra la imprudencia de relajarse, porque la libertad hay que conquistarla cada día.

Ciertas minorías, en principio respetables, parecen dispuestas a imponer una dictadura -como la que impuso otra minoría- al amparo de la Democracia que nos parecía invulnerable y que está reclamando normas enérgicas y eficaces que la preserven.

Doctores tiene la Iglesia, pero cuando una minoría pretende imponer su doctrina, su proyecto o su programa a la mayoría, se sale del terreno de juego democrático para convertirse en una tiranía. Y eso es lo que está sucediendo aquí y ahora. Estamos asistiendo a la burla de los menos y la corrupción de la Democracia. Es inadmisible que trescientos mil 'abertzales' y una ínfima minoría de 'esquerrans', impongan su voluntad a cuarenta millones de ciudadanos, alteren sus existencias, amenacen sus vidas, les distraigan de sus ocupaciones cívicas y condicionen sus votos.

Sin el poder ficticio de unos votos hinchados que les confieren un 'valor de cambio' superior a los del resto de los españoles, otorgado con una generosidad que no reconocen, los señores Ibarreche y Carod Rovira estarían en el lugar del que nunca debieron haber salido. / Darío Vidal



 

       Los menos (20/02/2004 18:55)


Publicado: 17/02/2004


 

CHAPUZAS JUDICIALES



Alégrense. Ya podemos respirar tranquilos. La maquinaria del Estado se está informatizando. Ya es posible declarar la renta por Internet y confirmar los datos que nos envíe la Agencia Tributaria pulsando una clave en el móvil. Viajamos desalados y sin frenos hacia el Mundo Feliz que nos anunciaron hace un siglo.

A partir de ahora, tal vez algo puede ir bien. Pero que vaya bien dependerá de que en nuestro expediente digitalizado con inacabables códigos de veinte cifras capaces de aburrir al funcionario más activo, no se interfiera una 'ele' sustituyendo a un 'uno', una 'o' usurpando su lugar a un 'cero', o una 'de' disfrazada de 'be', porque pueden despeñarnos por los acantilados del infierno.

A un familiar mío le llegó hace cosa de un mes una sanción por circular a doscientos por hora, lo que le suponía una fortuna y la retirada del carnet. No le valió de nada argumentar que su automóvil dificilmente podía alcanzar los ciento sesenta. Menos mal que pudo acreditar que se hallaba de viaje donde se acaba la Geografía.

Pero fué peor lo que le sucedió a cierto amigo hará cosa de un año, cuando le acusaron desde el Juzgado nada menos que de haber atropellado a un viandante y haberse dado a la fuga, porque eso es ya una causa criminal.

Gracias a Dios, la concesionaria de su marca testificó que por esas fechas tenía el automóvil en revisión. Pero las coartadas milagrosas son excepcionales y nada valen las ingenuas protestas de inocencia frente a la contundencia de un dígito alterado. ¿Quién podrá relevarnos de la culpa si el día en que atropellaron al caminante estuvimos rodando por la ciudad? Tengan la certeza de que esos casos son la mayoría.

Hoy mismo (17.2.04) aparece en los periódicos la noticia de que el Supremo ha anulado la condena a dos años de cárcel por lesiones, dictada por el Tribunal de lo Penal número 2 de Málaga contra un individuo que 'según los hechos probados', en el curso de un atraco 'pinchó con la navaja en el costado' a un panadero, porque los hechos estaban tan bien probados que en aquellas fechas el acusado se hallaba en la cárcel cumpliendo otra condena. Es probable que este benemérito ciudadano no se caracterice por una conducta ejemplar, pero resulta inaceptable en cualquier caso que los fiscales no estudien los casos, los jueces no se lean los autos y los abogados de oficio no defiendan a quienes tienen la obligación de defender aunque no paguen. Un comportamiento irresponsable para investigar muy seriamente. Va a ser cuestión de exigir garantías a la Justicia e indemnizaciones a la Administración y a los Colegios de Abogados.

Que el Cielo nos defienda de la informática y de la infamia de los que prueban lo improbable.


Darío Vidal.

 

       Chapuzas judiciales (17/02/2004 22:30)