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Publicado: 23/08/2002


 

Forrest Gump



Si no fuera que es lo que es, cabría pensar que es tonto. Que también.

Esa lumbrera de la política, ese prodigio de la diplomacia, ese portento de la economía, ese lince de los negocios, ese azote de la Naturaleza al que llaman don Chorbuch, va a pregonar que nos quitemos todas las muelas para que nadie tenga flemones, y que nos corten la cabaza para desterrar las migrañas, y que extirpen los cerebros para ahorrar el pensamiento, siempre enojoso, molesto y discrepante, además de generalmente empecinado en oponerse a sus designios. Nadie parecemos entenderle, no solo cuando proyecta acciones inexcusables como bombardear Oriente Medio, sino tampoco cuando dicta normas tan razonables como la de talar los bosques para evitar que se quemen. Lo que es coherente con su predisposición a industrializar la Antártida, con la negativa a suscribir el protocolo de Kyoto y con la oposición a que sus soldados se atengan a la convención de Ginebra o se sometan al Tribunal Penal Internacional.

Dios del cielo ¿qué pecado cometimos para merecer tal orate, tal plaga, tal castigo? ¿Cómo puede ser que Forrest Gump consiga encaramarse si no en la cúspide del poder -que reside en las madereras, las petroleras, las armamentistas y las acereras como siempre- sí cuando menos en la cúspide de la jerarquía mundial?

No solo la ética está herida, también la estética y la inteligencia han sido vejadas.


Darío Vidal


230802

 

       Forrest Gump (23/08/2002 00:27)